La otra cultura

Javier Soria

No corren tiempos para quedarse de brazos cruzados esperando que la solución de los problemas que nos preocupan vengan llovidos del cielo

No corren tiempos para quedarse de brazos cruzados esperando que la solución de los problemas que nos preocupan vengan llovidos del cielo. El tema que nos ocupa esta semana podemos considerarlo como muy importante en la medida que ya nos estamos empezando a cuestionar aspectos de la educación que, a pesar de transmitirla correctamente a nuestros hijos, viene precedida de otra cultura muy capaz de desvirtuar todo lo aprendido anteriormente.

Queda claro que las reglas del juego ya no son las mismas, que las posiciones no son tan radicales y que el aspecto democrático en las relaciones padre e hijos son totalmente diferentes. Pero lo que estamos observando no nos hace demasiada gracia. Me refiero al ambiente que, siendo realistas, no beneficia nada al niño en la sociedad en la que se está viendo inmerso. Flaco favor estamos haciendo en aspectos de aprendizaje evolutivo, de la influencia de los medios de comunicación si no apreciamos el carácter trasversal de algunos valores que ni tan siquiera son visibles al ojo del educador.

La temática de algunos programas supuestamente dirigidos para niños, la temática de algunas series encaminadas a qué cosas… dibujos animados en los que el bombardeo es constante y la excitación de los sentidos es lo que aprenden. La cultura en la filosofía de la inmediatez consumista. Algunas veces nos quejamos amargamente que nuestros hijos no obedecen, no respetan la jerarquía y constantemente nos están sorprendiendo con algo nuevo.

Es normal, la relación causa-efecto viene determinada por esa información enmascarada en la temática del aspecto más lúdico y de entretenimiento, que ni tan siquiera compartimos con ellos. En una sociedad como la que tenemos, la generalización conlleva una gran injusticia, pero los casos que se están analizando ya se están escapando de los parámetros normales. La consecuencia es la conducta de nuestros hijos.

Queremos aportar a nuestra sociedad aspectos tan básicos como el más mínimo respeto a los demás y entender que el concepto de libertad, siempre es muy relativo. El uso y ejercicio de la libertad tiene que partir siempre del respeto a los demás y a uno mismo. Es esta máxima la que tenemos que transmitir a nuestros hijos en base a algunas reglas y ciertos límites de fácil cumplimiento.