Algunas claves sobre ciencia e innovación en Castilla-La Mancha

Emilio Nieto Gallego, Juan Carlos López López y Enrique Díez Barra
Foto de archivo del Centro Nacional del Hidrógeno de Puertollano/Lanza

Foto de archivo del Centro Nacional del Hidrógeno de Puertollano/Lanza

En pocos días Castilla-La Mancha entrará en un proceso electoral para elegir el gobierno regional, y, una vez más, la política científica, tecnológica y de innovación de Castilla-La Mancha debería estar en la agenda política como una de las apuestas para asegurar el futuro de nuestra región.

El sistema de ciencia y tecnología español distribuye competencias entre el Estado central y las Comunidades Autónomas. Ambas administraciones son, por tanto, las responsables de la promoción y financiación de programas para crear conocimiento y transferirlo a la sociedad. Además, por un lado, universidades, el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el conjunto de centros de investigación, y por otro, las empresas, son los actores del sistema que hacen posible dichos procesos.

Sin embargo, la conexión entre creación de conocimiento y transferencia a la sociedad es un tema en permanente debate, al que se alude de forma reiterada, pero que muy pocas veces protagoniza la agenda política. Si bien ciencia e innovación son claves para el desarrollo económico y social, su impulso político en nuestro país, siempre escaso, ha estado además plagado de altibajos, con iniciativas puntuales y aisladas y una patente falta de continuidad. A pesar de ello, España se sitúa entre la primera docena de países del mundo en producción científica, quedando relegada en transferencia e innovación tras al menos 30 países que son más activos.

Castilla-La Mancha, una región históricamente poco industrializada con excepción de algunas zonas muy localizadas, y con universidad desde hace poco más de 30 años, ve agudizadas las deficiencias del conjunto del sistema español. Por eso, es preciso que el Gobierno regional impulse las acciones necesarias que nos hagan recorrer aceleradamente, al menos la distancia que nos separa del resto de España.

Indicadores de capacidad científica

Si nos centramos en el ámbito investigador, Castilla-La Mancha cuenta con una Universidad regional que, aunque joven, posee indicadores de capacidad científica bastante mejores que los de otras universidades más establecidas. El aprovechamiento de los recursos europeos a través de los programas FEDER, así como la financiación obtenida en programas de investigación competitivos, ha generado un sistema investigador universitario que, en algunas áreas, proporciona excelentes resultados.

Del mismo modo, los centros de investigación existentes en la región, aunque muy escasos, han desarrollado una labor encomiable aprovechando de forma óptima sus exiguos recursos y generando capacidades de alto valor añadido. Ahora bien, si, a pesar de los vaivenes en financiación de los últimos años, podemos considerar que el sistema científico regional está razonablemente preparado y a un nivel competitivo, los recursos humanos han sufrido un importante retroceso.

Y es que la clave del desarrollo científico está en las personas, los investigadores. La falta de vías de acceso al sistema de ciencia y tecnología y la imposibilidad de asegurar una estabilidad en la carrera científica han minado la motivación y han provocado escasez de investigadores jóvenes, que se han visto obligados a buscar fuera de nuestras fronteras su desarrollo profesional.

Por ello, es necesario, por un lado, ampliar el número de investigadores en formación doctoral, y, por otro, promover la incorporación permanente de profesionales con alto bagaje investigador que impulsen de forma acelerada la consecución de fondos nacionales y europeos y el desarrollo de actividades que aporten valor. Y como puente entre ambos, es preciso incorporar mecanismos de formación postdoctoral que permitan ampliar la capacidad de los grupos de investigación, asegurando tanto la estabilidad de los investigadores aquí formados como la captación de otros que procedan de fuera de la región.

Ampliación de las plantillas investigadoras

La inversión en la captación de personas es siempre productiva: destinar fondos a la incorporación de investigadores permite asegurar, casi directamente, una mayor captación de fondos sin incrementar los recursos regionales directamente destinados a financiar proyectos. Una acción decidida en la ampliación de las plantillas investigadoras en áreas prioritarias, y un soporte básico continuado para los equipos de investigación, junto con el establecimiento de incentivos cuando se consiguen recursos en convocatorias nacionales y europeas, deberían constituir las claves fundamentales del crecimiento científico en Castilla-La Mancha.

Pero sólo si la sociedad percibe el valor de la investigación como algo vital para el desarrollo económico y social, ésta podrá seguir aportando valor y creando bienestar y riqueza. Y para realizar esa conexión entre ciencia y sociedad, son necesarias, por un lado, acciones de difusión y divulgación, cuyo impulso es responsabilidad de los gobiernos, que deben reforzar el valor de la ciencia con su presencia y una implicación y acción decidida.

