Estudian plantas de Almadén y San Quintín capaces de sobrevivir entre metales pesados

La Escuela de Ingenieros Agrónomos lidera un proyecto de investigación sobre algunas especies que resisten la contaminación del suelo en entornos mineros de la provincia

Describir la biología de las especies vegetales que sobreviven con altas concentraciones de metales pesados en sus tejidos en los entornos de las minas de Almadén y San Quintín (Cabezarados) es el objetivo de un proyecto de investigación iniciado hace un año por un equipo multidisciplinar de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). La investigación, actualmente centrada en el seguimiento de los cultivos de las plantas del género Plantago en los laboratorios de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real (EUITA), servirá, además, para iniciar un legado bibliográfico sobre los mecanismos fisiológicos de estas especies autóctonas, con capacidad para tolerar la contaminación del suelo. Las indagaciones serán muy prácticas para abundar en la relación entre la biología y la agronomía en la provincia.

J. Yébenes
Ciudad Real

Juan Antonio Campos, el profesor de Biología de este centro, que lidera el proyecto junto al director del Instituto de Geología Aplicada (IGEA) y profesor de la Escuela de Ingeniería Minera e Industrial de Almadén, Pablo Higueras, comenta el objeto del estudio, centrado en la vegetación natural de esas áreas de la provincia “capaces de vivir con saturación de metales pesados, y en condiciones geoquímicas muy negativas, en las que la inmensa mayoría de plantas no pueden crecer”.

Empezaron con la recogida de semillas de diez especies, fundamentalmente crucíferas, en los entornos de las minas de Almadén y de San Quintín cargados de restos inorgánicos y, posteriormente, las plantaron en cultivos con soluciones minerales (hidropónicos) en el laboratorio de la EUITA, para así poder definir las líneas bioquímicas que expliquen por qué esos vegetales tienen la fortaleza de soportar unos altos niveles de plomo, cadmio, cobre y mercurio.

Según explica Campos, a través de estas indagaciones pretenden descifrar “las estrategias de defensa de las enzimas relacionadas con la detoxificación del metabolismo de las especies plantago”, preparadas para aguantar condiciones extremas (extremófilas) y para poder vivir y crecer resistiendo la contaminación.

Lo novedoso, apunta el profesor, es que los resultados de los análisis fisiológicos y bioquímicos de las plantas estudiadas serán los primeros que se editen en la comunidad científica, hasta ahora carente de una bibliografía referida a estos comportamientos.
De esta manera, el equipo investigador del que también forma parte el doctorando Jesús Daniel Peco, se ha planteado como un reto inaugurar la documentación científica sobre la “potente” disposición funcional de dichas plantas para tolerar altas dosis de minerales.
Campos opina que este estudio “es muy interesante desde los puntos de vista agrícola y medioambiental”, dado que la especie plantago es una mala hierba “pertinaz” que entre cultivos productivos puede mermar la rentabilidad.

Así, la relación entre la biología y la agronomía tienen un gran protagonismo en este estudio, en el que también colaboran otros docentes como José Ángel Amorós, profesor de Viticultura de la misma.

Varias líneas

El proyecto tiene un plazo de cuatro años para su desarrollo y está financiado por fondos estatales a través de la Comisión de Ciencia y Tecnología. Según se ha planteado retoma algunas líneas de investigación sobre edafología y los minerales, e incorporará otras en relación a la biología y agronomía de las especies vegetales.

El catedrático Pablo Higueras indica que los responsables científicos de cada área describirán sus conclusiones parciales, por un lado la relación entre plantas y suelos con metales que no pueden degradarse, y por otro las consecuencias de la transmisión de éstos a la atmósfera en forma de polvo.

Higueras explica que la persistencia y acumulación progresiva de los metales pesados a lo largo del tiempo “es preocupante”, sobre todo por su transferencia a otros espacios que podrían afectar al medio ambiente, incluso a la salud humana.

“La presencia de metales pesados de por sí no es mala, porque si un suelo está sucio no implica nada, pero si permanece podría acabar afectando a los animales que pastan y a la salud”, sostiene el experto en minas.

Recuerda, este sentido, que la Escuela de Ingeniera Minera de Almadén acogió hace unos años los primeros proyectos relacionados con la contaminación por minería, ante la presencia en este entorno y también en la mina abandonada de San Quintín de elementos químicos como el mercurio, el zinc, o el cobre.

Sin embargo, el actual proyecto se centrará en las consecuencias que tendría para la salud de las plantas la dispersión de los minerales y su vinculación en el ecosistema.

Higueras sostiene que el proyecto no se contempla la fitoextracción (absorción de metales contaminantes mediante las raíces de las plantas y su acumulación en tallos y hojas), porque es una práctica “a la que en su momento se le dio relevancia, pero que en la actualidad está muy limitada por el hecho de no saber qué hacer con los metales que se extraen o con sus cenizas”.

Nuevas técnicas

El biólogo Jesús Daniel Peco, becario y alumno de Doctorado en la EUITA está también inmerso en el proyecto, tras acabar una estancia en la estación experimental del Zaidín del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Granada, donde ha conocido novedosas técnicas para la caracterización del estrés oxidativo abiótico en las plantas, que aplicará al estudio ciudarrealeño tras la compra de nuevos equipos.

“La presencia de metales produce alteraciones en las plantas y se refleja en su composición bioquímica”, comenta el joven investigador desde el laboratorio, donde realiza los seguimientos a las plantas que luego reflejará en su tesis.