Voluntariado cultural en Tomelloso: el albor de la revista ‘Albores del espíritu’

Pilar Serrano de Menchén

Hacía unos siete años que había acabado la Guerra Civil cuando Francisco Adrados reunió a un grupo de jóvenes tomelloseros que, custodiados por el Provincial de los Carmelitas, P. Pedro Benítez García y el P. Bernardo Martínez Grande, periodista de la Orden Carmelita en la ciudad de Plinio y un tanto poeta, congregación que empezaba a ejercer labor docente en Tomelloso ─Colegio Santo Tomás de Aquino─, decidieron crear la revista, aportando mucha ilusión y una clara idea de entendimiento y tolerancia.

Según se sabe y es pública voz y fama ALBORES DEL ESPÍRITU fue una revista mensual de exaltación manchega ─así lo expresa en su cabecera─, fundada por Bodegas Santa Rita, González Lomas S.L., una empresa vinatera y alcoholera de Tomelloso, compuesta por dieciséis socios y liderada por Lorenzo González Lomas, el cual le propuso a Francisco Adrados Fernández, personaje culto y aperturista nacido en Tomelloso, 25/02/1925, crear un medio de comunicación que viniera a paliar la escasez de periódicos y revistas en un pueblo (ahora ciudad) que siempre ha tenido un poso o reposo peculiar y genuino para los artistas y escritores; y el proyecto se llevó a cabo, ponderado con el idealismo y la generosidad de sus patrocinadores y director pensando en el axioma de lo que dijo Machado: «mejor que hacer cultura popular, hay que hacer popular la cultura».

Y bien acertó Lorenzo González con la persona elegida; pues se trataba de un joven de unos veinte años que contaba ya con una esmerada educación; pues dicho personaje se empeñaba, a pesar de las dificultades del momento, en graduarse como maestro; posteriormente logró el título de abogado y periodista y con el tiempo llegaría a trabajar como Redactor Jefe en ABC, medio de comunicación en el que dirigió varias secciones: Económica, Páginas Culturales, Nacional y Política Internacional; siendo cronista de Bolsa, 1962 a 1971, y viajando a diversos países como enviado especial de tan antiguo periódico. (Falleció en la alicantina población de Torre de la Horadada, el 15/02/2007).

Tan peculiar revista, tal como consta en el encabezamiento de cada uno de los números, fue financiada, ya lo hemos anotado, por Bodegas Santa Rita y distribuida gratuitamente. Dos números vieron la luz con el título de Albores y fue en la tercera entrega cuando se legalizó su cabecera que ya aparecería como Albores del Espíritu.

Comenzó su andadura en septiembre de  1946, unos meses antes que se empezara a conmemorar en nuestro País el IV Centenario del nacimiento de Cervantes. Según refiere la profesora Josefina Tafalla en su excelente tesis doctoral, publicada recientemente por la BAM (Diputación de Ciudad Real) y que está dedicada a esta revista; información que se puede comprobar en los dos volúmenes facsímil, publicados también por la Biblioteca de Autores Manchegos en 2010, Albores se editaba en color y papel satinado con un buen número de cuadros de afamados artistas y fotografías.

De Albores (llamada así coloquialmente) se publicaron 33 números de 24 páginas, excepto el extraordinario dedicado a Cervantes (septiembre, 1947) que tiene 36. También hay dos especiales: el ofrecido a la Virgen del Carmen (julio, 1947) y el que homenajea a Antonio Machado (febrero, 1949) cuando se cumplía una década de la muerte del poeta. Algunos de los autores de tan excepcionales imágenes fueron: Huertas, Muñoz, F. Romero, Alejandro Sánchez, Márquez Vela, Merlo Delgado, Guerrero, F. González Ruiz, J. Lomas Lara, J. Alonso, Solís…; y pintores de la talla de López Torres, Villaseñor, Gregorio Prieto, etc..

Escritores y otros artistas participantes

Como decimos, hacía unos siete años que había acabado la Guerra Civil cuando Francisco Adrados reunió a un grupo de jóvenes tomelloseros que, custodiados por el Provincial de los Carmelitas, P. Pedro Benítez García y el P. Bernardo Martínez Grande, periodista de la Orden Carmelita en la ciudad de Plinio y un tanto poeta, congregación que empezaba a ejercer labor docente en Tomelloso ─Colegio Santo Tomás de Aquino─, decidieron crear la revista, aportando mucha ilusión y una clara idea de entendimiento y tolerancia.

