“Busco la emoción del lector contando una etapa de mi vida que me marcó”

Ángel Luis López Barrios / F. Navarro

Ángel Luis López Barrios / F. Navarro

Lanza comparte una amable tertulia que tiene como centro a Ángel Luis Barrios, autor de un “Un tranvía en Tomelloso”

Cuenta Ángel Luis López Barrios (Tomelloso, 1957) el gusanillo de la literatura le tocó desde muy pequeño, apoyado en una buena formación en el Santo Tomás de Aquino. A través del Padre Rafael, recién llegado de París, pudo conocer el mayo del 68, el existencialismo francés y el movimiento literario católico francés.  Colaboró en periódicos de ámbito local y juvenil “Juventud XX” y vivió activamente la transición española siendo uno de los promotores de la asociación cultural “Mancha Libre”. Dentro de ésta, Ángel Luis comenzó a forjar su estilo literario en su revista “Palo de horca. Unos maravillosos años del fútbol-sala, un periodo de intenso trabajo enfocado en la informática y una pasión por el ajedrez, que compartió intensamente con sus hijos, ocultaron momentáneamente su vocación literaria. Sin embargo, el paso del tiempo y una enfermedad  le dejaron tiempo para la escritura,  consiguiendo elaborar su primer libro de relatos sobre su querido Tomelloso.

Lo que iba a ser una entrevista ha desembocado en tertulia. Me explico. Los periodistas de Lanza quedamos con el autor de “Un tranvía en Tomelloso en la terraza de los Sánchez  en la avenida Antonio Huertas. Francisco Navarro y el autor aparecen con gran puntualidad, unos minutos después aparezco yo y no tardarán en incorporarse dos excelentes amigos de Ángel Luis; José Antonio Marta y Francho, futboleros con los que se asociaba en el Tacame y con los que mantiene una gran amistad. Es una tarde de lluvia, huele a tierra mojada, en la mesa contigua no cesan las risas de un grupo de jóvenes y empieza a notarse el bullicio del fin de semana  de esta tarde de viernes.

El autor nos habla de su parentesco con el pintor Marcelo Grande, “me dijo que tenía un físico imposible para retratarme en un cuadro”, manifiesta entre risas, y sin prisa pero sin pausa empieza a describir esa parte de su vida en la que ha situado la mayor parte de las historias de su libro. “Pertenecí al Juven Club que era de ideas socialistas y allí pude conocer al que es ahora mi cuñado, José María, que me planteó participar en un grupo de izquierdas total que escuchaba música por las noches y  me fueron enganchando. Esta gente fue la que fundó Mancha Libre  y rápidamente se generó una  interesante actividad cultural. Hicimos cine fórum y promovimos actuaciones. Los artistas comían y dormían en las casas de gente como “El niño” y luego los llevábamos a Alcázar a que cogieran el tren”.

Recuerda Ángel Luis la iniciativa de gente como la hermana de Valentín Ramírez, “que elaboraba piezas de cerámica que luego vendía. Ella fue la que organizó un festival de rock en la Plaza de Toros que acabó en fracaso; fue poco público y no se le pudo pagar a los grupos. La verdad es que no estábamos organizados para ese tipo de eventos”. Episodios culturales que Ángel Luis mezcla con el deporte, con aquellas andanzas en el fútbol-11 aficionado con ese Ovidio Martínez que organizó José Sebastián y en el que pudo conocer a grandes amigos.

“Mi vena de escritor surge  en la revista Palo de horca, -rememora-, y también con las enseñanzas del padre Rafael, no en clase, sino en un grupo que hizo al margen,  para hablarnos del mayo del 68, del existencialismo francés y de un movimiento católico que surgió entonces. Él despertó mi afición a la lectura, que también compartí con gente como Álvaro, el del Cafetín y Alejandro Cañas, que se hacía ciclos de lectura y me gustó mucho aquel modelo”.

Cuenta Ángel Luis que en aquella lecturas aparecen también textos de Marx y Engels, el famoso Capital,  que no le acabaron de seducir. “Yo tenía una tendencia más bien ácrata que en la ciudad representaban gente como Luis Miguel Merlo o Jesús Salinas, aunque tampoco me convenció del todo esta tendencia y decidí hacer mi propio camino”.

Irrumpe la informática en la vida de Ángel Luis López, al que casi todo el mundo conoce por el apellido materno de Barrios. “La informática estaba naciendo en aquella época. Yo trabajaba con Madrigal que me encargó la informatización de la empresa y aquello me absorbió por completo. Económicamente aquello funcionó muy bien y me metí en una vorágine que me hizo aparcar el mundo de la literatura”.

Un momento de la charla / F. Navarro

Un momento de la charla / F. Navarro

No tarda en aparecer otras de las pasiones de Ángel Luis que también ocupa un espacio importante en el libro, el ajedrez. “Hice un curso en Seseña, me fui metiendo en el mundillo y a medida que fueron creciendo, mis hijos también se aficionaron y jugaron. De hecho, el mayor destacó en varias competiciones. Los apunté a una escuela que trajo a un maestro a un país del Este. Posteriormente  fueron completando su formación en La Casa del Ajedrez en Madrid. El mayor ganó una Copa de España en Aranjuez y en campeonatos nacionales siempre estuvo entre los primeros de su categoría”.

