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Marta Francés, de profesión, conquistadora de retos

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Marta Francés Gómez, campeona paratriatlón España / Lanza
H. Peco / PUERTOLLANO
Marta Francés es una deportista de Puertollano cuyo primer título como deportista se lo ganó a la propia vida, que a los 16 años la enfrentó a un cáncer que parecía iba a condenarla a una silla de ruedas. El tesón, el esfuerzo y el amor de su familia no sólo le hicieron levantarse, sino que años después ha sido dos veces campeona de España de paratriatlón y campeona del Mundo en 2020. Ahora sueña con competir en los Juegos Olímpicos de París 2024...y es obvio que lo hará.

Marta Francés es una paratriatleta de Puertollano de 27 años, afincada en Madrid. Allí entrena en el grupo de tecnificación de triatlón de la Comunidad de Madrid, donde coincide cada día con algunos de los mejores deportistas del país.

Hasta ahí, la historia de Marta podría ser la de cualquier chica apasionada por el deporte que gracias a sobresalir en alguna disciplina alcanza la posibilidad de acabar rodeada de los mejores. En realidad, su trayectoria también es eso, pero con una gran dosis de heroicidad, que es la que permite ganar cuando todas las opciones están en tu contra.

Hace unas semanas, en la web municipal del Ayuntamiento de Puertollano aparecía una breve nota con una foto en la que el alcalde, Adolfo Muñiz, aparecía recibiendo a una joven deportista de la localidad, desconocida para la gran mayoría, en la que explicaban parte de su brillante trayectoria que, a todos los que hemos estado vinculados con el deporte local, nos hizo sonrojarnos por haber pasado por alto a una deportista con tamaño palmarés.

Al acabar de leerla, casi como una señal, mi teléfono hizo una pequeña vibración. Era un mensaje de mi amigo Dani García Bravo, preguntándome si alguna vez había hablado con Marta Francés y aquellas dos piezas desordenadas, que por sí solas quizás hubiesen pasado desapercibidas, chocaron en el camino e hicieron despertar mi interés innato. Le fui sincero y, casi a modo de disculpa, ubiqué a Marta en Instagram para subsanarlo de inmediato.

En medio de aquellos minutos de espera mientras me respondía, que fueron pocos, fue apareciendo su historia para descubrir que, detrás de una Campeona del Mundo de Paratriatlón, había mucho más que una auténtica crack del deporte; estaba la historia de superación de una chica a la que su vida se le transformó de golpe, como el cubo de rubik que compras por primera vez y al que un par de giros lo hace ser un imposible por completo; pero Marta es de las personas que persiste hasta que todas las caras del cubo vuelven a tener un solo color, para mirarlo de nuevo y decirle de frente: “Lo he conseguido”.

Su historia de superación comienza en 2012, cuando tenía 16 años. Acababa de empezar bachillerato. En su cabeza cobraba forma su sueño de estudiar INEF. Todo estaba destinado a ello. Su vida era la normal de cualquier chica de su edad. Estudiar, entrenar, salir y recibir alguna charla de sus padres vez en cuando para no perder el norte.

Sin embargo, algo raro estaba pasándole. Llevaba semanas sintiéndose rara, con ganas de vomitar, cansada, con el cuerpo demasiado pesado, “quizás por los entrenos”, pensaba. Pero aquello fue a más y algunas semanas después llegaron los mareos.

Aquellos primeros síntomas a los que no dieron demasiada importancia, acabaron convirtiéndose en una pesadilla que tocaba afrontar: “tienes un tumor en el cerebelo y hay que extirparlo”, le dijeron en el hospital, donde su visita acabó con dos intervenciones de urgencia.

“Con el primer tac vieron que tenía el tumor, que estaba muy profundo y estaba obstruyendo parte del cerebelo y estaba creciendo, siendo la causa de los mareos que tenía a diario”. “No podían hacer biopsias porque el riesgo de la operación era muy grande, por eso tuvo que hacerse la primera operación para ver el alcance y el tipo de cáncer que tenía”, relata rememorando aquellos días.

En la primera de las intervenciones le quitaron el tumor. En la segunda le limpiaron los restos que todavía quedaban amenazándola.

El diagnóstico rompió la tranquilidad familiar. “Aquello fue lo más duro. Yo siempre he sido una chica muy fuerte, pero para familia afrontar que siendo una niña tuviese que enfrentarme a un cáncer, fue un palo muy fuerte. Tuve que ser la que puso orden en casa, pidiendo que dejasen de llorar y animando a afrontar lo que venía por delante”, explica mientras sonríe.

El quirófano le salvó la vida, pero también parecía habérsela cercenado de lleno. Entró en él siendo una joven con ganas de hacer deporte al día siguiente y salió siendo una chica paralizada por completo, incapaz de mover más allá de los ojos o la boca.

“Ahí fue cuando me di cuenta de la gravedad de lo que tenía. Al principio no lo había pensado. Era una niña y no sabía en qué iba a consistir todo el proceso”.

