“Tras superar el cáncer ahora vivimos más el regalo que es la vida”

Con motivo del Día Internacional contra el Cáncer, este 4 de febrero, Alicia de Dios y Antonio Ruiz relatan cómo superaron un cáncer de mama y un tumor de células gigantes. Ahora son voluntarios de la Asociación Española contra el Cáncer e inciden en que el ánimo, la ilusión y la esperanza son fundamentales para superar la enfermedad, además de confiar en el criterio de los profesionales.

Cuando Alicia sube la persiana por la mañana siempre de gracias a Dios por otro nuevo día. Es un agradecimiento sincero y profundo, lejano a una rutina inerte matutina. Alicia mira al cielo y agradece una vida que un 28 de septiembre se oscureció cuando se quitó el uniforme de trabajo y con un gesto casi involuntario notó un bulto en el pecho. Con motivo del Día Internacional contra el Cáncer, Alicia de Dios Morata y Antonio Ruiz Romero relatan su experiencia y cómo han superado un cáncer.

Alicia vive en Pueblonuevo del Bullaque y pasó un verano de 2015 tranquilo con su pareja y sus hijas. A mediados de julio acudió a su cita para la mamografía del Programa de Detección Precoz del Cáncer de Mama y todo fue bien, pero ese fatídico lunes de septiembre detectó un bulto alargado por encima del pecho. En un principio los médicos le indicaron que no parecía nada importante, pero una ecografía de alta resolución comenzó a cambiar ese parecer y una biopsia confirmó el peor pronóstico: cáncer de mama.

Antonio Ruiz y Alcia de Dios hablan de su experiencia con el cáncer / Elena Rosa

Antonio Ruiz y Alcia de Dios hablan de su experiencia con el cáncer / Elena Rosa

Antonio Ruiz Romero es natural de Villarrubia de los Ojos. De repente comenzó a dolerle mucho la muñeca. Aunque los médicos le insistían en que debía ser una tendinitis, Antonio notaba que ese dolor no era normal. Era julio de 2009 y se acercaba la vendimia, y para evitar que la recogida pudiera pillarle con un brazo escayolado decidió acudir a urgencias. Allí le realizaron una radiografía. Reconoce que fue extraño porque tardaban mucho en darle los resultados y luego vio muchos médicos mirando la radiografía. Entonces le confirmaron que padecía un cáncer poco frecuente: un tumor de células gigantes muy agresivo en la base del radio.

“Soy muy religioso desde pequeño y me encomendé a Santa Gema. Me daban dos meses de vida y no sé si fue un milagro o no, pero estoy vivo y, gracias a Dios, muy bien”, celebra Antonio.

Alicia comparte con Antonio la religiosidad, pero ella se encomendó a la Virgen de la Guadalupe. Cuando recibió la confirmación del cáncer estaba planchando en su casa. “El primer impacto es brutal, te descolocas… entonces me senté en la cama y pensé que tenía que organizarme. Terminé de planchar, hice la lasaña que prometí a mis hijas y, después de comer con ellas, fui al hospital”, relata Alicia, que recuerda “no sabe dónde encontró las fuerzas” y que pocos días después dio la noticia a sus hijas. Muy emocionada, relata Alicia que de primeras comenzaron a llorar, pero se afanó para que todo se llevara con normalidad, que ellas no se despistaran de sus estudios y reconoce que aunque todo al final ha ido bien, los tratamientos hay que pasarlos, así como los pensamientos que constantemente cruzan por la cabeza.

Antes de que pasara un mes desde que se detectara el bulto ya estaba operada. Ahora acude cada cuatro meses a revisión, aunque por haber padecido un cáncer de mama hormonal ha tenido que tomar recientemente una drástica decisión y someterse a una nueva intervención para evitar posibles nuevos desarrollos de la enfermedad, en concreto, una extirpación de ovarios.

Cuando Antonio recibió su diagnóstico confiesa que nunca tuvo miedo. Su principal preocupación fue tranquilizar a la familia. Entró en quirófano, donde le cortaron el hueso afectado y le implantaron una prótesis. Desde entonces acudía cada tres meses a revisión y, ahora, cada seis. “Estoy supercontrolado”, asegura Antonio, quien al igual que Alicia resalta la inmensa profesionalidad de los profesionales que trabajan en el Hospital General de Ciudad Real.

Ensalzan la cordialidad de todos los médicos y enfermeros y lamentan que estén “supersaturados”. “Es imposible que puedan atender a tantos”, subraya Antonio, que relata que muchas veces el enfermo mejora simplemente con hablar con el médico, trasladándole sus inquietudes, sus miedos, sus dudas… “Sólo con hablar con ellos te curas”. Un argumento que comparte con Alicia y por este motivo ambos se han formado como voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer para acompañar a los enfermos.

Voluntarios

“El ser voluntarios es una de las cosas buenas que hemos sacado de esta experiencia”. Cuando ves a una persona con cáncer te puedes sentir solidarizada con ella, pero si no lo has pasado es imposible entender el sufrimiento del enfermo. “Hay que pasarlo para sentir. Es como ser padre o madre no se siente de verdad hasta que no tienes un hijo”.

Como voluntarios visitan a los pacientes ingresados en Oncología y charlan con ellos de todo. Con una sonrisa permanente hablan del tiempo, fútbol, la familia y la vida para sacarlos de la vorágine de tratamientos y médicos, y si ellos quieren de la enfermedad. Para el enfermo es un desahogo que agradecen y al notar que Antonio y Alicia han padecido la enfermedad empatizan y se abren a ellos. “Cuando nos ven y atisban que hemos superado el cáncer, se sienten bien, ven que se puede superar”.

Antonio y Alicia reconocen que convertirse en voluntarios de la AECC ha sido un regalo y sincerándose afirman que tras superar una enfermedad con una elevada tasa de mortalidad ahora son conscientes del verdadero valor de la vida. “Ahora vivimos más y disfrutamos del regalo que es la vida”.

Para aquellas personas que se encuentran inmersos en un proceso cancerígeno Antonio les recomienda que lo lleven con tranquilidad y mantengan tres pilares básicos: ánimo, ilusión y esperanza. “Eso no tienen que perderlo nunca y además transmitir tranquilidad a la familia, porque es un pesar que hay que llevar entre todos”.

Alicia añade que es fundamental pensar siempre que las cosas van a ir mejor y confiar en profesionales. “Hay que pensar en positivo que las cosas se superan”. Reconoce que en su caso ha sido fundamental el apoyo de su familia, su pareja y su amiga, que han conseguido que la recuperación sea más llevadera. Además subraya la impagable labor de la AECC, que ayuda, orienta y ahora les ha dado la oportunidad de ayudar a otras personas siendo voluntarios.