Medicina Interna: la vanguardia del HGUCR contra el Covid

Noemí Velasco Ciudad Real

Beatriz La Rosa, internista del Hospital General Universitario de Ciudad Real, formó parte de la vanguardia contra el Covid en la 'primera ola' / Elena Rosa

Beatriz La Rosa, internista del Hospital General Universitario de Ciudad Real, recuerda que la semana siguiente al 14 de marzo los casos de Covid empezaron a duplicarse, triplicarse, y los sanitarios tuvieron que hacer frente a una presión asistencial nunca antes vivida. Todavía hoy confiesa que cuando llega a planta no sabe cuando va a acabar su jornada laboral. En este tiempo, una de las cosas más dolorosas ha sido la comunicación con los familiares de los enfermos por teléfono

La medicina nunca fue una profesión cómoda: largas jornadas de guardia, alta presión asistencial en cada invierno, la lucha constante con la enfermedad y el doloroso trato con las familias cuando la vida se tuerce. La pandemia, sin embargo, ha traspasado todos los límites vividos por las últimas generaciones de facultativos.

Beatriz La Rosa, internista del Hospital General Universitario de Ciudad Real, estuvo en primera línea en la ‘primera ola’ producida por el coronavirus en España, y en estos momentos es una de las médicas que dirige la consulta de diagnósticos no demorables que responde a los ‘enfermos no Covid’ que no pueden esperar más y que ha cobrado relevancia en los últimos meses.

Procedente de Jaén y afincada desde 2012 en Ciudad Real, donde hizo su residencia y trabajó tres años en el servicio de urgencias, La Rosa habla de la multiplicación de los contagios desde el pasado mes de marzo, del agotamiento tras doce meses de pandemia y del difícil trato con las familias cuando el teléfono es la única vía de comunicación.

El tsunami de marzo de 2020

Cuatro o cinco días antes de la declaración del primer estado de alarma apareció el primer positivo en Ciudad Real, que recibió la atención de los especialistas en enfermedades infecciosas, pero pronto la pandemia puso el hospital patas arriba, que tuvo que volcarse en la lucha contra el virus. “Nunca hubiera esperado lo que se nos venía encima”, dice.

Al principio los ingresos fueron “de forma paulatina”, pero en la semana siguiente al 14 de marzo el virus evolucionó sin control. “Cada día se duplicaban, se triplicaban el número de ingresos”, cuenta, por lo que todos los especialistas de Medicina Interna, su área, formaron parte de la vanguardia en la lucha contra el coronavirus.

Aunque predominaba el paciente anciano, enfermos de todo tipo de perfiles ingresaban en planta y en UCI, todos “con neumonía por Covid, algunos mejor o peor, pero con características similares”. En los primeros días, ponerse un EPI la impresionaba, pero para ella “lo peor fue la presión asistencial”.

Beatriz La Rosa explica que hay que tener en cuenta que los médicos “tuvieron que empezar a hacer guardias de más, no solo por el aumento de enfermos”, sino porque “en ese momento empezaron a contagiarse compañeros, había más bajas”, y por lo tanto menos profesionales tenían que frenar el tsunami.

Todos los inviernos, destaca la doctora, “hacemos frente a una presión asistencial alta”, pero insiste en que “los niveles que se alcanzaron en la ‘primera ola’ y que existen en la ‘tercera’ eran nuevos”. Fue por ello que Medicina Interna tuvo que recibir ayuda de otras especialidades.

El teléfono: única vía de comunicación

Para Beatriz La Rosa, una de las cosas más dolorosas, ha sido la eliminación del contacto visual y físico con las familias de los enfermos / Elena Rosa

Para Beatriz La Rosa, una de las cosas más dolorosas, ha sido la eliminación del contacto visual y físico con las familias de los enfermos / Elena Rosa

Como consecuencia del aislamiento de los enfermos, para Beatriz La Rosa una de las cosas más dolorosas de sobrellevar en todo este tiempo ha sido la comunicación diaria con los familiares por teléfono, cuando no siempre hay buenas nuevas.

Hay que tener en cuenta que hace un año el paciente fallecía acompañado de su familia y los médicos informaban a los parientes en persona, sin embargo, ahora las visitas están muy restringidas, tanto con el paciente infectado como para el que no lo está. Esto genera una gran “angustia”.

“Llamar a las familias para comunicar malas noticias por teléfono, eso es algo que a mí me ha costado bastante, porque intentas transmitir a las familias que les apoyas, que has estado con su familiar hasta el último momento, que has paliado cada síntoma para que no sufra, pero por teléfono es muy difícil”, explica la médica.

