Julio, el de los cromos

Francisco J. Otero Manzanares
Julio Jareño, delante de algunos de sus álbumes

Julio Jareño, delante de algunos de sus álbumes

"Sile, sile, sile, sile, nole", recitaban los niños de los 60 y 70 con un desafiante leísmo mientras pasaban cromos para cambiarse. El "nole" era señal para parar y empezar a negociar. Entre aquellos chavales se encontraba, en Manzanares, Julio Jareño, que contrajo entonces la manía del coleccionismo. Manía que fue desarrollándose, creciendo, hasta conquistar ahora la planta alta de su casa, donde más de un millón de cromos de fútbol, medio millar de álbumes y muchos otros tesoros ocultos esperan su momento para hablar. Julio los "saca" en exposiciones puntuales y está encantado de compartir su pasión con los que sepan apreciarla.

La calle Monjas es una de las más bonitas de Manzanares. La Casa de los Leones o el Palacio de los Ochoa dan cuenta de un Manzanares acomodado, ordenado, sin estridencias pero con buen gusto. Es, también, la calle de los museos. Allí se encuentra el Museo Comarcal del Queso Manchego, ubicado en la Casa Malpica, donde recientemente ha abierto sus puertas el Archivo-Museo Sánchez Mejías. Pero no son los únicos. Si siguen avanzando, en la acera de enfrente se toparán con la casa de Julio Jareño. No hay indicaciones turísticas ni se puede visitar sin permiso de su propietario, por supuesto, pero en su interior se aloja una de las mejores colecciones de cromos de fútbol de España.

Julio franquea el paso a su casa con una sonrisa. “Hay coleccionistas a los que les gusta quedarse las cosas para ellos. A mí me gusta compartirlas”, confiesa este hombre que pasa la cincuentena y que es, quizás, uno de los más fieles de España. Con cinco años se enamoró de los cromos y ahí sigue, con sus “coloca” y sus “últimos fichajes”, pero lo que antes era una afición ha crecido hasta apoderarse de gran parte de una casa”, que “por suerte es grande. Tengo ocho habitaciones para mí solo”. Julio conduce a sus visitantes a la planta de arriba y antes de entrar en el “sancta sanctorum” hay que pasar por la habitación de los cromos repetidos. En cajas perfectamente etiquetadas, como esos almacenes de pruebas de las películas de policías, Julio guarda la inimaginable cifra de un millón de cromos, más o menos. En cada caja, una temporada, con los muchos cromos de cada jugador separados con gomas, como siempre se han guardado los cromos, que hay que respetar la tradición.

La vida en cromos

La vida en cromos

No están solos los cromos repetidos, porque Julio Jareño es uno de esos tipos en los que el fútbol dura mucho más que los partidos. De hecho, es entre partidos cuando más presente está. En forma de cromos, pero también de artículos para el Centro de Investigaciones para Historia y Estadística del Fútbol Español (CIihefe), del que fue secretario y con el que colabora regularmente. Y ahora se ha embarcado en su última aventura: escribir la historia del fútbol en Manzanares. Así que junto a los cromos repetidos que, por cierto, están como recién sacados de los sobres, hay, en una mesa que ocupa el centro de la habitación-almacén, recortes de periódicos, fotografías del Manzanares y estadísticas, estas últimas la otra obsesión de Julio Jareño. “En cierta medida”, comenta”, “los coleccionistas estamos enfermos. Sufrimos una especie de síndrome de Diógenes. A mí me llaman y me dicen: ‘Julio, tengo cinco mil cromos aquí y los voy a tirar. ¿Los quieres? Y lleno el maletero del coche. No puedo dejar que los tire, aunque no valgan nada”. “Lo difícil es después pasarlos a casa sin que se entere mi mujer”, bromea este manzanareño que trabaja en Paradores. Precisamente por su trabajo, estuvo más de cinco años en Galicia, en el parador de Santiago de Compostela. Allí, en 2012, en el Centro Sociocultural das Fontiñas, hizo un repaso a 50 años de fútbol gallego a través de 1.800 cromos y 50 álbumes. Dos años después, ya de vuelta en Manzanares, le llegó el turno a la selección española en la Biblioteca Municipal Lope de Vega, el mismo sitio que en 2009 albergó otra exposición de los fondos de Jareño.

Pero todo esto son circunloquios antes de entrar en materia, porque lo mollar, el corazón de las colecciones se encuentra en una austera habitación, con un ordenador, una silla y bastantes estanterías. En ellas, Julio guarda sus álbumes y sus recuerdos más particulares. La Liga acapara la mayor parte de los álbumes, pero las competiciones internacionales tienen, por supuesto, su hueco. Julio pasa revista, con los álbumes en las manos, a los mundiales de Inglaterra 66, México 70, Alemania 74, Argentina 78, por supuesto, España 82… Los hay españoles, pero también uruguayos o alemanes. “Los hay muy feos, como este de Alemania”, reconoce Julio, “pero no sólo es una cuestión de estética”. Las Eurocopas también se pueden encontrar en las estanterías. Por supuesto, los álbumes están completos y en perfecto estado.

