Eloísa Fernández, retrasó su jubilación para ayudar: “Todo el hospital fue planta covid”

Belén Rodríguez Ciudad Real
Eloísa Fernández, retrasó su jubilación como supervisora de enfermería de varias plantas en el Hospital General en el estallido de la pandemia / Lanza

Eloísa Fernández, retrasó su jubilación como supervisora de enfermería de varias plantas en el Hospital General en el estallido de la pandemia / Lanza

“No temí contagiarme, y ahora si mantenemos las medidas no tenemos por qué contagiar a otros. Recuerdo que fuera del hospital hubo más miedo, lo veíamos cuando dábamos altas"

Digna sucesora de Florence Nightingale, fundadora de la enfermería moderna, Eloísa Fernández Romero (de Fontanarejo, aunque lleva toda la vida en Ciudad Real), dio un paso adelante en los duros momentos que vivió el Hospital General de Ciudad Real en marzo de 2020.

“Yo ya me iba, había firmado los papeles de mi jubilación para la segunda semana de marzo y esa noche no dormí, me decía ¿cómo se lo planteo yo a Juan Carlos? [el director de enfermería], no quería que pensara que me considero imprescindible. Al día siguiente bajé a hablar con él, le dije: sé que no soy imprescindible, que como yo lo puede hacer cualquiera, pero en estos momentos tan trágicos me brindo a continuar, podéis contar conmigo”.

Con este gesto, del que no se ha arrepentido, Fernández espera haberle devuelto al hospital y a la ciudadanía lo que ha recibido en 43 años de profesión, siempre ligada a los cuidados del recién nacido, neonatos y grandes prematuros.

“A mí me ha encantado siempre nuestro hospital, estuve antes en Alarcos, con un equipo estupendo del que fui supervisora, viví el traslado, me formé para montar la UCI Pediátrica cuando nos trasladamos al nuevo hospital. He formado parte de toda la evolución del hospital. Siempre me gustó este hospital, grande, empezando con la investigación, y de golpe y porrazo llega un virus y nos lo cambia todo”.

Momentos muy trágicos

«Vivimos momentos muy trágicos. Cuando estalla la pandemia yo llevaba tres unidades, el hospital de día médico, la planta de hospitalización de digestivo y pediatría. La primera quincena de marzo y la segunda de abril fueron horribles. Es que llegaban las dos de la tarde y te decían planta covid. Todo el hospital fue planta covid, de la noche a la mañana tuvimos un hospital totalmente distinto. Todas las plantas se separaban en ‘limpio’ y ‘sucio’, todo lo teníamos que organizar así, incluso pediatría, teníamos tres habitaciones covid, cualquier habitación podía ser covid, ¡si es que era lo que más había!”

Fernández, que desde septiembre disfruta ya de su jubilación, reconoce que pasó miedo, y recuerda el silencio, “solo estábamos los enfermos y los sanitarios, el hospital se convirtió en algo distinto a lo que yo conocí”.

Responsable de la organización de enfermería de varias plantas no sé quedó por vivir una experiencia, “vivir una experiencia desagradable no es agradable”, sino por dar los cuidados que se necesitaban en ese momento, la esencia de la enfermería, “una profesión que ha dado el 200% y lo sigue dando en las plantas covids”.

«Vivimos meses como si estuviéramos en guerra»

Asignar los turnos, distribuir los escasos EPI de los primeros momentos, sacar manos de dónde no las había fue complicado. “Vivimos meses como si estuviéramos en guerra, nada que yo haya visto en cuarenta y tres años de profesión. Es que te llegaban enfermos y decías es que se va a morir, y se moría. No solo muere gente en la UCI, en las plantas se han muerto muchos enfermos y ahí disponemos de menos enfermeras por paciente.

De lo que se siente orgullosa es “de todos los cuidados que hemos dado”, y se cabrea «cuando la gente habla por hablar con lo que hemos pasado», apostilla. “A lo mejor yo no estaba directamente con el paciente, pero para que mis compañeras estuvieran seguras hemos tenido que hacer una formación previa, aprender el manejo, a ponerte y quitarte el EPI sin contaminarte. Partimos de cero y lo tuvimos que hacer en muy poco tiempo”.

También cree que han ayudado a aliviar la soledad de los enfermos en las habitaciones, “intentábamos juntar a personas que estaban menos mal”, y antes de que se pautase colaboraron en que los pacientes contactaran con sus familias.

«La que está a pie de cama es la enfermera»

Con 65 años recién cumplidos en pandemia Fernández admite que no tuvo miedo al contagio. “Esos días me preocupaba estar a las ocho de la mañana e irme a casa cuando tocara, a veces a las siete y en alguna ocasión a las once de la noche, y como yo todas las enfermeras. El médico pasa su visita, atiende, perfecto, pero la que está a pie de cama es la enfermera, la auxiliar y el celador; nosotros nos encargamos de los cuidados básicos”.

“No temí contagiarme, y ahora si mantenemos las medidas no tenemos por qué contagiar a otros. Recuerdo que fuera del hospital hubo más miedo, lo veíamos cuando salían con el alta los pacientes”.

Fernández ya no siente añoranza, menos de lo vivido en primavera, “fueron meses de mucho estrés. Solo veías la gente que se muere, que han ingresado tantos, que se han contagiado tantos. Los que hemos estado dentro lo hemos pasado fatal, pero creo que para lo que fue lo han gestionado muy bien; es verdad que al principio el material de protección escaseó, pero eso se fue subsanando. Nadie conocía esto”.