Nieves Herrero presenta en Bolaños la novela ‘Esos días azules’ en la que rescata el “amor secreto” entre Antonio Machado y Pilar de Valderrama

A. Ruiz Bolaños de Calatrava
La nieta de Pilar de Valderrama se puso en contacto con Nieves Herrero para que escribiera la historia de su abuela

La nieta de Pilar de Valderrama se puso en contacto con Nieves Herrero para que escribiera la historia de su abuela

Narra la intensa relación entre ambos durante los últimos años de vida del poeta

La periodista y escritora Nieves Herrero presenta este sábado en Bolaños de Calatrava su nuevo libro, ‘Esos días azules’, en el que narra el “amor secreto, un amor enterrado por la historia” entre el poeta Antonio Machado y la también escritora Pilar de Valderrama, quienes mantuvieron una intensa relación con encuentros y cartas durante ocho años, de 1928 hasta 1936, cuando se inicia la Guerra Civil.

Se trata de los últimos años de la biografía de Machado y “los años, según Pilar de Valderrama, más importantes de su vida y los que fueron más transcendentales”, comenta Herrero, que  asegura que lo que simplemente ha hecho ha sido “desempolvar el paso de la historia” y sacar a la luz esta relación que trataron de no exponer ya que ella, a quien Machado se refería de forma ‘velada’ como Guiomar, era una mujer casada.

Poco antes de morir, en el año 79, Pilar de Valderrama “se reivindicó a sí misma” y dejó por escrito que Guiomar, musa y “diosa” para Machado, fue ella. El libro arranca con la grave infidelidad que comete el marido de Pilar de Valderrama que la lleva a trasladarse para reflexionar de Madrid a Segovia, donde repara que imparte clases Machado por el que siente una gran admiración y con quien contacta a través de una carta de una amiga. En el caso de él, fue amor a primera vista, “el poeta de la palabra se queda sin palabras al verla”, pero no en el caso de ella que, no obstante, siente que “poco a poco su corazón se va encontrando muy a gusto con Machado”.

Ahí comienza la conexión entre dos personas que comparten soledades, pese a que ella estuviera desposada y fuera madre de tres hijos, y la pasión por la literatura, y se fragua una estrecha complicidad aunque estuvieran en las antípodas ideológicamente ya que  ella era monárquica y él era republicano. “Quizás sea esto lo bonito” para un momento como el actual, ver que las ideologías no impidieron el amor y admiración que se profesaban, aprecia Herrero, a quien la nieta de Pilar de Valderrama le propuso que escribiera la historia de su abuela. “Me enseñó las cartas de Machado y la documentación que tenía y me enamoré del personaje”, confiesa Herrero, que resalta que en las treinta y pico cartas que se han salvado de las más de doscientas que Machado escribió a Guiomar hay “una complicidad y una forma de expresarse” que muestran que entre ellos “había mucho más”.

En la correspondencia que le envía, le dice ‘yo cuando te vi no te conocí, te reconocí porque en realidad eras la mujer que había soñado siempre’, expone sobre Machado, para quien, estima Herrero, Pilar era “el último tren de su vida” y fue “como una ventana de aire fresco”. La mujer de Machado, Leonor, se casó con él siendo una niña, apenas tenía 15 años, y falleció pocos años después de tuberculosis, mientras que Pilar tiene 35 años cuando la conoce, está en plena madurez y, aunque él sobrepasa los 50 años, puede hablar con ella de todo lo que le interesa, indica Herrero, que resalta que “lo terrible es que no lo podía compartir con nadie porque estaba casada”, ella era muy religiosa y no concebía separarse de su marido. “Por eso fue un amor muy apasionado de tan secreto que era, por no poder convivir con ella, como un amor muy adolescente, de mucha carta de amor, cogerse las manos y besarse y, según ella, nada más”.

Herrero se pregunta hasta dónde llega la estimación de amor platónico en una relación de ocho años quedando en primavera y verano, cuando hacía buen tiempo, en el madrileño Jardín de la Fuente donde, tapados por los castaños, encontraban intimidad y no les veía nadie y en invierno en un café de Cuatro Caminos, barrio obrero donde a ella, de clase social alta –con la que precisamente Machado era “muy crítico”-, no la iban a reconocer. Basándose en las cartas y creación poética de ambos, en los encuentros que él describió y lo que dejó ella escrito, se basa la novela de Herrero, que no se abalanza a poner lo que “no sabemos que existió”. “No quería salirme demasiado del guión que ellos ya nos habían escrito”, asegura la periodista, que, no obstante, deja abierto a la imaginación del lector lo que sucede en uno de los capítulos en el que describe cómo, tras la muerte de la madre de Pilar, el doctor Gregorio Marañón aconseja a su marido que la lleve fuera de Madrid a un lugar a ser posible con mar. Se trasladan a Hendaya y la sigue Machado, quien escribirá los versos “tu zarcillo en mi boca y tu carne rosa y morena tumbada sobre la arena…”, lo cual puede ser, así mismo, reconoce Herrero, “una ensoñación del poeta porque ellos dos crearon un tercer mundo que era que a las doce de la noche estuvieran donde estuvieran ellos paraban lo que estuvieran haciendo para pensar el uno en el otro y ser libres en ese momento para ser lo que quisieran”, de ahí que él le indicara que “tu poeta se está volviendo loco porque ya no sabe qué es real y qué es ficticio”.

Por él, ella tenía al principio “una admiración total porque era el poeta que escribía lo que ella sentía, y de hecho la poesía de Pilar da un salto cualitativo cuando aparece Machado, su creación poética se hace madura” y la “hace una poetisa de la Generación del 27”, indica Herrero, que recuerda que Pilar, con amigas como Carmen Baroja –hermana de Pío Baroja- y María Calvo, pertenecía a un colectivo de mujeres intelectuales llamado Lyceum Club, fomentado por María de Maeztu y del que formó parte Victoria Kent y en el que se reunían mujeres intelectuales de la época “tanto de derechas como de izquierdas porque peleaban por lo mismo, que era que la mujer pudiera trabajar y tuviera igualdad de derechos y voto”, señala Herrero, que, en relación con las dudas que le genera la irrupción de Machado en su vida, cita los versos de Pilar: ‘Quiero querer y no quiero, dejar de querer quisiera, y en querer y no querer se me va la vida entera. Y va el corazón mío navegando en el mar de ausencia tuya, náufrago de sí mismo, tengo en el alma un dolor que no sé de dónde nace, si de querer que me quieras o de querer olvidarte’.

El Ayuntamiento y la Biblioteca de Bolaños y Afammer organizan el encuentro de este sábado con Nieves Herrero para la puesta de largo de ‘Esos días azules’, en el que el tercer gran personaje es España y su devenir en un período muy convulso pasando “de una dictadura a una dictablanda, la segunda República y el estallido de Guerra Civil”, además del exilio que sufrirá Machado, de cuyo fallecimiento se conmemora el ochenta aniversario, mientras que de la muerte de Pilar de Valderrama se cumple el cuarenta aniversario.