Manuela Simón: “ETA está totalmente derrotada, ya es polvo en la historia”

Belén Rodríguez Ciudad Real
Manuela Simón, con el primer tomo de 'Historia de un desafío', el libro que describe 50 años de historia de lucha de la Guardia Civil contra ETA / J.Jurado

Manuela Simón, con el primer tomo de 'Historia de un desafío', el libro que describe 50 años de historia de lucha de la Guardia Civil contra ETA / J.Jurado

La cabo primero de la Guardia Civil Manuela Simón, natural de Torrenueva, es coautora de ‘Historia de un desafío’, uno de los libros del momento que relata 50 años de lucha del instituto armado contra ETA. En esta entrevista cuenta cómo pasó en apenas un año de estudiar COU en un instituto de Valdepeñas a trabajar en una unidad de élite en la lucha antiterrorista en el País Vasco a finales de los años ochenta. Por su participación en la desarticulación del 'comando Araba' de ETA se convirtió en la primera mujer condecorada en la Guardia Civil.

Manuela Simón (Torrenueva, 1969), miembro de la primera promoción de mujeres de la Guardia Civil, apenas tenía 19 años en 1989 cuando participó en la desarticulación del comando Araba de ETA, una larga operación que explotó en una batalla campal con pistolas y granadas en la frontera con Francia. El resultado, dos etarras muertos, dos detenidos y dos guardias civiles heridos. Así “consiguió” ser la primera mujer condecorada en la Guardia Civil, y eso que sólo llevaba tres meses formando parte de la Unidad de Servicios Especiales, en la vanguardia de la lucha antiterrorista, a la que esta ciudarrealeña que sigue regresando a su pueblo de forma regular ha dedicado toda su carrera profesional.

La cabo primero Simón y “su jefe”, el coronel Manuel Sánchez Corbí -ahora responsable de la UCO-, son los coautores de uno de los libros del momento: ‘Historia de un desafío’, una extensa compilación de operaciones y testimonios recogida en dos gruesos tomos, que tiene además una versión corta,  ‘Sangre, sudor y paz’, esta última firmada por el escritor Lorenzo Silva junto con Corbí y el periodista Gonzalo Araluce. “En 2012, con la banda totalmente derrotada, pensamos que era el momento de contar nuestra historia, sobre todo para que no se adelantasen “los malos” tergiversando lo que ha ocurrido. Ha sido un honor formar parte del equipo”.

Pregunta.- ¿Cómo y por qué decide una joven de Torrenueva en los años ochenta hacerse guardia civil cuando no había mujeres en el cuerpo?

Respuesta.- Desde pequeña me gustaban mucho las series de policías y todo lo que tuviera relación con esto. Aunque vivía en Torrenueva, un pueblecito muy pequeño, al lado de mi casa estaba el cuartel de la Guardia Civil y mi mejor amiga, Loli, era hija de un guardia, siempre jugábamos en el patio del cuartel, veía a los guardias civiles a caballo y eso me entusiasmaba. No soy hija del cuerpo ni tengo ninguna relación, mi padre era panadero y mi madre trabajaba en casa, así que no tenía a nadie que me animara, pero cuando estudiaba COU otras amigas me explicaron que iban a salir unas oposiciones para que las mujeres pudiéramos entrar en la Guardia Civil y decidí, por probar, dejar la selectividad y prepararme las pruebas de acceso, en principio las culturales y luego ya me preocuparía de las físicas. Me presenté con poca convicción, pero el caso es que aprobé todo y terminé en la academia de Baeza.

En el norte hacían mucha falta las mujeres

P.- ¿Es en ese momento cuando se plantea dedicarse a la lucha antiterrorista? ¿Cómo pasó del instituto de Valdepeñas a convertirse en una agente encubierta de la Guardia Civil en el País Vasco?

R.- También fue casual. Cuando estábamos terminando la academia vinieron oficiales y jefes de Madrid a hacernos pruebas para seleccionar a diez mujeres para acceder directamente a la unidad especializada en la lucha antiterrorista, necesitaban mujeres, y me presenté a las pruebas pese a las advertencias de mi entorno y el disgusto de mi madre por el riesgo que iba a correr. Éramos las primeras mujeres y en el norte les hacíamos mucha falta para hacer coberturas y no tener que utilizar a las matronas; querían chicas como fuera. De ochenta seleccionaron a diez, una de ellas yo, y nada más terminar la academia pasamos a la Unidad de Servicios Especiales en Madrid. Allí de nuevo hicimos otro curso de selección y empezamos el estudio de tácticas operativas. De esas diez seleccionaron a cuatro para el GAO, el Grupo de Apoyo Operativo, entre ellas yo.

P.- ¿Y la mandaron así sin más a Euskadi?

