Tatuajes: Auténticas obras de arte únicas y muy vivas

Mercedes Camacho Ciudad Real

Karlos Sarriá se ha consolidado como uno de los mejores tatuadores de Ciudad Real, algo que avalan sus muchos años trabajando, los premios que ha recogido -como el último en Francia a los mejores tatuajes en color- y que, cuando consultas a personas tatuadas la gran mayoría te da la dirección de su estudio, Tattoo Bloodink. Sin embargo Karlos, como se le conoce, es reacio a ese adjetivo del “mejor” y asegura que se conforma con disfrutar de su trabajo y que sus clientes se identifiquen con las obras de arte tan vivas y únicas que realiza con increíble precisión y, sobre todo, con gran pasión.

Tatuajes: Arte único y vivo

Tatuajes: Arte único y vivo

ParaKarlos Sarriá la higiene y la sanidad es fundamental / Elena Rosa

 

Cuando contacto por primera vez con Karlos Sarriá visitando su estudio de la calle Refugio, me sorprende enormemente su primera pregunta cuando le digo que quiero tatuarme un ave fénix. “¿Por qué? ¿Has resurgido de tus cenizas?”, me cuestiona. Entonces es cuando comprendo por qué es uno de los mejores: Para él no sólo es importante que su trabajo sea perfecto técnicamente sino que se adapte al cliente y que forme parte de su personalidad.

Y es que Karlos crea auténticas obras de arte muy vivas sobre la piel, para siempre y, sobre todo, únicas como lo son los lienzos sobre los que trabaja. Como ocurre en otras disciplinas artísticas cada uno de sus trabajos es exclusivo: incluso los infinitos -que parece ser la ‘moda’ que más se repite- son diferentes entre sí.

Ya sólo entrar a su estudio y ver los impresionantes dibujos, no de tatuajes sino simplemente a lápiz, que lo presiden de dioses precolombinos, dan una idea del talento de este tatuador que, podría colgar sus obras en las paredes de cualquier museo aunque disfruta muchísimo más viéndolas ‘vivas’ y ‘caminando’ por las calles, no sólo de la capital y la provincia sino también de otros lugares de España y de Europa como Francia o Suiza, en los que ya ha estado tatuando u Holanda, a donde viajará en abril.

Tatuar es un don

También demuestra que tatuar es un don, algo más que una moda o “calcar” un dibujo, que una una dramática vivencia personal le llevó a abandonar temporalmente su arte porque era incapaz de darle vida.

Tatuajes: Arte único y vivo

Tatuajes: Arte único y vivo

Un momento del trabajo de Karlos con el ave fénix en el brazo / Elena Rosa

“Tengo tatuajes en todo el cuerpo excepto en la espalda porque es el sitio que le reservaba a mi hijo Sebastián, a quien asesinaron con 19 años en Colombia y donde nunca me tatuaré como una especie de homenaje que le quiero hacer a él. Ese lienzo era suyo y así se lo prometí porque estaba aprendiendo. Cuando lo mataron tuve que dejar de tatuar porque mis dibujos no tenían vida, parecían muertos, aunque poco a poco comencé a superarlo y hoy he vuelto a trabajar en lo que siempre me ha apasionado”.

Karlos Sarriá, que a lo largo de su carrera profesional sólo se ha negado a tatuar esvásticas y simbología que haga claramente apología del nazismo, ha tatuado “casi de todo: desde personajes de televisión curiosos como el Chavo del Ocho o Hommer Simpson, a ‘malos’ de películas como Joker, superhéroes, símbolos celtas, animales reales y mitológicos, mascotas, flores, estrellas, nombres… Aunque nunca puedes decir que lo has hecho todo porque siempre aparecen nuevos retos” asegura en una entrevista a este semanario.

Tipos y técnicas

Para ello este profesional es capaz de usar las nuevas técnicas más actuales en función de los gustos del cliente y del dibujo que quiera lucir para siempre sobre su piel –incluidos los casos en los que se quieren tapar otros-.

Y es que en la actualidad hay estilos tan variados como el Trash Polka -mezcla de lo natural y lo abstracto en armonía-; acuarela o watercolor -diseños que parecen hechos con un pincel más que con una aguja y se asemejan a acuarelas-; Old School o tradicional americano -sigue reglas estrictas de diseño: líneas negras gruesas, precisión inmaculada e imágenes nítidas bidimensionales-; y Neotradicional -versión modernizada del anterior que suma mayor tridimensionalidad gracias a los degradados, tinta blanca y de otros colores-.

Asimismo, hay otras técnicas conocidas como New School -colores brillantes en una gama de variedad amplísima, mucho contraste, degradados, sombras y efectos de volumen-; realismo abstracto o surrealismo -que combina la fuerza que transmiten las líneas, los colores y las texturas del arte abstracto con la perfección del hiperrealismo-; o el realismo fotográfico -en el que se usan más tipos de agujas diferentes y que parecen una foto-, aunque este último es el que menos le gusta a Karlos -pese a que lo realiza con gran destreza- porque considera “que el arte siempre tiene que ser algo más que una copia de una fotografía, debe tener alma propia. Y un tatuaje es arte sobre la piel”.

La que más le gusta

Por el contrario, -y además de que existen otros muchos como tribales, maoríes, góticos, geométicos, grafittis…- la técnica que más le gusta es la del Irezumi o tradicional japonés, compuestos por muchos detalles y con reglas muy estrictas, como tatuar las representaciones de Buda sólo por encima de la cintura y combinar ciertos animales con determinadas flores.

