María, “viva” por la ayuda de la expareja de su maltratador

Belén Rodríguez Ciudad Real

La víctima de un maltratador reincidente relata cómo la ayuda de otra maltratada por el mismo hombre le ha servido para darse otra oportunidad: "Lo cuento para que otras no caigan en lo mismo"

María, una de las mujeres que pasan por el centro de la mujer de Ciudad Real (seiscientas nuevas de media al año), empieza a admitir que es una víctima de la violencia de género, aunque le cuesta. «Sé que lo soy, pero hay veces que me preguntan y lo niego, da vergüenza que se sepa».

“Viva”, es decir, dueña de sus decisiones y actos, no solo en el sentido literal, está en el complejo camino de desenganche emocional de su maltratador. De hecho si habla en esta entrevista para Lanza  es gracias a otra mujer, expareja de su maltratador, que la abordó en la calle, se plantó delante y le soltó algo como “¿qué quieres, acabar muerta y enterrada?” En ese instante se quitó la venda, empezó a tomar distancia, y a seguir los consejos tanto del psicólogo del centro de la mujer, como de otra profesional que la trata.

El caso de esta víctima que habla en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer, “para que otras no caigan en lo mismo”, es muy grave. Sin haber cumplido los treinta, María encadena dos relaciones de maltrato consecutivas. Por la última el agresor está en prisión, y ella tiene orden de alejamiento y protección policial.

“Yo estaba saliendo de una situación de maltratado psicológico cuando me metí en otra relación mucho peor. Él se aprovechó de esa debilidad para acercarse a mí. Cuando lo conocí todo me pareció idílico, teníamos los mismos gustos, nos habían pasado las mismas cosas…”

Primera denuncia y recaída

No fue hasta el año de relación, “estaba embarazada y él ya me había pegado varias veces”, cuando se dio cuenta que estaba sufriendo violencia de género. “Quise tomar la iniciativa, le dije que se fuera de casa, no quiso, y me amenazó con hacerle cosas a mi familia”. En ese momento fue capaz de pedir ayuda y denunciar. Pero después recayó, “quité la orden, volví con él; al poco se puso otra denuncia, pero incluso con esa segunda denuncia seguí teniendo contacto después de dar a luz”.

A esta víctima, como a otras mujeres en situaciones parecidas, le “daba pena” privar a su bebé de la figura paterna. Ha sido meses después y con terapia cuando se ha dado  cuenta “de que un maltratador no es buen padre”. “Hay momentos que pienso, vaya, ¡lo que se pierde!, luego sé que no tiene esos sentimientos, que en mi bebé solo ve una manera de acercarse o mantenerme manipulada”, reflexiona.

Varios días encerrada con él

Le pasó en otra nueva recaída, cuando, pese a estar recibiendo ayuda en el centro de la mujer, al que llegó derivada de la Oficina de Víctimas de Violencia de Género de los juzgados, su maltratador se le metió en casa. “Intentó que volviéramos y estuvimos varios días encerrados, hasta que logré escaparme y alguien llamó a la policía”.

Miedo a cuando salga de la cárcel

Desde esa última vez no ha tenido contacto con él. Está más tranquila emocionalmente y fuerte, intentado sacar adelante a sus hijos, trabajar y darles lo mejor, pero tiene miedo a cuando salga de la cárcel. “Sé que tiene que salir y acercarse se va a acercar”.

“En cuanto pase la Policía me avisa y tenemos un año más de orden de protección. Saber que están ahí me da tranquilidad, para cualquier emergencia avisas y están, aunque hay veces que no te da tiempo ni a coger el teléfono” (en su caso se activaría el programa Cometa, la pulsera antimaltrato, que detecta si él está cerca de la protegida y lanza una señal visual).

Pese a las dificultades, los miedos y las dudas, esta mujer anima a otras en su misma situación a denunciar y pedir ayuda. “La última vez no supe cómo volver a comisaría y decir, ‘mira, es que he vuelto’, pero lo hice”. Incluso tiene un código secreto con sus amistades para que avisen a la Policía si les llega esa señal. También están los teléfonos específicos el 016 y el 900 100 114.

En cuanto al tratamiento es indefinido, “hasta que los psicólogos vean que vuelvo a ser como era antes, pero con una mentalidad nueva”.

