Actores y pintores

Martín-Miguel Rubio Esteban
El valdepeñero Francisco Nieva, en una foto de archivo / Lanza

El valdepeñero Francisco Nieva, en una foto de archivo / Lanza

Muchos pintores amigos de Paco Nieva y José Pedreira se acercaron a la inauguración de la exposición “Escenarios Visionarios”, esto es, escenarios de ensueños y desensueños, que se celebró el 12 de septiembre en la Galería “Leandro Navarro”, de quien fue muy amigo el genio españolísimo, y que se mantendrá abierta hasta el 20 de octubre.

Pero sobre todo se acercaron actores que querían a Paco Nieva. Los clásicos tenían una opinión ominosa de los actores y actrices, como gentes de mal vivir no integrables en el orden recto de una ciudad virtuosa. Hasta tal punto que al personaje más malvado de la literatura latina, Catilina, ya sin duda más literatura que historia, Cicerón lo pinta en sus Catilinarias rodeado de actores amigos, como siniestros adláteres e inmorales compinches de su maldad y frivolidad diabólica. “Nemo in scaena levior et nequior, qui se non eiusdem prope sodalem fuisse commemoret”.

También ahora los hombres y mujeres gloriosamente perdidos del teatro, devotos de las Musas y no de la ordinariez humana, se acomodarían bien al espíritu entrañable, rebelde y muy travieso de nuestro amigo Francisco Nieva, que era capaz de expresar lo inconcebible tanto en su teatro como en su pintura. Y mientras se recuerde a Nieva no se terminará el romanticismo aventurero de la farsa, a pesar de los muchos histriones traidores que se han vendido a la subvención pública por un lugar en el cielo de lo políticamente correcto.

Llama la atención que todavía a alguno se le ocurra llamar a la pintura de Nieva surrealista. En realidad la realidad, en verdad la verdad y naturalmente la naturalidad en el arte son cosas siempre de ilusión poética. Cuando se pinta como cuando se escribe se construye una ilusión de vida, un puro artificio. El milagro del arte siempre ha sido la creación de un mundo ilusorio.

Angustia de muerte

Una ilusión, un mundo, que, como nuestra propia vida, no hace más que enmascarar una angustia de muerte, y nadie ha representado en la gran literatura española mejor esa angustia que Francisco Nieva. No podemos etiquetar dentro de ningún movimiento pictórico los dibujos expuestos de Nieva porque en la época en que los realizó Paco ya se había liberado del corsé de las ideologías estéticas – hasta del postismo – y se deja llevar por su propio estro extraordinario. Lo que nunca hizo fue experimentos inestéticos ni engendros de la producción artística mercantil.

Nieva comparte esta exposición con su gran amigo y maestro de la pintura José Hernández, que además de pintor fue gran escenógrafo e ilustrador de libros, como Nieva. Yo diría que el nacimiento en Tánger de Pepe es el fulcro que levantó su propia genialidad de gran pintor de la última cuarta parte del siglo XX y primer decenio del XXI.

En 1951 el general Rafael García-Valiño y Mercén fue designado alto comisario de España en Marruecos, convirtiendo la ciudad “libre” de Tánger en una islita de libertad en medio de la vasta grisura del Estado franquista. Durante su alto comisariado, entre 1951 y 1956, arribaron a Tánger artistas de todas las ideologías; anarquistas, comunistas, republicanos, y hasta alguna escritora nazi, además de los artistas más extravagantes, haciendo la policía franquista la vista gorda por orden expresa de García-Valiño.

El artista José Hernández

Esta libertad y la cultura vanguardista formaron la cuna del gran artista José Hernández. Espantables seres infernales parecen protagonizar los cuadros majestuosos de José Hernández. Todos los ayeres alumbran, hasta para los imbéciles, el camino de la decadencia, la ruina física y social, y la muerte, que nos convierten en polvo. José Hernández quiere ver y expresar aspectos inéditos de lo real, que nadie le ha enseñado.

La exposición se compone de catorce dibujos de Nieva y otros tantos cuadros de Hernández. Comentemos algunas obras, empezando por el tangerino.

“Retrato de vieja”. Con un tumor en la nuca. Pañoleta y antiparras impertinentes. El rostro, la silla y el tumor son los únicos elementos no oscuros. Como en la pintura de Rembrandt, el pintor ilumina a la vieja sobre la masa enorme de la más alevosa y premeditada nocturnidad. La noche afirma la soledad del hombre, aislándole de todo lo que le rodea. El sol de los muertos ya parece saludar a esta vieja con antiparras impertinentes.

“Dama florida”. A pesar de tener el cuadro el color de las hadas, las flores ruinosas de la decrepitud lo ponen al borde del espanto. Pero el verdadero dolor no tiene lágrimas. Ya lo dijo Descartes.

“Llegado el terror”. Tiara papal, signos de la grandeza histórica sobre la podredumbre de la carne efímera. Sin máscara todos nos vamos pareciendo a la muerte. Hernández conmueve las fibras del sentimiento ordinario y altera la inteligencia común del mundo.

“Espectros”. Animales aullantes del más allá, fuera del tiempo, saliendo de las paredes con rodapié que nos protegen del ultramundo sin tiempo.

El arte expresa deleites

Sigamos ahora con el genio manchego, cuyo arte expresa deleites, pero no cordialidad con el entorno social del mundo.

“Teatro furioso”. Estancia desvencijada de un castillo con tres figuras extravagantes y perturbadoras, y una cabeza con el clavo de la locura, con ajos, vino y un pollo asado en un plato. El teatro es siempre una máscara que nos ilusiona y que nos miente. El clavo nos recuerda una monja del Rayo Colgado. Nos subyuga sin someternos.

“Sade en el tocador”. Mujer en la bañera con pechos inverosímiles y con peluca de Leonard. Atrás extraña máquina de vapor calentando una tetera. Total originalidad expresiva de algo inédito y bello.

“Doña Rosita la Soltera”. La virgen Rosita alimentada por una blanca paloma.

“Mandarín”. Máquina autómata con vestido estampado. Nieva se mueve entre antropomorfizar la máquina y maquinizar al hombre. Perfecta ejecución con todas las reglas técnicas.

“Laura Betty”. Del cuerpo espectral de Laura salen hermosos frutales o flores blancas con fruto negro que festonean su espíritu alargado con ojos de hada.

“Gran Fausto”. Las manos de Fausto salen disparadas sujetas con muelles a las muñecas.

“La Reina Pies de Nube”. Ingenio atmosférico, divinidad maquinizada.

“Locosueño”. Erótica diosecilla polimástica. Ninfa, hada amable.

“La Pasión”. Complicadísima deidad-máquina humanizada con muchas palancas y resortes.

“Fray Mortela”. Alegoría de la Iglesia enteca, espantadora y pedigüeña.

“Primera Dama”. Simpática señora con muchos humos.

“Cantante de Ópera”. Caja de música feminizada rematada en un frasco veneciano.

“La Pequeña Industria”. Máquina eléctrica con relés como sombrero y manos-bombillas.

Toda obra de arte verdadera es una nueva composición del mundo. Y, naturalmente, nuestros juicios de valor sobre la expresión artística sólo pueden provenir, por descontado, de la experiencia de lo bello y lo sublime en la Historia del Arte. Y ésta nos dice que hemos estado ante dos genios. Nadie sensible puede perderse esta exposición.