Los diseños más comunes incluyen peces koi, flores de loto, dragones y otras figuras tradicionales con un significado espiritual muy profundo. “Los tatuajes japoneses son casi un estilo de vida, hay un gran respeto por el tatuador que sólo se dedica a un número de clientes fijos y exclusivos, algo hacia lo que me gustaría evolucionar en el futuro, trabajar sólo con mis clientes”, indica Sarriá.

Proceso

Cuando llegamos al estudio de tatuaje el equipo de Lanzadigital.com, Karlos Sarriá nos recibe con todo listo, incluyendo las sillas protegidas con film transparente desechable que retirará en cuanto acabe con mi tatuaje, y todo perfectamente esterilizado ya que, no en vano, exhibe en la pared el documento acreditativo -emitido por la Consejería de Sanidad- de que cumple con todos los requisitos higiénicos-sanitarios, incluido el curso obligatorio y que ha pasado las sucesivas inspecciones, que son un mínimo de dos anuales.

Tatuajes: Arte único y vivo

Tatuajes: Arte único y vivo

Karlos se preocupa por ofrecer a sus clientes el mejor ambiente y hacer que se sientan cómodos / Elena Rosa

Mascarilla, guantes desechables y un delantal de plástico -”antes lo usaba de tela hasta que un cliente me vomitó porque se mareó, cosa que no es frecuente” bromea- son las primeras herramientas que saca, tras lo que coloca los botes de tinta y hace sus mezclas de colores.

En este caso, y dado que va a hacer un tatuaje New School, decide utilizar tres tipos de agujas distintas que me muestra no solo para que vea que están correctamente precintadas y que su fecha de caducidad es para dentro de dos años.

“Concedo una importancia vital a la seguridad, no sólo por los propios clientes sino también por mí mismo, como prevención de riesgos laborales. Por eso quiero que quien venga se sienta seguro y que sepa que está en las mejores manos, no ya artísticas, sino de control de la seguridad, higiene y limpieza” explica el tatuador mientras comienza a dibujarme en el brazo el ave fénix que le he pedido en esta ocasión, siempre dando total libertad a su creatividad.

Lugares más elegidos

Los brazos y las piernas, junto con la espalda, son los lugares en los que más suele tatuar, “aunque cada vez se piden más en partes íntimas para que sólo vea los tatuajes quien el tatuado elija. Ese tipo de tatuajes ya no son raros, mientras que sí hay algunos menos frecuentes como, por ejemplo, la planta de los pies”.

Precisamente ese lugar, así como entre los dedos o en las corvas de las piernas -detrás de las rodillas- son los lugares “más dolorosos, aunque yo siempre digo que depende del umbral del dolor de cada persona. Por ejemplo hay quien se ha mareado ligeramente o quien, como tú, se hace dos tatuajes en el mismo día mientras se ríe o mantiene una conversación con total normalidad y ni siquiera sangra como es tu caso”, explica, al tiempo que también recuerda que las técnicas y las máquinas de hacer tatuajes han evolucionado mucho en los últimos años, de forma que la penetración de la aguja en la piel es muy superficial, por lo que no es tan raro que no se sangre.

Lo que es cierto, añade, es que lo que también ha cambiado en los últimos años es que es muy raro que le lleguen lienzos vírgenes, es decir, personas sin ningún tatuaje porque “quien más o quien menos se lo ha hecho bien porque lo ha visto en un amigo, en uno de los famosos que sigue o bien porque tiene muy claro que quería hacerlo y tatuarse algo que le apasiona, como es el caso de un cliente que tengo que todos sus tatuajes están relacionados con la Guerra Mundial”.

Tatuajes: Arte único y vivo

Tatuajes: Arte único y vivo

Karlos Sarriá con la Virgen del Sagrado Corazón de Colombia, tatuada como no podía ser de otra manera / Elena Rosa

Escuchar y aconsejar

A quien llega por primera vez a su estudio -que suele hacerlo por recomendación de clientes satisfechos y porque el nuevo cliente ya ha visto sus trabajos- le escucha sobre lo que quiere aunque sea consciente de que no es lo que mejor le va a quedar.

“Yo les dejo hablar porque lo que suele ocurrir es que ellos mismos, mientras evoluciona el trabajo, van viendo qué es lo que pide o no ese tatuaje”, apunta, al tiempo que agrega que lo que sí suele aconsejar es que tengan claro lo que se van a tatuar “porque es para siempre. Debe ser algo que para ellos tenga significado, bien porque es algo que le gusta mucho o porque es algo importante en su vida. Pero nunca porque se lo ha visto a un amigo, porque he tenido casos así y te puedes acabar arrepintiendo”.

Karlos, que posa con una imagen de la Virgen del Sagrado Corazón de Colombia que él mismo ha tatuado, concluye la entrevista -aunque la conversación y las anécdotas siguen mientras tatúa-, subrayando que tiene entre sus límites la edad mínima para tatuarse y, por ejemplo, se ha negado a tatuar a un niño de 12 años pese a que iba con sus padres.

La tinta fluye en sus manos

La tinta sigue fluyendo al mismo tiempo que la charla aunque la entrevista acabe. Por eso, lo mejor es que cada uno lo compruebe por sí mismo poniéndose en manos de Karlos Sarriá. No solo no se arrepentirán sino que repetirán tatuajes porque crea adicción. Algo que quizá debería advertir en la puerta.