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23 febrero 2024
ACTUALIZADO 08:00
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80 años de Lanza: la vigencia del periodismo local

Redaccion Lanza Clara Manzano 56
Imagen actual de la redacción de Lanza / Clara Manzano
Conchi Sánchez / CIUDAD REAL
Lanza lleva informando 80 años desde y sobre la provincia. En sus páginas están reflejados los grandes sucesos, pero también la vida cotidiana, las aspiraciones y las demandas que quedan reflejadas en la publicidad, las películas de la semana o aquellos anuncios por palabras que hoy ya no existen. Y resiste con éxito

Soy una periodista afortunada. La primera vez que entré en una redacción, el humo de los cigarrillos – e, incluso, de algún puro – se mezclaba con el olor a café y el murmullo de las conversaciones, entre las que se colaba el trueno de alguna voz de mando y el tecleo constante de los ordenadores casi recién estrenados. Era la Semana Santa de mi primer curso de Periodismo, en el 91, y, desde entonces, nunca he dejado de sentir la atracción irresistible por una noticia bien contada y publicada antes que la competencia.

De hacer prácticas en la radio – cuando Antena 3 aún lo era- pasé a un periódico, La Tribuna, donde aprendí de mis compañeros a alimentar una vocación que venía de antes y desplegué las antenas que aún me funcionan hoy. Allí experimenté los primeros acelerones de corazón, cada vez que conseguía una buena historia que contar, y aprendí muy joven, tal vez demasiado, a dirigir un periódico local con esa mezcla de entusiasmo, inocencia y fe en la profesión que me han traído hasta hoy.

Después fui madre y trabajé en una empresa que también ahora cumple 30 años, Multimedia, en la que pude aplicar en la comunicación empresarial y corporativa lo que ya sabía para hacérselo fácil a los compañeros que trabajaban en medios. En Fenavin, España Original, desde la Consejería de Economía, Empresas y Empleo o en otros proyectos, siempre con ilusión, seguí aprendiendo, en este caso, a ejercer como fuente informativa. Cuando las redacciones son cortas y los profesionales no pueden llegar a todo, una nota de prensa bien hecha se agradece siempre y, al final, si un periodista cuenta un proyecto a otro periodista y capta su interés, el círculo de la comunicación se cierra.

En paralelo a todo ello, en 2012 participo en la creación de una revista cultural digital, Hypérbole, que todavía sigue viva en la red y en la que colaboramos gente de todo el país.

Pero, con todo, cuando alguien me preguntaba en aquellos años dónde me veía en el futuro, aunque formara parte, como periodista, de proyectos que tal vez han transformado de manera real la economía de la provincia y en los que he invertido mucha energía y optimismo, siempre respondía que lo que de verdad quería era volver a la redacción de un periódico. La vocación tira siempre hacia el lugar donde se alimentó primero. Y la oportunidad surgió con Lanza. Desde aquí escribo estas líneas que lees, querido lector, y pongo en práctica todo lo aprendido y desaprendido en estos 32 años. En mi redacción ya no huele a tabaco, aunque sí, a veces, a vapeador de caramelo; las pantallas planas acortan la distancia entre compañeros y estamos en plena renovación tecnológica de Lanzadigital. La velocidad con la que nos empujan las redes sociales y la Inteligencia Artificial requieren una adaptación, pero también tengo presente que una buena información requiere su tiempo y de un buen profesional a las teclas: contrastar las fuentes, confirmar los datos y lanzar las noticias sólo cuando tengamos la certeza de que cada palabra es veraz. Que no sobra ni un adjetivo.

Me gusta contar que llegué a Lanza el 1 de enero de 2020 y pasé, en semanas, de trabajar con mis compañeros en una redacción presencial que estaba conociendo mejor, mientras ponía en marcha las ideas que tenía sobre el periódico que me gustaba leer, a coordinar una redacción online, con toda la incertidumbre de la pandemia sobre nosotros. Y ha sido una experiencia en la que todos hemos crecido como personas y como profesionales.

