Ciudadanos y el tortuoso futuro

Los líderes de Ciudadanos con Rivera en el centro, el pasado mes de junio. Eran otros tiempos/ Lanza

Los líderes de Ciudadanos con Rivera en el centro, el pasado mes de junio. Eran otros tiempos/ Lanza

A Ciudadanos (Cs) se le han salido las raíces de la tierra de tanto revolver y girar la copa de sus ramas allí donde las tiene y dónde disponía de cierto predicamento, escribe Aurelio Serrano en este artículo

Probablemente a pocos les interesa ya oír hablar de Ciudadanos (Cs) como organización política. Se da por amortizada su existencia y, más que dejar de ser noticia, han dejado de ser espectáculo, que ahora es lo que más nos gusta de la política. No nos equivoquemos. Que tampoco se equivoquen ellos.

La política es tan cruel que convierte en árbol caído cualquier roble que haga sombra al hermano mayor en ese bosque complicado que es un país. Nos hemos acostumbrado a la realidad escrita por titulares de un solo día y los partidos políticos llevan años pensando más cual es la frase que se puede colgar de las televisiones (fruto de un día), que en establecer las estrategias que les hagan hacerse con el poder a medio o largo plazo, la estrategia de la estabilidad, que es lo que los ciudadanos deseamos, cualquiera que sea nuestra creencia, si la tenemos.

A Ciudadanos (Cs) se le han salido las raíces de la tierra de tanto revolver y girar la copa de sus ramas allí donde las tiene y dónde disponía de cierto predicamento. Condenado a ser la sombra del aspirante en un ambiente de derecha corrupta, el partido naranja ha sido abandonado a su suerte en el campo de batalla. Primeramente, por quienes tenían el poder de lanzarlo a nivel nacional, después de su crecimiento en Catalunya sobre las llamas emocionales de muchos catalanes y españoles que allí viven y sienten.

Además de la ropa en el cartel electoral, su líder, Albert Rivera debió quitarse la venda que le impedía ver que había cambiado el interés de los patrocinadores sobre el papel a jugar por Ciudadanos; pero también advertir que es más difícil caminar sobre el barro generado por la historia del Partido Popular que sobre el hastío nacionalista en una Comunidad Autónoma.

Ciudadanos ha jugado a ser la oposición del PP y de todos los demás, aún sabiendo que lo de David y Goliat es parte de un comic, que los gigantes caen cuando hay un terremoto como una moción de censura o las raíces podridas ya nos les aguantan en pie. A Ciudadanos se lo ha llevado por delante el rastro de la huida sorda de Mariano Rajoy, al que quisieron salvar sin pedirle las 30 monedas reglamentarias por la traición a sus electores.

Navegar en aguas revueltas

Ahora, en la crueldad del día a día político, Ciudadanos intenta salvar la balsa del naufragio y ha colocado al timón a su imagen de referencia catalana, Inés Arrimadas. Ya hacía meses que alguien tiró la honda para competir con el PP en clave catalana desde los escaños del Parlamento español, con Arrimadas al frente de esa batalla, dando por amortizado al propio Albert. No contaban con unas elecciones generales que nadie deseaba. La piedra fue directa a la frente de Rivera, como un bumerán en forma de baldosa. Y entre el susto y al borde de la muerte, Ciudadanos vuelve a navegar zarandeado por el oleaje de otros.

La realidad de Ciudadanos es dura: cogobierna en tres Comunidades Autónomas a la sombra del PP y Vox y en la barca navegan con la futura presidenta los cargos públicos que le han quedado. Nadie respeta el tiempo de espera de la renovación y hasta las dimisiones lógicas ante un próximo congreso se anuncian como huidas de esa fracasada experiencia. Tampoco Ciudadanos muestra imagen de cambio en estos momentos y mantiene la duda entre susto o muerte aquel día de difuntos anticipado.

El aviso de la calle Génova

Si el partido naranja no reajusta su economía territorial a su consumo de zumo interno en estos nuevos tiempos, terminará en la nómina del Partido Popular. Tampoco es una suposición. Un PP crecido a su costa ya anuncia su deseo de ser generosos, que es una forma de perdonar la vida al moribundo.

Sin un congreso interno visible, sin un liderazgo claro y creíble, sin unos recursos propios o ajenos que atiendan las necesidades futuras, resulta llamativa la postura del Cs sosteniendo su negativa a un gobierno de mayoría progresista.

El Partido Popular y los nuevos dirigentes de Cs, quienes lo sean,  saben de las debilidades actuales políticas y económicas del partido arruinado por Albert Rivera, las estructurales y su horizonte político. Así, la referencia más positiva y más clara para un Ciudadanos reeditado debería ser que la mitad de sus votantes no votaron el 10-N.

Esa tal vez debería ser -y sin esperar más- la principal idea inspiradora de su futuro, porque la puerta de la sede del PP no es giratoria. Sirve de entrada pero no hay salida.