La desaparición del contacto visual y físico, para transmitir con la expresión “tranquilidad o cariño simplemente a las familias”, ha sido muy impactante para la médica, que echa de menos la posibilidad de acercarse a las personas para decir “lo siento”, para que vean en su expresión “que lo sientes de verdad”.

La “consulta de diagnósticos no demorables”

La ‘segunda ola’ no fue tan fuerte en Ciudad Real, pero las infecciones se sucedieron hasta el nuevo pico experimentado tras la Navidad, por lo que el Covid exigió hace bien poco una nueva reestructuración de servicios, y Beatriz La Rosa está en la actualidad al frente de una “consulta de diagnósticos no demorables”.

La cuestión es dar respuesta a “patologías tumorales, síndromes febriles de los que no se sabe la causa y enfermedades tromboembólicas”, entre otras. La médica destaca que “se trata de dar cobertura a los pacientes que no pueden esperar a una consulta habitual y que tenemos que ver con cierta prioridad”.

El Covid ya no es un virus puntual, sino que los sanitarios no saben cuándo terminará esta situación, por lo que, desde esta consulta, La Rosa, y otra facultativa, realizan en coordinación con Atención Primaria y Urgencias “un esfuerzo gigante para que funcione con total normalidad”. Así ha podido continuar este servicio suprimido en la ‘primera ola’, pero no en la segunda, ni en la tercera.

Jornadas laborales infinitas

Con “calma” intenta gestionar La Rosa la ‘nueva normalidad’. “Nosotros venimos a las 8 de la mañana y no sabemos cuándo va a terminar nuestra jornada laboral, y es un importante esfuerzo tanto físico, como emocional”, explica La Rosa, que confiesa que muchos días tiene que comer “a las 5, a las 6 o incluso a las 7 de la tarde”.

Según cuenta, “la labor del médico requiere un esfuerzo muy importante, pero es cierto que en el último año ha aumentado de una forma brutal”. “No tengo otra palabra para decirlo, ni siquiera podría decir que se ha multiplicado por 2, no sé si por 3”, explica.

Son horas y horas “de dedicación exclusiva al hospital”. Para esta médica, la vida personal prácticamente ha desaparecido, pues “atender a los pacientes con la misma calidad asistencial de siempre en nuestra jornada laboral es prácticamente imposible”, recalca.

A nivel personal, lo más duro ha sido su separación de su familia. En un año ha limitado sus contactos prácticamente a su marido. “Yo soy de Jaén, antes iba a mi casa una vez al mes y ahora en todo el año he ido una vez. Entonces, claro, no ver a la familia, desde agosto, cuesta”, dice Beatriz La Rosa, que se emociona.

Solidaridad en forma de ‘sujetamascarillas’

Beatriz La Rosa destaca que

Beatriz La Rosa destaca que "protegernos cada uno, al final es cuidar del resto" / Elena Rosa

A las puertas del hospital, Beatriz La Rosa valora “la solidaridad entre compañeros”, y también, de la ciudadanía. Recuerda que un día, una amiga suya la pasó una dirección y “por la ventana, con una cuerdecita, descendió una bolsa con ‘sujetamascarillas’ de una persona totalmente desconocida para mí”.

“Gracias, gracias por la labor que hacéis”, la dijeron aquellas personas en un momento “realmente emocionante”. La Rosa recuerda los aplausos a los sanitarios todos los días de la ‘primera ola’ a las 8 de la tarde, aunque hoy al hablar del aumento de los contagios en la tercera no puede evitar la frustración.

La ‘tercera ola’ no la ha pillado de sorpresa. Así pues, la doctora destaca que “con medidas más laxas y reuniones familiares, no había duda de que vendría un número de casos. Por eso, confiesa que la hubiera gustado “más responsabilidad, por parte de todos, tanto a nivel político, por las medidas que no tomaron, como de los ciudadanos”.

Si los ciudarrealeños vieran la realidad del hospital, Beatriz La Rosa no tiene duda de que tomarían más precaución y limitarían al máximo los contactos. Le viene la imagen de los pacientes, “que están en una habitación solos, sin compañía y encima enfermos”, y por otro lado la de sus familiares en casa “con una incertidumbre incontrolable”.

Sin el aplauso de las 8 podría vivir bien, sin embargo, lo que pide la médica es que, “igual que yo en mi día a día me protejo, protejo a mis pacientes, protejo a mi familia no yendo a verlos, el resto de la población haga lo mismo y nos cuiden también de esa manera. Si el cuidarnos, el protegernos cada uno al final es cuidar del resto”, concluye.