El primer diagnóstico fue fatal. Los médicos, cuenta, “en un primer momento me dijeron que no podría volver a caminar nunca más. Tuvieron que ser mis padres quienes me enseñasen de nuevo a leer, a hablar y más tarde a caminar”. Así fue su mes en el hospital, una lucha contra la vida donde cada avance se celebraba como un triunfo.

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Sus sueños pasan por competir en unos Juegos Olímpicos / Lanza

Quizás fue el deporte el mejor impulso en una recuperación que sería lenta. Su condición física hizo que los plazos que para pacientes con lesiones similares eran habituales para ella no sirviesen.

A las pocas semanas, ya era capaz de sentarse. A los dos meses ya era capaz de deambular en casa. “Cuando aprendí a hablar y estábamos en casa, yo le pedía a mi madre que me ayudasen a caminar. Junto a mi padre me ayudaban para dar pasos por el pasillo y fueron ellos mis dos grandes pilares”. Al principio sus pasos se describían en eses, acusando la lesión en el cerebelo, pero el empeño y la constancia enderezaron unos pasos que sabían a milagro. De hecho, explica “cuando me vio el neurocirujano alucinó, porque nunca se había dado un caso como el mío”.

A los seis meses de aquellos días de lucha, ya era capaz de trotar contra todo pronóstico y contra la voluntad de una hemiparesia lateral izquierda, que hacían que el ramal izquierdo de su cuerpo se moviese más lentamente.

Después de recuperar la movilidad, tocó volver a soñar en grande. El primero de sus sueños era estudiar INEF, para lo que tenía que superar el obstáculo de las pruebas físicas, que dado que su discapacidad no llegaba al 33% eran iguales que para el resto de aspirantes. Aquello hizo que tuviese que decantarse por estudiar Biotecnología, donde aguantó un año y medio, mientras por dentro recobraban fuerzas sus ganas de estudiar Ciencias del Deporte.

“Me fui a Puertollano. Estuve entrenando con David García Vigara todas las pruebas y no sólo conseguí pasarlas, sino que además no quedé última en ninguna de ellas”, se ríe mientras cuenta aquella anécdota, que fue el preámbulo de lo que vino después.

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No podría tener mejor apellido para coronarse en unos Juegos Olímpicos que se van a disputar en Francia / Lanza

En las primeras clases de natación se despertó su necesidad de reinventarse como deportista, apostando por el paratriatlón, empujada por sus compañeros y por los beneficios de un deporte que nunca antes había practicado y por la llamada de la Selección Española que le abrió las puertas del Consejo Superior de Deportes (CSD) y del Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde estuvo casi cinco años.

Así llegaron en 2019 el título universitario, el título de Campeona de España de Paratriatlón, que revalidó en 2020 y el bronce en la Copa del Mundo de Banyoles.

“Fue un año muy bueno y muy intenso porque nada más empezar a competir en triatlón empecé a ganar títulos importantes. A mí misma me decía, “igual éste va a ser tu deporte””, bromea.

A esos primeros títulos le sumó finalmente el oro en la Copa del Mundo de Paratriatlón de Alhandra 2020, en cuya prueba superó un brote de asma en la prueba de natación para culminarla finalmente con unas marcas en ciclismo y atletismo que nunca antes había hecho.

A su breve historial ya le lucen numerosos títulos: bronce Copa del mundo Banyoles 2019, Oro Copa del mundo Alhandra 2020, Oro Copa del mundo Besanzon 2021, Oro Copa del Mundo Coruña 2021, Oro Europeo Valencia 2021, Oro Nacional 2019-20-21, Plata Mundial Abu Dhabi 2021, Plata Europea Polonia 2022 o más recientemente el Oro en la Copa del mundo disputada en Besanzon.

Ahora, sus sueños pasan por competir en unos Juegos Olímpicos. En Tokio tuvo pasaporte, pero una lesión a última hora impidió que disfrutase del premio de estar allí.

Lejos de resignarse, no busca culpables. “La vida del deportista es así. Al final vemos las medallas, pero lo verdaderamente duro es el proceso hasta llegar a ellas”.

Para conseguirlo, su método diario es el esfuerzo, el trabajo y el sacrificio.”Me levanto sobre las 6.00, empiezo a entrenar a las 7.30. Por la mañana hago sesión doble de entrenamiento para acabar sobre la 13.30. Como, intento echarme una siesta pequeñita y por la tarde sobre las 17.30, hago la tercera sesión de entrenamiento. Cuando llego a casa, estudio un rato, hago la cena y si tengo exámenes, como esta semana, antes de dormir estudio otro rato”, porque sí, porque además de entrenar para ser la mejor paratleta, está culminando un Máster en Biomecánica Deportiva para ser también una mejor profesional.

Pese a todo, le queda tiempo para soñar con París 2024, y eso debería ser un aviso para sus rivales, porque todo lo que pasa por la mente de esta puertollanera acaba por hacerse realidad; tal vez, porque su vida ha sido eso, una carrera de obstáculos infinitos que ha ido venciendo para convertirse en profesional de la conquista de retos.

Marta Francés, recuerden su nombre. No podría tener mejor apellido para coronarse en unos Juegos Olímpicos que se van a disputar en Francia.

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