El futuro será mejor / Normalidad

Lanza Julio García-Casarrubios

Pone de manifiesto la urgente necesidad, no de hoy, sino desde hace mucho tiempo, de que el Estado de las Autonomías se ha ido degradando, se ha ido situando en el peor de los escenarios. El problema de la lengua es importante, es muy significativo, pero no es el único.

El problema que ha surgido estos días ante el intento del Gobierno de España de cambiar el sistema de inmersión lingüística en Cataluña aprovechando la vigencia del artículo 155, pone en evidencia que la relación entre Cataluña y el resto de España tiene de todo menos normalidad.

Pone de manifiesto la urgente necesidad, no de hoy, sino desde hace mucho tiempo, de que el Estado de las Autonomías se ha ido degradando, se ha ido situando en el peor de los escenarios. El problema de la lengua es importante, es muy significativo, pero no es el único.

La raíz del problema es que, esa relación se ha ido parcheando, desde ambos lados del Ebro, con más visceralidad que racionalidad; con más maximalismo que sentido común. La lengua, que es una de las mayores riquezas de las que disponen los núcleos sociales, -si no la mayor-, se ha aprovechado para envenenar más las relaciones. Es la crisis política que padecen los líderes que tenemos, y que ha tenido la fuerza irracional de contagiar a la sociedad. Tienen que aparecer líderes con la fuerza de decir: “Vamos a sentarnos y a reconducir esto por la vía de la normalidad”.

 

Catalanismo contra españolismo

No  somos ingenuos. Sabemos que existe una tendencia endémica de enfrentar todo lo que huela a catalanismo contra el españolismo, en ambos sentidos. Ignorarlo es el primero de los obstáculos con el que nos encontramos para situarnos en el buen camino. Lo  primero para avanzar es reconocerlo. Hay que empezar diciendo: “lo reconocemos, vamos a pedir perdón, y a trabajar, a buscar fórmulas que acaben con esta insoportable situación”.

Hay que reconocer que es muy legítimo, amar, defender, y luchar con fuerza, porque se mantenga la lengua de una comunidad de hablantes. Pero defender el catalán no significa ningunear el castellano, ni al revés. Estamos avanzando en el camino de los centros bilingües, en los que los alumnos hablen al final de su ciclo en español y en inglés, y nos negamos a hacerlo para que lo hagan en castellano y en catalán. ¡Será posible! ¡Pero qué cerriles somos! Ni españolizar a los catalanes, ni prohibir hablar en castellano. Eso es una auténtica vergüenza.

 

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