Cuando no podíamos salir a la calle, ahí estaba el equipo del periódico, especialmente los fotoperiodistas, llevando a casa las imágenes y el relato de lo que estaba ocurriendo: los aplausos de las ocho de la tarde, barrio a barrio, pueblo a pueblo; invitamos a la gente a mostrarnos con fotos qué veían desde su ventana, en pleno confinamiento; tratamos de entender y compartir cómo vivían los pequeños negocios y las empresas, especialmente los autónomos, cada dificultad; incluso preguntamos a los propios políticos la manera en la que vivían el confinamiento y desde qué lugar tomaban decisiones sobre un presente y futuro inciertos; o fuimos a los lugares donde podía medirse de verdad la realidad que había detrás de las cifras de muertos. Aún recuerdo al operario del cementerio de Ciudad Real, todavía en shock después de ser, en demasiadas ocasiones, la única persona que acompañaba a los fallecidos en su entierro, porque tenían a todos sus familiares hospitalizados. O muertos. Son solo algunos ejemplos de lo que hicimos en aquel tiempo. Y las cifras de lectores alcanzadas avalan que el camino fue el adecuado: los medios locales son los que más reforzados han salido en la confianza de los lectores, televidentes o radioyentes en estos años, un respaldo que continúa ahora, según una encuesta del Instituto Reuters en España.

Y, sí, soy una periodista afortunada porque todo esto no ha ocurrido en un periódico cualquiera: pasa en el decano de la región, que cumple este 20 de mayo 80 años. Metida como estoy en un día a día endiablado, porque las dificultades forman parte del paisaje habitual de un periódico, trato de mantener la atención limpia de una lectora, esa que es fundamental para saber si el medio que tengo ante los ojos responde a las preguntas que me hago cada día como ciudadana.

Por eso agradezco miradas desde fuera, como la que me llegó hace unos días del director de la cátedra de la UNED de Población Rural y Sostenibilidad Social, Luis Camarero, en unas jornadas organizadas por la Diputación que buscaban fórmulas para impulsar la vida en el territorio alejado de las urbes. Camarero me comentó, sorprendido, que había descubierto en Ciudad Real una implicación de los medios de comunicación locales en la vida de los habitantes que no había visto en el resto del país y que este contexto podía ser un modelo para otras provincias. En medios de distintas regiones, contaba, las noticias de la capital seguían copando, de manera fija, los titulares principales, mientras que las noticias de su periferia eran pura anécdota. Aquí, abrir el digital o una portada del semanario con la noticia del pueblo más pequeño es siempre una celebración.

Aquella misma jornada, durante una mesa redonda con responsables de grupos de desarrollo rural, asistentes sociales y miembros de colectivos de desarrollo territorial, pude contar cómo Lanza trabaja día tras día para contar lo que ocurre en los 102 pueblos de la provincia y la región, sin olvidar lo que pasa en el país y en el resto del mundo. En ese contexto, un experto en despoblación, llegado de Valencia, me preguntaba también si los medios locales tenemos en marcha algún sistema de formación permanente para los profesionales que permitiera cambiar el lenguaje que se usa para hablar de lo rural y cómo veía la manera en la que los medios de cobertura nacional trataban la información de las provincias.

Y la respuesta a las dos preguntas era la misma: el material de trabajo diario de los profesionales de Lanza es lo que ocurre, lo que preocupa y lo que necesitan los habitantes de la provincia, una Ciudad Real que, como explicaba precisamente Camarero, es única también por tener núcleos de población con un tamaño suficiente y, por tanto, con actividad que genera información abundante y hay que contar. Y estamos aquí siempre, a diferencia de los medios nacionales, que vienen sólo cuando ocurren catástrofes o toca la lotería: ellos no conocen las fuentes que proporciona el trato directo, constante y cercano de los profesionales de un medio local y tiran de grandeur para conseguir los principales soplos desde instituciones ‘centrales’ y, después, de literatura para contar el suceso a lo Truman Capote, como un relato con escenario, protagonistas y una trama emocionante.

No todos los medios lo hacen, pero sí muchos, y no trato de simplificar, pero sí me parece que hay una lucha por la audiencia que aleja las noticias de la verdad estricta. Por supuesto, como Leila Guerriero, no creo en las crónicas interesadas en el qué, pero desinteresadas en el cómo, pero me gustan los datos ciertos, contrastados y, desde ahí, tratar de valorar, subrayar e inspirar con lo que ocurre en el territorio -personas, ideas y proyectos-, por lo que no somos los medios locales los que tenemos que aprender tanto de los nacionales, sino que es al revés.

Otra cosa es que contemos con los mismos recursos que ellos – siempre necesitamos más-, su tecnología o equipos para hacer todo lo que queremos, pero las ganas y la autoexigencia son las mismas, aunque las presiones se sientan tan cerca, precisamente por esa proximidad a los protagonistas de los que contamos cada día noticias.

Escribo habitualmente, por cierto, mis artículos del semanario aún sólo en el papel, como un gesto de rebeldía. También es romántico. Y antiintuitivo. Me pueden leer sólo en 102 pueblos. Y tres Eatim. Y los lectores de la región y del país a cuyo buzón llegamos. Muchos, aunque bastantes menos que los que alcanza Lanzadigital. Pero me gusta.

