Semillas blindadas, el veneno legal que emponzoña el campo

Un equipo del Instituto de Recursos y Estudios Cinegéticos de la Universidad regional, con sede en Ciudad Real,  “acumula evidencias” de que los plaguicidas y fungicidas colocados directamente en las semillas de siembra son letales para la perdiz roja

Belén Rodríguez
Ciudad Real

Rafael Mateo Soria, del Grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del IREC lo tiene claro: “Muchas veces en vez pagar más dinero por insecticida o producto químico, el agricultor debería contratar a un ingeniero que le diga usa esto o no uses lo otro. Lo ideal es usar los productos cuando realmente hacen falta, no utilizarlos porque sí”.

El profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha Mateo Soria es junto a Manuel Ortiz Santaliestra y Ana López Antia responsable del estudio que está demostrando que las semillas tratadas con plaguicidas, lo que se conoce como ‘blindadas’ desde la propia raíz, una práctica común  para conseguir mayores cosechas, es letal para la perdiz roja, un ave que, como todas las asociadas a la agricultura, está en claro retroceso por muchos otros factores, en especial la falta de alimento que agrava el serio problema del exceso de fitosanitarios.

El estudio, que arrancó en 2010 en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos de la Universidad castellano-manchega, ya preocupó a sus promotores, la Real Federación Española de Caza y la Oficina Nacional de la Caza del País Vasco en los informes preliminares que se han ido conociendo y publicando en revistas científicas.

Los cazadores lo sospechaban pero la experiencia está demostrado que un insecticida, el imidacloprid, y dos fungicidas, tiram y difenoconazol, utilizados en el blindaje de semillas, son letales cuando se ingieren directamente, algo que ocurre en el campo simplemente con las que quedan al descubierto tras la siembra de un terreno.

“Hemos hecho varios experimentos con perdices y comprobamos que si sólo comían semillas de siembra tratadas con estos productos en veinte días se morían, y la mortalidad variaba dependiendo de la cantidad de producto”, explica Mateo.
Pero además la ingesta de insecticidas (el estudio se ha centrado en los más tóxicos pero se han testado quince o más) tiene otros efectos sobre ellas: reduce el nivel de antioxidantes que están en la sangre, lo que hace que baje la respuesta inmune en los machos; baja la pigmentación, el color rojizo tan característico de la perdiz (pico y anillo ocular) y altera la reproducción: mueren más pollos a pesar de no haber estado expuestos directamente al plaguicida.

“Lo que hacíamos era exponer a las hembras al producto, después se recuperaban, ponían huevos y de ahí salían los pollos. Nos encontramos con que si la supervivencia en granja baja bastante, hasta el 34%, con las perdices que tomaban estas semillas llegaba incluso a descender hasta el 70%. Y la supervivencia media de los pollitos bajaba de 24 a 14 días”.

En la última fase del proyecto ‘Identificación y cuantificación de los efectos de los plaguicidas agrícolas en la perdiz roja en España’, además de analizar otros compuestos el equipo de Mateo Soria se está centrando en demostrar hasta que punto su trabajo experimental es válido para las condiciones reales del campo. De eso trata el próximo artículo que están a punto de  dar a conocer a la comunidad científica.

“En el campo si a los bichos algo les sienta mal directamente no lo comen, mientras que en el laboratorio las opciones se reducen a la alimentación que les demos”.

El experimento consistió en darle de comer a las perdices comida tratada, no tratada, y tratada con dos opciones (un comedero con semillas tratadas y otro no que se iba cambiando de posición para que eligieran). “Efectivamente hemos visto que acaban comiendo menos producto tóxico. Si les pones dos comen menos del tratado, pero por ejemplo de este experimentos de dos selecciones [un comedero tratado y otro no que se van cambiando de posición] uno de los machos al cuarto día se murió, aún teniendo semilla no tratada por los errores que puedan cometer. Al final acaban muriendo también pese a que pueden elegir,  lo que demuestra que las intoxicaciones se pueden dar y mucho”, afirma el investigador.

Para intentar reproducir al máximo en el laboratorio las condiciones reales que se dan en el campo el equipo del IREC fue más lejos y aumentó el número de comederos con la mitad tratados con insecticida y la mitad no, “entonces comprobamos que pasa una cosa muy curiosa y es que de tener la comida en dos comederos a tenerla en dieciséis diferentes la cantidad de  comida que acaban ingiriendo tratada  es mayor cuando más impredecible es el ambiente”.  ¿Y eso?, “puede ser que cuando tienes dos sabes que este es bueno y este es malo, pero cuando tienes dieciséis van probando en un montón y les cuesta más reconocerlo”.

La conclusión es que “vamos acumulando evidencias de que esto muy bueno no es”.
De hecho imidacloprid y sobre todo por la presión de los apicultores franceses por sus daños para las abejas, ya se ha prohibido en toda la Unión Europea para las siembras de primavera, pero no para las de otoño.

Y este insecticida no es más que uno de los 19 compuestos autorizados por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente para el tratamiento de semillas de cereal antes de su siembra. De esta manera la planta se convierte en una especia de “superplanta” que soporta cualquier ataque de insectos, o plagas, lo que sale más rentable para el agricultor, aunque los efectos secundarios está claro que son muy importantes, sobre todo según Mateo por las cantidades tan enormes y  de todo tipo de tóxicos que se encuentran en estos momentos en el campo y que aparecen en las perdices, “en el buche de las perdices encontramos ahora todos los productos fitosanitairos que se usan en el campo”.

El estudio sobre las semillas blindadas que está haciendo el IREC desde Ciudad Real es pionero en Castilla-La Mancha y casi único en el territorio nacional en el que es cada vez más evidente el cambio brutal en los hábitats. De momento las aves agrícolas son las víctimas. 

Qué son las semilla blindadas según se recoge en el estudio
El blindaje de semillas consiste en tratar las simientes de cereal antes de su siembra con compuestos químicos para evitar infecciones por hongos, parásitos y el ataque de los insectos del suelo.

En la actualidad, según el registro de productos fitosanitarios del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente  que refiere uno de los informes del estudió, se utilizan para el tratamiento de semilla de siembra de cereales un total de 19 compuestos diferentes de los cuales 16 son fungicidas y los tres restantes son insecticidas  Durante el periodo de siembra del cereal, en otoño, las aves de ambientes agrícolas consumen las semillas que, durante la siembra, no penetran lo suficiente en el suelo.

Dada la escasez de grano y otros recursos alimenticios durante esa época del año, las semillas de siembra pueden constituir un porcentaje muy elevado de la dieta de estos animales. Hasta ahora, los efectos sobre las perdices y otras aves agrícolas que consuman semillas tratadas con fungicidas o insecticidas han permanecido casi desconocidos. Este estudio está demostrando sus graves consecuencias.