El núcleo de esta deslumbrante colección lo conforman los álbumes dedicados a la liga española de todas las editoriales. Porque no siempre hubo un solo álbum. Las editoriales Fher (Fuentes Hermanos), Ruiz Romero o luego Disgra reinaban después de la Guerra Civil. Hasta que en la temporada 72/73 aparecen los cromos de Ediciones Este, el paradigma para los coleccionistas de casi todas las épocas y de los que fueron niños desde entonces. La editorial catalana presenta dos imágenes de los jugadores, la cara y en acción. Son cromos de calidad que cualquier aficionado al fútbol identifica. Ediciones Este terminó con la competencia hasta que Panini, la poderosa marca italina, el rey de los cromos europeos, decidió que si no podía competir, lo más sencillo era comprarla. En 2001, Panini compra Ediciones Este, pero mantiene la marca y los cromos.

Entre todos sus álbumes, a Julio le brillan los ojos especialmente cuando habla del de la temporada 75/76 de Ediciones Este: “Es, quizás el más bonito de todos. Para empezar, es apaisado. El cromo no es el más vistoso, porque es el más pequeño de Ediciones Este, pero el álbum, en el que se consolidan los últimos fichajes y en el que las páginas centrales están dedicadas a los campos, sí lo es”. Pero, como los hijos, Julio no se decide por uno solo. En las vitrinas hay 450 álbumes, cada uno con su historia detrás.

Julio fue nombrado mejor coleccionista de Europa por una asociación peruana. “No sé cómo lo hicieron. En los foros, en las subastas, hay mucha actividad. Supongo que por ahí viene, aunque la verdad es que yo no entro mucho en eso”, explica este manzanareño que, además de su pasión por los cromos de su infancia mantiene el amor por los colores rojiblancos del Atlético de Madrid. De cualquier manera, el mundo de los cromos no es, ni muchos menos, una actividad marginal. Algunos alcanzan precios desorbitados. Como en el caso de los sellos, lo que más se valora es la rareza. Por ejemplo, Julio saca una lupa y muestra el logo de la Liga Santander de la pasada temporada en un cromo. Muestra después el mismo cromo, pero con el logotipo solo de La Liga. “Hicieron una tirada antes de firmar con el Santander”, apunta Julio. En este caso, el precio no es excesivo, porque hay una buena cantidad de cromos, pero no hay más que darse una vuelta por páginas como todocoleccion.net para encontrarse con subastas desorbitadas por algunos cromos. Hay algunos míticos, como el de Tenderessi, el portero argentino del Racing de Santander que no llegó a jugar, el de Sena fichaje 21 del Atlético de Madrid de la liga 1975-76 que no pasó el reconocimiento médico, un Roberto Simón Marina del 83, el de Kustudic, delantero del Hércules con la camiseta del Castellón con el que no jugó, el de Clemente como entrenador de la Real… En todocoleccion.net ahora mismo se ofrece el “pack” Tenderesi-Sena por 6.599 euros. Una barbaridad para los profanos, pero nada comparado con lo que se paga por algunos cromos de béisbol. No se asusten, pero en 2007 por el de Honus Wagner, el “Holandés Errante”, editado por Amercian Tobacco en 1909 se pagaron 2.235.000 euros. El jugador de los Piratas de Pittsburgh no era fumador y no había dado permiso para que la compañía imprimiera su cromo. Se hicieron apenas unos cientos y se conservan 57, que se sepa. El segundo más caro es el del mítico Babe Ruth de 1914, editado por Baltimore News y por el que se pagaron más de 450.000 euros.

DE CHOCOLATES, BOMBONES Y CIGARROS
La historia de los cromos tal y como los entendemos hoy comienza en el siglo XIX. Fue una herramienta de marketing casi desde su inicio. Fue un gancho para los más pequeños, pues eran las empresas de caramelos, bombones o chocolates las que antes apostaron por ellos, con temáticas muy diferentes: animales, tipos humanos, soldados, barcos, flores… Poulain, Mamelok, Bocicaut o Liebig son nombres de esta primera época de los cromos, de su “prehistoria”. En el primer cuarto del siglo XX, la manía de los cromos es ya imparable y los deportes empiezan a asumir el rol protagonista que ahora ostentan. Según un artículo de Francisco García Cubero en Cuadernos de Fútbol de Cihefe, en España el primer álbum de cromos de fútbol es de 1915, editado por la barcelonesa Tiket. Estaba compuesto por 54 cromos con alineaciones y acciones concretas de un partido. A partir de ese momento, fueron muchas las marcas que regalaban cromos de futbolistas. Por ejemplo, el papel de fuma Mi papel hizo tres álbumes con Los ases del fútbol. El cromo más antiguo que tiene Julio Jareño es una alineación del Atlético de Madrid de 1928, cuando se proclamó campeón del Campeonato Regional Centro al vencer al Madrid por 3-1 en la final.

Julio prefiere no hablar de dinero. Habitualmente ni compra ni vende, aunque alguna que otra vez lo hace, aunque el beneficio, si es que hay, va al mismo sitio, es decir, a engrosar su extraordinaria colección.

Por estos días, Julio está cerrando la colección de Ediciones Este de esta temporada, porque es ahora, cuando termina el plazo de fichajes, cuando las cierra, aunque desde 2005, no pega los cromos en los álbumes. Como hay menos huecos que cromos y para evitar los colocas y demás, Julio se ha agenciado unos archivadores donde tiene todos los cromos de un equipo. Ha desarrollado, además, un sistema con pegatinas de colores: rojo para el que causa baja, verde para el que ficha… El profano no entiende nada, pero a Julio los cromos le hablan.