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01 marzo 2024
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Anomalía democrática

Palacio de la Moncloa
Palacio de la Moncloa, sede del Gobierno nacional / E. Press
Julio García-Casarrubios Sainz / VALDEPEÑAS
Si el Gobierno dice que España está en vías de una recuperación, tiene razón; y si la oposición le reprocha que el ritmo de esa recuperación en menor que en el resto de Europa también tiene razón; es el vaso medio lleno, o medio vacío. Lo que es impresentable es decir que España está en la ruina. Que la oposición centre su punto de vista en el bajo ritmo de este año, y el Gobierno lo haga en la previsión de los organismos internacionales que vaticinan un crecimiento más rápido que los demás países, es humanamente razonable; pero de ahí a decir que España se dirige al caos, es una grosera exageración, tan fuera de tono, que se hace poco creíble

Que el Gobierno presuma de lo bien que lo ha hecho y que la oposición recrimine lo mal que lo hace el Gobierno, entra dentro de lo normal en el debate democrático. Que el Gobierno destaque los aspectos positivos y que la oposición lo haga en los más negativos, es como ver el vaso medio lleno o medio vacío. Pero otra cosa muy distinta es la manera de decirlo, las formas; otra cosa es la negación total y absoluta, sin mezcla de bien alguno; otra cosa es la exageración rayana en el ridículo.

Si el Gobierno dice que España está en vías de una recuperación, tiene razón; y si la oposición le reprocha que el ritmo de esa recuperación en menor que en el resto de Europa también tiene razón; es el vaso medio lleno, o medio vacío. Lo que es impresentable es decir que España está en la ruina. Que la oposición centre su punto de vista en el bajo ritmo de este año, y el Gobierno lo haga en la previsión de los organismos internacionales que vaticinan un crecimiento más rápido que los demás países, es humanamente razonable; pero de ahí a decir que España se dirige al caos, es una grosera exageración, tan fuera de tono, que se hace poco creíble.

La oposición, si así lo cree, tiene el derecho y el deber de criticar si las cuentas del Gobierno no salen; pero también tiene la obligación democrática de presentar otras mejores y más creíbles. Y tiene que demostrar porqué las cuentas no salen. No puede estar diciendo que “cuando gobierna el partido socialista sube el déficit y la deuda, para después tenerlo que arreglar ellos cuando llegan al Gobierno”. No. No se pueden poner argumentos basados en falsedades y falacias. Todo el que quiera saberlo, sabe que los gobiernos de Rajoy no cumplieron el déficit marcado por Europa ningún año y que la deuda aumentó en 30 puntos porcentuales del PIB.

Y es que viene siendo una anomalía democrática sembrar crispación y polarización siempre que gobierna la izquierda en España. Siempre; desde los años noventa. Pero además, en esta ocasión, se sienten obligados a esa estrategia, por dos razones evidentes: porque el modelo liberal, el milagro económico de Rato, ha hecho aguas por todos los costados; y porque se impone la necesidad de hacer mucho ruido para esconder, lo que nunca debieron hacer. Y digo más: Les dé, o no, resultado electoral no deja de ser una anomalía democrática.

 

 

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