Julio de la Cruz, psicólogo y coordinador del centro de la mujer, en una sesión con 'María' / Clara Manzano

Julio de la Cruz, psicólogo y coordinador del centro de la mujer, en una sesión con 'María' / Clara Manzano

Perfil de lo más dispar

El caso de María refleja uno de las cientos de realidades de mujeres (no todas por problemas de maltrato) que pasan por el centro de la mujer de Ciudad Real (atiende a la capital, Poblete, Carrión y Villar del Pozo). No hay perfil específico de maltratada, el perfil de la mujer víctima es de lo más dispar. “A una mujer mayor le es mucho más difícil  salir de una situación que viene asumiendo veinte o veinticinco años, yo siempre digo lo mismo para que mujer mayor salga de una situación de maltrato imagínate cómo tiene que estar”, afirma Julio de la Cruz, psicólogo y coordinador del centro.

Lo que más diferencia a unas mujeres de otras es la edad, “una mujer joven es más sensible a la violencia machista, lo ve antes, una mujer mayor tiene mucho más asumidas creencias erróneas, como esa de que las relaciones son hasta que la muerte nos separe”.

La violencia vicaria, lo peor

“Lo peor que tenemos ahora es la violencia vicaria, no hay herramientas para proteger a las víctimas de eso. Puede que en el caso de María no lo tengamos, pero en el resto de casos de malos tratos en los que no hay denuncias es muy habitual que ellos aprovechen las visitas a los hijos para maltratar a las madres con mensajes, retrasos en la entrega, es tremendo”.

La retirada de la patria potestad en España, aunque está recogida en la ley integral de violencia, es difícil que aplique y si se hace es los casos extremos. “Tenemos una ley de hace poco que si hay sentencia condenatoria puede que el maltratador no tenga régimen de visitas. Nosotros tenemos claro, y las mujeres cada vez se dan más cuenta, que un maltratador no puede ser un buen padre”.

Este 25 de noviembre de 2021 el centro de la mujer de Ciudad Real, como los del resto de la provincia, bulle de actividad. “En pandemia no cerramos pero trabajamos de otra manera, desde casa y con una persona aquí de guardia cada día para atender las llamadas urgentes”. En esos meses del confinamiento hubo menos denuncias, incluso menos consultas de maltratadas al centro, que han vuelto con la misma intensidad que antes.

Curar la “adicción emocional”

“A lo que le dedicamos más tiempo es a la adicción emocional que una mujer crea con su pareja. Es muy, muy difícil, es como un compromiso sellado con sangre, casi imposible de romper. Lo he comentado hoy con María, tanto ella como otras se plantean cuestiones nimias como por ejemplo felicitarle por su cumpleaños, hasta ese extremo llegan”.

De la Cruz destaca la importancia de la atención que recibe cualquier mujer que necesita ayuda, bien por violencia o de cualquier otro tipo. “Disponemos de la atención integral de una técnica de empleo, una trabajadora social, una abogada, y la psicológica, es un tratamiento muy completo, eso es muy reconfortante, para cualquier problema, no solo de malos tratos”.

El centro no es un ente que vaya por libre, “cuando es necesario contactamos con servicios sociales, a la vez recibimos mujeres derivadas de otros servicios como la Oficina de Víctimas de los juzgados”.

La manera de trabajar con las mujeres maltratadas es la misma en Ciudad Real que en los pueblos del entorno, solo que en las poblaciones pequeñas cuesta más que se desplacen hasta el centro, en ellas se detectan más casos en cursos y talleres.

“El trabajo es como antes de la pandemia, salvo por la mascarilla y la pantalla de protección para las entrevistas presenciales. Damos apoyo psicológico, jurídico; hay una técnica de empleo para buscar oportunidades laborales, y la trabajadora social que se ocupa de las ayudas a mujeres víctima. También servimos de enlace con los servicios sociales”.

El teléfono no paró de sonar durante la pandemia, ahora el ritmo de trabajo es muy alto, son más de 2.000 consultas al año y alrededor 600 mujeres nuevas cada año. Las entradas nuevas se contabilizan a partir del primer día del año, a ellas hay que sumar las mujeres que seguimos atendiendo de otros años.