Dos familias de Ciudad Real, entre los 60 turistas desalojados del camping de Cabo de Gata

Belén Rodríguez Ciudad Real

Foto y Video del camping de Cabo de Gata tras la riada. Imágenes de los turistas ciudarrealeños / Lanza

Nuria y Alfonso explican cómo vivieron las lluvias torrenciales del viernes en Almería, esperando en su bungaló, con sus hijos de 6 y 8 años subidos en las mesas. “Vimos la cosa muy seria”, reconocen

Los tranquilos cinco días de vacaciones en el Cabo de Gata que los ciudarrealeños Nuria Camacho, su marido Alfonso Blanco, y  sus dos hijos de 6 y 8 años, pensaban pasar esta semana en Almería se han convertido en la experiencia de sus vidas.

El diluvio que se desató la madrugada del viernes, “después de un día de playa espectacular”, dicen, les obligó a ser desalojados junto a sesenta turistas del camping Cabo de Gata, noticia estos días porque ha quedado devastado tras el paso por Almería de la gota fría que ha arrasado el sur de Alicante y Murcia.

Maletas y otras pertenencias cubiertas de barro / Lanza

Maletas y otras pertenencias cubiertas de barro / Lanza

Con pocas pertenencias pero vivos

Nuria y Alfonso ya están casa, volvieron ayer, un día después de lo previsto. Sin coche y con pocas pertenencias, pero vivos y a salvo. Ni siquiera los niños están traumatizados, “lo han vivido como un aventura”, explican en una conservación telefónica con Lanzadigital.com.

Aficionados a la acampada, decidieron ir a un camping que no conocían en el Cabo de Gata el fin de semana pasado, “vimos que había previsión de gota fría y cambiamos Denia, en Alicante, por Almería, en principio no estaba previsto que lloviera”.

Animaron al hermano de ella

El lunes llegaron al camping y todo fue fenomenal, los niños se bañaron en la piscina, el tiempo fue estupendo y las instalaciones, un bungaló, también, de modo que animaron al hermano de ella, Javier Camacho y a su familia (dos niños uno de ellos casi un bebé), a acompañarles para pasar la semana.

Todo fue sobre ruedas hasta el jueves, “ese día lo pasamos en la playa, incluso me quemé, cenamos en el porche del bungaló y nos fuimos a la cama temprano, ¡estábamos muertos!”, refiere Nuria, “se veía algún resplandor de rayo a lo lejos pero nada que hiciera pensar lo que vendría”, apostilla Alfonso.

El agua a la altura de la cama

Durmieron plácidamente hasta las tres de mañana. No se enteraron de lo que pasaba: las lluvias torrenciales, hasta que el hermano de Nuria les empezó a llamar. “Despertamos sobresaltados, oíamos voces de socorro, agua, pero hasta que no vimos que teníamos el agua a la altura de la cama no fuimos conscientes de lo que ocurría”.

Interior de uno de los coches del camping: el barro llegó hasta el volante / Lanza

Interior de uno de los coches del camping: el barro llegó hasta el volante / Lanza

Optaron por llamar al 112 y esperar

Salieron de la caseta, encontraron coches flotando y un río corriendo por el camping. Pensaron en avisar a otros campistas, huir de allí alguna manera, “pero no había salida, estábamos en  una ratonera, optamos por llamar al 112 y esperar, con los niños subidos en las mesas”.  “La verdad es que vimos la cosa muy seria, mi cuñado Javier mide 1,90 y el agua le llegaba por el pecho”, afirma Alfonso.

Lluvia y explosión de gas

En medio del caos que se montó en el camping “los responsables no aparecieron hasta las siete de la mañana”, dicen, la llegada de Policía Local, Guardia Civil, y bomberos fue providencial. “El policía se echó al agua a pecho descubierto y empezaron a pedirnos que saliéramos de las tientas y las casitas; echaron abajo la puerta del restaurante y nos metieron allí, aunque también estaba inundado. Cogimos manteles, trapos, ropa para los niños, allí estábamos un poco más a salvo”. En se punto explotó un bombona de butano de una autocaravana y se lío un incendio, “fue todo como apocalíptico”.

Agradecimiento al Ayuntamiento de Almería

A las seis y media empezaron a llegar vehículos policiales y un autobús para trasladar a la gente al Centro de Convenciones de Almería. “En cuanto llegamos personal de la Concejalía de Turismo nos recibió y a las familias con niños nos dieron alojamiento en un hotel, tengo que decir que tanto el Ayuntamiento de Almería como el hotel Barceló se han portado de diez con nosotros, ha sido lo mejor de esta experiencia”, remarca Blanco.

No dice lo mismo de los responsables del camping que no han estado con la gente. Los coches de estas familias, de apenas dos años, están destrozados, llenos de barro y lodo, pero ha habido situaciones peores. “A unas chicas de Andorra les robaron y se han quedado sin dinero ni documentación para volver, y el seguro del establecimiento no se hace cargo de los daños porque es una causa ajena a su responsabilidad, no han estado a la altura”.

Esta familia, que reconoce que “nunca habíamos visto llover de esa manera”, no se ha quedado con muchas ganas de volver a la zona, aunque insisten en que el trato de las autoridades, Cruz Roja, etc, de Almería ha sido exquisito. “Nos facilitaron ropa para los niños y kits de aseo personal. Muy bien la verdad”.