Himno a la inmortalidad, de Raúl Carbonell

Joaquín Brotons Valdepeñas
El autor de el artículo y Raúl Carbonell, en los años 80/Lanza

El autor de el artículo y Raúl Carbonell, en los años 80/Lanza

Raúl Carbonell, me envío un ejemplar dedicado de su último libro publicado: “Himno a la Inmortalidad”, extraordinario poemario, escrito en verso blanco que he leído varias veces, y que me cabe el honor y el privilegio de haberlo visto escribir a su autor con su pluma estilográfica casi a diario, poema a poema, en aquellos años locos de nuestra juventud bohemia, en los que habitó en la “Muy Heroica”,  donde redactó una gran parte de su magnífica obra narrativa, poética y dramática

Hace unos días que recibí el libro: “Himno a la Inmortalidad”, cuyo autor es  el reputado escritor valenciano Raúl Carbonell Sala, entrañable colega y amigo desde hace más de cuarenta años, ya que nos conocemos desde 1973, que vino a Valdepeñas y se instaló en la Ciudad del Vino, donde vivió más de quince años en la casa de el  pintor Vicente Nello. Aquí, en esta morada también residió el gran pintor valdepeñero  Manuel Delicado Mena, que fue protegido por la familia Vasco y que, actualmente, es un creador tristemente olvidado, pero fue uno de los grandes de su época, que expuso con Sorolla y fue admirado por Madrazo, obteniendo importantes triunfos, llegando a ser llamado: “El segundo Goya”, según escribe en un soberbio artículo de el “Imparcial” mi buen amigo el catedrático Martín-Miguel Rubio Esteban, hombre de una vasta cultura.

Como iba escribiendo, R. Carbonell, me envío un ejemplar dedicado de su último libro publicado: “Himno a la Inmortalidad”, extraordinario poemario, escrito en verso blanco que he leído varias veces, y que me cabe el honor y el privilegio de haberlo visto escribir a su autor con su pluma estilográfica casi a diario, poema a poema, en aquellos años locos de nuestra juventud bohemia, en los que habitó en la “Muy Heroica”,  donde redactó una gran parte de su magnífica obra narrativa, poética y dramática.

Asimismo, escribió en una vieja máquina de escribir, cientos de artículos, reportajes, reseñas de exposiciones, libros y estudios sobre La Mancha, Valdepeñas y otros temas y artífices relacionados con la tierra de Quijotes y Sanchos, que publicó en diversos periódicos y revistas de Castilla-La Mancha, como: Lanza, Almud, Estaribel, Manxa…

 

El libro

“Himno a la Inmortalidad”, es un volumen de versos muy personales e íntimos,  que tiene su  propio sello personal, su denominación de origen, pero en el que, en algunos poemas, aprecio un ligero y vago eco de su admirado vate Walt Whitman,  aedo americano con cuyos versos se abre el tomo.

Dicha obra, que ha publicado la celebre y acreditada editorial Huerga- Fierro y cuyo divino dibujo de la portada es de mi querido amigo y paisano Joaquín Morales Molero, lo escribió Carbonell en mi amada ciudad-isla (leer: Valdepeñas), aunque, posteriormente, ha retocado algunos poemas tiempo después, cuando ya vivía en Madrid, tras casarse y abandonar la patria chica de Juan Alcaide y finalizado su contrato de director de la Casa de Cultura de Valdepeñas, donde realizó una magnífica labor.

El citado poemario, está dividido en dos partes: “Canto alegre en el silencio” y “La inmortalidad”, en los que incluye una serie de poemas realmente magistrales y algunos de ellos dedicados a amigos comunes, entre otros: Andrés Cejudo, Jesús Martín Caro, Salvador Galán Ruiz Poveda, Felipe Perea, Jesús Cerceda, Joaquín Morales Molero,  Arturo SanRomán y al autor de esta reseña, que le dedica el poema que, posiblemente, sea el más hermoso y emotivo, que ningún amigo me ha dedicado y que lo titula: “ Al poeta Joaquín Brotóns, apoyado contra la barra del bar”, dadas las muchas copas de vino y charlas amigables e interminables, que hemos tenido en tabernas y bodegas de Valdepeñas, como: “Casa el Cojo”, “Casa Lucas” “La Taurina”, “El Penalty”, “Casa Sáez”, “La Higuerilla”, “El Chuponero”, “La Guitarra”, “La Huerta”, “El Almeja”, “Cabeza Pero”, “Temporales”,  junto a  las bodegas: “Santa Pola” y “Santa Isabel”, que fueron propiedad de mi padre y mis tíos paternos, en cuyas oficinas trabajó hasta su cierre el autor de estas líneas.

Perdón por mi atrevimiento,  pero no me resisto a transcribir unos versos de dicho poema dedicado a mi persona, en el año 1983, cuyo original escrito junto a un bello dibujo de unos efebos desnudos en la playa, que hizo Vicente Nello,  tengo enmarcado en mi despacho:

 

¡A tu sombra viviré amigo mío!

Para recitarte y ver tus frescas ironías.

Febril inventor de la palabra néctar,

Feliz muchacho invadido por el olfato osado

De la vida sin ningún aroma.

Compañero de mostrador: buscan tus palabras

El abrigo de las terrazas y el aire ahumado

De las buenas tabernas sin aluminio.

 

En Valdepeñas amanece tu sonrisa

Ciudad de Joaquín Brotóns en los soportales

Y su negra americana de terciopelo.

¡Son tantas cosas y brotan tantos recuerdos

En la esencia de nuestras noches!

 

El autor

Raúl Carbonell Sala nació en el bello pueblo de Cárcer (Valencia), en 1950. Es poeta, dramaturgo y novelista en lengua castellana. Su amplia obra, que ha sido galardonada con afamados premios, como el conocido y reconocido “Premio Valencia de Novela”, entre otros, está compuesta por títulos de tomos de versos como: “Interior Esencial”, “Viaje al Océano”, “Nocturno sin consejo”, “Decir”, “Fotogenia” y “Cantata al Valle de Cárcer”. Como narrador, cabe destacar: “Espejos Planos” (Cuentos); y las novelas: “Telón de Fondo”, “Bibelot”, “El siglo de los artistas”, “Moreno”, “Tres libros sin amor” y “Burla del diablo perdedor”.

Poco más puede añadir el “plumilla” de esta crónica, que la ha escrito son la sangre roja de su corazón lacerado y la nostalgia y el recuerdo de aquellos años  juveniles de sueños literarios,  sobre éste literato valenciano-valdepeñero de pies a cabeza, que tan a fondo conozco y cuya obra ha sido considerada por los críticos, como uno de los mejores escritores y más singulares de las últimas décadas en el ámbito de la Comunidad Valenciana.

Y pongo punto final con un fragmento  de una carta que don Antonio Machado le escribió a Juan Alcaide, tras conocer su obra: “He leído y releído con deleite su libro y aunque no estuviera comprometido mi amor propio en su obra, no dejaría de admirarla por lo que ella vale. Es usted un verdadero poeta”, texto, que hago mío y que le digo a mi viejo amigo Raúl, que, además, goza muy merecidamente de el privilegio- raro en España- de ser un bardo querido y valorado en su pueblo natal, hasta el extremo de que hace ya años, que la Biblioteca Municipal de Cárcer, lleva el nombre de Raúl Carbonell Sala. “Obras son amores y no buenas rezones”, querido y admirado amigo.

www.joaquinbrotons.com