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25 febrero 2024
ACTUALIZADO 14:49
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1958. El instituto que proyectó Fisac

El Instituto Bernardo de Balbuena, "un edificio que merece por sus valores arquitectónicos y culturales conservarse en adecuadas condiciones"
El Instituto Bernardo de Balbuena, “un edificio que merece por sus valores arquitectónicos y culturales conservarse en adecuadas condiciones”
Diego Peris
Se habla en estos días de la celebración el 90 aniversario del Instituto Bernardo Balbuena de Valdepeñas. Un edificio que comienza su historia en 1933 y que experimenta un cambio esencial a partir de 1958.

Es el momento en que se proyecta un nuevo edificio que se encarga al arquitecto Miguel Fisac. La Memoria del proyecto decía: Se trata de un edificio para albergar un Instituto masculino y femenino de enseñanza media que responde a las necesidades educativas del momento, realizado por encargo de la Dirección General de Enseñanza Media. El solar estaba situado junto al parque de ensanche con una superficie de 28.853,77 metros cuadrados, es sensiblemente horizontal lo que permite localizar el edificio y dejar libre dos zonas para deportes con un jardín y zona de recepción. La localización de las masas de arbolado trataba de separar las zonas masculina y femenina del Instituto.

El programa funcional

El Instituto masculino y femenino tenía un programa de aulas, laboratorios y espacios comunes generales. “El programa comprende una zona masculina y otra femenina y un grupo de servicios comunes, dirección y administración, iglesia, salón de actos, sala de dibujo, laboratorios de ciencias naturales, física y química, gimnasio y bar-comedor. Para la disposición de este programa dentro del conjunto se crea un eje principal que coincide con la entrada única para todo el edificio. En el vestíbulo, e inmediatamente a la izquierda, se sitúa la zona masculina que es un ala del edificio que comprende: una biblioteca para alumnos y salas para 5º, 6º y preuniversitario y sus correspondientes aseos y en la planta superior aulas para grado elemental, 1º, 2º, 3º y 4º cursos, y sus correspondientes aseos. Estas clases se calculan para 48 alumnos o para 24 según las necesidades de la enseñanza”.

A la derecha de la entrada, un patio de planta cuadrada alrededor del cual se localizan las zonas de dirección, secretaría, sala de profesores, dirección, director espiritual y aseos. Desde el vestíbulo se accede también directamente a la iglesia y al salón de actos. A mano derecha del eje principal se localiza la zona femenina que tiene aulas de 5º, 6º y preuniversitario y sus correspondientes aseos en la planta baja y en la planta superior aulas para grado elemental, 1º, 2º, 3º y 4º cursos, y sus correspondientes aseos.

“Por último existe una zona común, de una sola planta, en forma de zeta, en la que se sitúa el aula de dibujo, la de ciencias naturales, el laboratorio de química, despacho del jefe de estudios, almacén, taller, gabinete de física y laboratorio de física. Un comedor-bar y una zona completa de gimnasio compuesta por sala de aparatos y a ambos lados aseos y vestuarios masculinos y femeninos, con los departamentos de reconocimiento médico y rayos X, completan el programa”.

La composición del edificio

La planta tiene un núcleo central donde se albergan dos rectángulos diferenciados a ambos lados del acceso: uno de ellos destinado a salón de actos y el otro a iglesia. Un patio interior sitúa en su entorno los espacios de la secretaría y administración y una serie de despachos de dirección.

A partir de este cuerpo central se despliegan elementos rectangulares lineales que albergan las diferentes funciones del edificio. Un elemento lineal que sale en su lado izquierdo en dirección horizontal tiene aulas en uno de sus lados y un pasillo que comunica cada una de ellas con cerca de 60 metros de longitud que, en su inicio, tiene el espacio de biblioteca. Dos cuerpos lineales más cortos por encima del salón de actos albergan aulas y laboratorios. Al final del pasillo otro cuerpo más corto tiene el gimnasio en posición central y vestuarios a ambos lados.

Los cuerpos que denomina A y D tienen una segunda planta completando así el programa de aulas que necesita el edificio. Los alzados tienen, por tanto, una composición horizontal con grandes ventanales en aulas y laboratorios y huecos mucho más reducidos en los pasillos diferenciando así la doble imagen del edificio según los usos interiores. El volumen de la iglesia tiene una altura muy superior al resto de los volúmenes marcando con su cruz superior una referencia central en el conjunto.

De lo orgánico a lo racional

Un proyecto en el que parece haber renunciado a las soluciones orgánicas y el planteamiento racional de elementos lineales unidos entre sí por las áreas comunes del edificio configuran una planta de elementos geométricos que definen espacios de gran interés en su imagen exterior y en los espacios internos que se definen entre los volúmenes generales del conjunto construido. Una planta con un cuerpo central integrado por los volúmenes de la iglesia, biblioteca y zonas de dirección y ramas rectas que en el lateral izquierdo o derecho van albergando el programa de necesidades. En sus alzados formas y volúmenes geométricos con grandes huecos en fachadas de aulas y laboratorios y elementos más reducidos en espacios de circulación.

“La composición de las masas del edificio vienen fijadas fundamentalmente por la orientación más conveniente de cada uno de los recintos de que está compuesto, dando lugar a una disposición compensada que, sin ser anárquica, ni responder a preocupaciones que se podrían llamar de modernismo arquitectónico, huye también de otros criterios anticuados y formalistas de ejes rígidos y de una simetría que no corresponden a las funciones que cada uno de los recintos ha de tener en el edificio”.

En las aulas busca como elemento esencial la iluminación de los espacios. La iglesia y el salón de actos, como elementos singulares del conjunto son los que dan el carácter predominante tanto en altura como en volumen, y un pequeño patio interior. La iglesia, “dentro de su simplicísima disposición de volumen, se ha procurado conseguir que tenga un marcado carácter religioso, tanto por la disposición de la cubierta, como por la ordenación cromática de la luz”.

La protección del edificio

Un edificio que merece por sus valores arquitectónicos y culturales conservarse en adecuadas condiciones. La mejor protección de un edificio viene del aprecio que sus usuarios tengan al mismo que permite conservarlo en adecuadas condiciones. Legalmente hay instrumentos que establecen marcos de protección también importantes. El Plan urbanístico de Valdepeñas debe recoger el edificio en su catálogo monumental y el propio centro sugería como buena iniciativa el reconocimiento del Docomomo como edificio singular, categoría más que merecida. Y, junto a ello, el reconocimiento como centro docente histórico reconoce no sólo su arquitectura sino el fondo de mobiliario, de instrumentos de laboratorio, archivos y biblioteca que los edificios escolares han atesorado durante años.

Reconocimientos que deben ir acompañados de las inversiones necesarias para recuperar y mantener en buenas condiciones el edificio y su patrimonio mueble y documental. Espacios que pueden recuperarse como la iglesia manteniendo su volumen y su forma, aunque alberguen nuevos usos, o su tratamiento exterior, parte esencial también de su arquitectura. Un patrimonio que se ha mantenido vivo con su actividad docente y que puede y debe ser reconocido en su singularidad.

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