Es precisamente el ajedrez lo que lleva a Ángel Luis a retomar su vena de escritor elaborando unas crónicas que son pura poesía. “Les añadía unas historias que me inventaba, porque no era cuestión de decir solo quien había ganado, quien era el segundo y el tercero. Intentaba decir muchas más cosas”.

Así hasta que llega un día duro, de los que marcan  una vida. Hace tres años,  en una revisión médica de la empresa, a Ángel Luis le detectan un cáncer de vejiga. Es operado y le llega la jubilación anticipada por la enfermedad. Pero ante el duro revés, la actitud no pudo ser más encomiable. “En lugar de estar lamentándome en casa, decidí invertir el tiempo en aprender, hice un curso de escritura y empecé a escribir. El ejercicio de las páginas matutinas, escribir lo que se te ocurra en el momento, es un ejercicio extraordinario. Avanzando en la escritura fue tomando cuerpo la idea de publicar un libro. Amazon me dio la opción de publicarlo sin coste alguno y me puse manos a la obra”.

Ángel Luis escoge dieciocho relatos para su libro donde añora una época, subraya la importancia de la cultura y el deporte y defiende a capa y espada valores como la amistad. “La idea del tranvía la tomé de Carlos Ruiz Zafón, un tranvía imaginario que nos traslada a diferentes lugares y épocas, en el que meto a personajes que quiero mucho, como el conductor que es mi padre, o grandes amigos como José Ramón. En mi imaginación siempre estuvo la de ir al Instituto en tranvía”.

En este punto llega el Tacame, Marta y Francho, y la entrevista, como decíamos al principio, deriva en tertulia. Nada más tomar asiento, Marta realiza una curiosa reflexión sobre el libro. “Ha conseguido que puedas hablar y conocer a gente como Félix Grande, García Pavón, Eladio Cabañero…vas en el tranvía ese hablando con ellos. Ese es el mérito que yo veo en el libro de Ángel Luis”.

“Busco la emoción del lector, con recuerdos, palabras y unos relatos que he tratado de planificar al máximo”, asegura el autor al que preguntamos por la densidad de un libro abundante en referencias a la cultura. “El libro está escrito a fuego y hablo de los autores, las obras, las películas o la música que me gusta. A lo mejor lo he idealizado demasiado, pero ahí está mi vida, la época en la que fraguaron grandes amistades, unas experiencias muy profundas que me marcaron mucho”. Del ritmo de escritura, de ese miedo a la página en blanco que atrapa a algunos escritores, Ángel Luis deja claro que “escribo cuando escucho a mi voz interior, si no aparece, no escribo. Espero que venga la inspiración, aunque como decía Picasso, que me pille trabajando. Ahora que estoy luchando contra la enfermedad, debo decir que los hospitales suelen ser buenos lugares de inspiración”.

El escritor confiesa su anhelo de que Tomelloso tenga una mejor biblioteca, tema que nos da pie a preguntarle por los autores que más le han marcado. Francisco Navarro le ve influencias de Borges, “pero yo soy más de Onetti”, remarca rápido Ángel Luis. “Algún día me gustaría escribir algo sobre un encuentro de Félix Grande y Onetti en el bar Lovi. Me gusta esa idea de inventarte un lugar como hicieron García Márquez con Macondo y Onetti con Santa María, también Muñoz Molina que es otro referente para mí. Creo que la literatura es imaginación y por eso aparece un Tomelloso idealizado”. Una ciudad por la que el autor siente un amor especial. “Yo soy de los que decidí quedarme aquí, más que nada porque en Tomelloso echas raíces con la familia, los amigos, las actividades en las que te vas involucrando”.

Un travía en Tomelloso

Un travía en Tomelloso

Comparando esa época de la transición por la que siente tanta añoranza y la actual, Ángel Luis asegura que “ahora tenemos muchas más oportunidades que, sin embargo, no sabemos aprovechar. La gente está más acomodada”.

No tardamos en retornar a la literatura, aflora de nuevo el gran Onetti por el que también siente predilección Francho y el bueno de Barrios afirma que su crítico más implacable es Juanjo Losa “algo que me viene bien para tener siempre unas metas de superación”.  Feliz porque su primer libro haya visto la luz, Ángel Luis ya piensa en nuevos proyectos, como la segunda parte de este tranvía y  seguir trabajando en su página web para promocionarlo.

Concluye la tertulia y Barrios expresa la gran satisfacción que siente “Estoy muy contento. La ilusión de mi vida era ver un libro escrito por mí publicado”. Y justo en ese instante se suma a la tertulia, Gobi, diseñador que da buena nota a la portada del libro. “Alguna gente piensa que el libro tiene que ver con la reclamación del tren, pero no, aunque si ayuda algo,  mucho mejor”.