La plantilla de este voluntariado cultural (ahora tan de moda) la formaban, entre otros: el novelista Francisco García Pavón, Juan Torres Grueso (escritor),  Gregorio Muñoz (fotógrafo), Antonio Huertas (biólogo), Pedro Echevarría (musicólogo) Antonio López Torres (pintor), Francisco Pérez Fernández (Filósofo), Victoriano Serrano (especialista en marquetería), Francisco García Salinas (taraceísta), etc.. Dos mujeres constan en tan notable lista, la escritora de Tomelloso Isabel Pedrero: su prosa ágil y delicada denota una gran sensibilidad; y la afamada poeta sevillana Esperanza Perales, conocida por el seudónimo de Eva Cervantes.

Tan importante grupo, guiados por Adrados Fernández, supieron expandir y dar a conocer Albores desde una óptica de respeto y entendimiento. Y lo hicieron amasando la luz de la Mancha con el brindis vinatero de un Tomelloso que cernía su corazón a un sol precursor de la esperanza. Y concibieron tan esmeradamente el proyecto que, al poco, otro buen número de profesores, poetas, escritores, periodistas, fotógrafos y pintores de nuestra Provincia y País, decidieron participar en el excepcional periplo de dar vida a un medio de comunicación  quijotesco y útil en una época donde cualquier texto se examinaba despacio y  concienzudamente.

Respecto a los que decimos, por no hacer tediosa la lista, anotaremos sólo a Francisco Layna Serrano, Gregorio Planchuelo Portalés, José María Martínez-Val, Camilo José Cela, Ángel Crespo, Juan Alcaide, Emilio Bernabéu, Carlos Calatayud, Carlos Morales Antequera, Carlos María San Martín, Ángel Dotor…; más los pintores: Manuel L. Villaseñor, Ángel Andrade, Gregorio Prieto… Personalidades culturales eran ya entonces; admirados ahora por cuantos conocemos su talante y obra. Cada uno de los anotados atesoraban el don de la sabiduría e ilusión, abiertas ambas a los cuatro puntos cardinales de una tierra donde lo infinito anunciaba y anuncia la completa luz del día, destacando en un cielo abierto a la esperanza.

Muy claramente se ve lo que decimos en las sucesivas entregas de Albores; porque a través de los distintos números, vemos que sus articulistas cumplen con el deseo de ir avecindando en torno a Tomelloso, y a esta revista, a los manchegos. Un empeño colectivo idealista y soñador de promocionar a la Mancha, dar a conocer una tierra sempiternamente olvidada y obviada, ponderando y dando a conocer, no sólo sus paisajes naturales, sino los monumentos más señeros que imperaban en cualquier pueblo, camino o altozano; idea peculiar y novedosa donde plasmaron lo que habíamos sido, entonces éramos y esperábamos ser en el futuro.

El mancheguismo y cervantismo (luego tan manoseado) lo puso de moda, en aquellos difíciles años, Albores, a través de los numerosos artículos dedicados a este fin. En sus páginas se alternaba, en aras de la amenidad, la poesía con bellas imágenes pictóricas y fotográficas. Así se observan composiciones de excelentes poetas, ya citados y otros menos conocidos, así como ensayos cervantinos realmente notorios, amén de fotografías que actualmente son joyas que tenemos que conservar.

Destaca la revista por apostar y plasmar un perenne diálogo: tolerante y abierto, en una España compleja y difícil. En este aspecto queremos destacar a Francisco Adrados Fernández, el cual, por su grado de Director, había de componer lo inmediato con sensatez y cuidando no herir sensibilidades. (Luego, a lo largo de su periplo vital, realizaría un excelente trabajo de investigación sobre Cervantes, dando a conocer múltiples aspectos de la vida del alcalaíno y casuística literaria y vivencial del autor del Quijote). Asimismo destaca la generosidad de los dueños de Bodegas Santa Rita, González Lomas S.L.; pues donaron a Tomelloso un nuevo horizonte de paz y concordia. Compromiso social para una tarea, creemos, entonces poco valorada.

Pero sabido es que la belleza de un ideal siempre se colma a través de lo posible. Ahora, sumando calendas observamos que aquella generosidad, a través del equipo de Albores del Espíritu, supo aportar a la sociedad de entonces un diálogo permanente que oscilaba sabiamente entre idealismo y realidad. Por ello, después de casi 70 años, todos los que participaron en tan notable revista podrían decir lo que vaticinó don Quijote: «Yo sé quién soy y sé que puedo ser».

Al aforismo cervantino nos atenemos, uniéndonos a la admiración colectiva de un grupo que supo ser pionero en cultura y generosidad.