Mantengo también la necesidad diaria de pedir al periódico aquello que quiero saber: encontrar a las personas que me gustaría conocer y saber de los proyectos en los que me enrolaría… Y compartirlo siempre con los lectores, que son de dos tipos: aquellas personas que necesitan saberlo todo, antes de comenzar el día y mientras avanzan a través de él, y aquellos que sólo le echan un vistazo cuando alguien les cuenta que ha pasado algo y necesitan ampliar ese fogonazo de información. Para ambos trabajamos y también para los que nunca se asoman al periódico y eligen otros, o no están interesados en nada de lo que pueda contarle un periódico de provincias. Ya atraparemos su atención.

Lanza lleva informando 80 años desde y sobre la provincia. En sus páginas están reflejados los grandes sucesos, pero también la vida cotidiana, las aspiraciones y las demandas que quedan reflejadas en la publicidad, las películas de la semana o aquellos anuncios por palabras que hoy ya no existen. Y resiste con éxito. El periódico -lo sigo llamando así- forma parte de la historia de un territorio cuyo relato ha escrito y, todo ello, gracias a una redacción, a un equipo de administración -y otro de rotativa hasta hace muy pocos años- que se ha ido adaptando a cambios constantes desde el punto de vista social, tecnológico y político, y cuyo trabajo valoro tanto. Somos herederos de su esfuerzo. Y no olvido a la institución que ha considerado la idoneidad de valorar la información como un servicio público necesario: la Diputación provincial y sus sucesivos presidentes. Quienes estamos hoy en este edificio del viejo hospital, con ventanales que taladran de luz nuestras pantallas, tenemos la mirada puesta en el futuro: todo el que implique un compromiso con la veracidad y la pluralidad en las informaciones que publicamos en nuestro digital y en el Semanario de La Mancha.

Precisamente esa condición de Lanza como medio público nos mueve, en este momento preciso, hacia tres objetivos concretos, codo con codo junto a otros que tienen la misma situación en Europa: la lucha contra la desinformación, la búsqueda de un espacio propio entre la oferta masiva de noticias, dentro del contexto en el que trabajamos a diario, y la respuesta a las necesidades de ciudadanos que quieren estar bien informados porque desean estar conectados con el mundo y, al tiempo, con su territorio más cercano.

Y ya sé que no todos los horizontes son iguales, pero el que veo ahora se presenta lleno de ilusión, ganas e historias. Sobre todo, historias, porque si hay algo que nos mueve y nos construye por dentro son los relatos que todos hacemos de nuestra propia vida, la que nos ha traído hasta aquí y la que marca inevitablemente las coordenadas del lugar al que nos dirigimos. Lanza lleva ocho décadas contando lo que ha ocurrido en Ciudad Real, en Castilla-La Mancha, en España y en el mundo, pero, sobre todo, es un diario provincial, porque es en provincias donde arrancó el periodismo local, el de cercanía. ¿Quién lo va a contar mejor que nosotros?

Soy una periodista afortunada, sí. Tengo vocación, un buen equipo y la certeza de que informar sobre lo que ocurre en nuestro territorio es periodismo local, pero también universal, y aquí estamos hoy para celebrar y no para buscar las sombras de un medio que sigue muy vivo, con un modelo que ya imitan en otras partes del país y que combina la fórmula digital y el papel. Tendrá todo el futuro que los profesionales de la redacción busquemos con hambre de noticias y, por supuesto, aquel que los lectores nos den. Feliz lectura de aniversario y saludos desde aquí a quienes encontrarán este semanario especial dentro de veinte años. La historia de Lanza – la Historia, en definitiva- continúa.

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Portada del 80 aniversario, obra de Sandra Basto

P.D: El logotipo de la portada del suplemento especial que puedes encontrar en tu ayuntamiento, centro de salud, bares, etc, es de la diseñadora Sandra Basto, que ha conectado en él a Piet Mondrian, un pintor vanguardista neerlandés, y su cuadro ‘Trafalgar Square’, pintado en el mismo año que nació Lanza, con el último desarrollo de diseño de Adobe Illustrator. Vanguardia entonces y vanguardia ahora. También, por cierto, los lectores encontrarán entre nuestras páginas las líneas llenas de aire del dibujo que el ciudarrealeño Fernando Martínez Valencia regala a todos los que acudís a nuestras páginas cada semana: es el retrato de una lectora de Lanza con el periódico sobre el corazón, un dibujo exclusivo del que sólo hay 6200 ejemplares. Uno es para ti.

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