Pero, por otro lado, se precisa además una vinculación directa de la investigación con el tejido productivo, lo que significa potenciar adecuadamente los procesos de innovación, esto es, mejorar la capacidad de las empresas para que puedan incorporar de forma efectiva el conocimiento generado.

En este sentido, los modelos de colaboración basados en la cooperación público-privada resultan esenciales, ya que permiten integrar en ecosistemas de innovación, además de grandes empresas tractoras y PYMEs, a universidades y centros de investigación, emprendedores, empresas de capital-riesgo, proveedores de servicios en general y, por supuesto, a la administración pública, cuyo papel es nuevamente esencial tanto en financiación y políticas fiscales como en la creación de un entorno de colaboración estable entre todos los actores del sistema.

El ámbito regional resulta, por tanto, esencial para favorecer estas colaboraciones, como demuestran tanto los casos de éxito más emblemáticos en todo el mundo como la política regional de la UE, que, con su gran poder inversor, se ha orientado a explotar la capacidad de las regiones como protagonistas del esfuerzo innovador. Castilla-La Mancha debe ser consciente de ello y aprovechar esta oportunidad.

Ventajas importantes

La proximidad que implica el entorno regional ofrece ventajas importantes. La cercanía social de la administración regional, la fácil identificación de grandes actores empresariales y las posibilidades de fomento de su capacidad de tracción, el conocimiento de un tejido empresarial PYME próximo, la necesaria complicidad con las instituciones de I+D+i, son algunas entre otras muchas que el gobierno de Castilla-La Mancha debe aprovechar. Y para ello, debe impulsar nuevos formatos sociales e institucionales que permitan la creación y transferencia de conocimiento, incidiendo fundamentalmente en dos aspectos: reconociendo el protagonismo de la industria y reforzando el papel de la universidad y los centros de investigación.

En este contexto, la complicidad entre el sistema de I+D y la empresa resulta esencial. Sin embargo, la necesidad en el ámbito empresarial de resultados a corto plazo para un acceso rápido al mercado, y la exigencia en el mundo científico de resultados académicos, más ligados muchas veces a la investigación básica, lastran en numerosas ocasiones esa relación.

Es responsabilidad de ambas partes entender que los procesos de generación y transferencia del conocimiento tienen su cauce natural en la cooperación entre ambas, pero es de nuevo la administración regional la que puede arbitrar mecanismos de encaje que, por un lado, impulsen el desarrollo de políticas de I+D en la empresa y, por otro, favorezcan las que permitan el reconocimiento de la transferencia en el ámbito científico.

Soluciones para cubrir las necesidades

Pero Castilla-La Mancha no parte de cero. Muchos grupos de la universidad regional, principal institución en el ámbito de la I+D, han participado ya activamente en actividades de transferencia (proyectos, consorcios, patentes…). También los escasos centros de investigación regionales tienen en su ADN el desarrollo de soluciones para cubrir las necesidades del mercado. Y cada vez más empresas entienden esta necesidad. El resultado de la colaboración entre la universidad, centros de I+D y empresas en el marco de programas tanto europeos como nacionales ha demostrado las capacidades de esta alianza natural y necesaria. Pero dicha alianza se ha visto amenazada por las nuevas políticas de financiación que, más cercanas al negocio/mercado, se alejan de una visión compartida del proceso de innovación y no reconocen la necesaria participación del sistema de I+D en dicho proceso, algo que hay que corregir.

En definitiva, Castilla-La Mancha cuenta con los elementos necesarios para llevar a cabo de forma exitosa los procesos de creación y transferencia de conocimiento: una universidad joven pero eficaz, una serie de centros de investigación aplicada promovidos por la administración y un tejido industrial quizás escaso pero capaz, además de otras instituciones que realizan labores importantes para fortalecer la cadena de valor de la innovación y su conexión con el ciudadano.

Esta situación permite afrontar el futuro con esperanza, algo que sólo será posible si el próximo gobierno asume la ciencia, la tecnología y la innovación como prioridades, políticas y económicas, y se dota de la normativa y los recursos necesarios para propiciar y liderar políticas que permitan abordar con garantías, entre otros, los retos arriba esbozados.

 

Emilio Nieto Gallego (Director del Centro Nacional del Hidrógeno. Puertollano)

Juan Carlos López López (Catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores. UCLM)

Enrique Díez Barra (Catedrático de Química Orgánica. UCLM)