R.– Sí. Nuestro trabajo se desarrollaba principalmente en el País Vasco, viajábamos una semana sí y otra también. Echando la vista atrás parece un suspiro, pero lo cierto es que fue durante 1988 cuando mi vida cambió, pasé de la clase de COU en Valdepeñas a una de las mejores unidades que ha tenido la Guardia Civil en la lucha antiterrorista. Me siento muy orgullosa de haber pertenecido a ella.

P.- ¿Recuerda cuál fue su primer viaje al País Vasco y qué hizo?

R.- Fue de reconocimiento de zona. Nos teníamos que aprender el País Vasco, conocernos los pueblecitos, las grandes ciudades, las entradas, las salidas. Me llamó mucho la atención que la gente era muy abierta, pero sí que es verdad que tenías una sensación de inseguridad, te daba un poco de miedo, aunque no por la gente; claro, que nosotros íbamos de paisano y no nos identificábamos como guardias civiles, yo de hecho desde que salí de la academia sólo he ido a trabajar de paisano, el uniforme me lo pongo para actos oficiales. Nuestra labor era investigar sobre el terreno. Normalmente los viajes eran ocho o diez días allí, regresabas a Madrid, una semana aquí, y preparabas el siguiente viaje, excepto cuando teníamos operaciones, que a lo mejor te tirabas un mes o dos meses seguidos.

La desarticulación del comando Araba en 1989, su primera operación

P.- ¿Cuál fue su primera operación?

R.- ¡Cómo olvidarla! Mi primera operación, el 17 de septiembre de 1989, fue la desarticulación del comando Araba, y ahí estuve de lleno [por su participación en ella recibió una medalla, la primera que impuso la Guardia Civil a una mujer]. Desarticulamos un comando que en aquella época era uno de los más sanguinarios, con el Paterra, el Manu y el Txiribitas, murieron dos de ellos y otros dos fueron detenidos. La verdad es que la detención fue como en una película, en plena frontera, ellos tirando granadas y nosotros disparando. Pretendían pasar a Francia en un camión y nosotros estábamos tras su pista. Justo antes de llegar a la frontera pararon en una cafetería y mi jefe de equipo me dice: “Venga, Manuela, entra al bar con Javi (otro compañero) y cuéntanos si están”. Entré, vi que uno de ellos era el Paterra, un hombre de aspecto muy llamativo, moreno y con ojos azules. Enseguida me di cuenta de que era él, pero no podíamos hablar porque estábamos sólo mi compañero y yo y ellos en la barra. De hecho, luego, el que queda vivo cuenta en sus declaraciones que le llamó la atención que una pareja joven estuviera ahí, pero pensó que yo no podía ser guardia porque creía que no tenía ni 18 años. Al final hubo una batalla campal con otro grupo de apoyo nuestro en el monte y la operación terminó con dos de ellos muertos, dos detenidos y dos heridos de Guardia Civil.

P.- ¿Y una experiencia como esa, con tiros y muertos, no la echó para atrás?

R.- Al contrario, me enganché, creo que fue la inconsciencia de la edad. Ahora, casada y con hijos, seguramente no sería capaz, entonces tenía 18 años y me comía el mundo, te da igual todo, no ves el peligro, no eres consciente de lo que te puede pasar. La verdad es que el trabajo de calle me ha gustado mucho, lo que pasa es que llega un momento en el que no puedes estar en plan operativo todos los días. En 1996 pasé a una oficina de análisis estratégicos para luchar a través del combate de las ideas y ahí me dedique al complejo político de las organizaciones abertzales. Fue un error por nuestra parte creer que desarticulando comandos se acababa esto, hasta que no se empezamos a golpear a su complejo político, HB, Jarrai, Egin y el resto de sus organizaciones, no empezaron a hundirse.

P.- ¿Su incorporación a estos grupos de élite se aceptó sin más en aquellos primeros tiempos de la mujer en la Guardia Civil? ¿Tuvo dificultades para ser aceptada por compañeros o  superiores?

R.- Siempre he sido muy bien aceptada por mis compañeros, no tuve ningún problema de discriminación, al contrario, creo que fue fundamental para desarrollar todo mi potencial el sentirme protegida en todo momento por ellos. Muchas veces tu vida depende de la profesionalidad del que tienes al lado.

P.- ¿En qué momento le plantean trabajar en este libro y en qué ha consistido su aportación? ¿Hay algún testimonio personal suyo de alguna operación?

R.- Al principio de 2012 mi jefe entonces, el coronel Corbí, que es un experto en la lucha antiterrorista y ha dedicado veinticinco años de su vida a esto, me dice que cree que es el momento de publicar la historia de ETA, sobre todo para que no se nos adelantasen. Me pidieron colaboración a mí y a otro grupo de agentes de las provincias vascas y Navarra. Ha sido un orgullo formar parte del equipo que ha colaborado con él, que es un hombre echado para adelante. Desde el principio lo planteamos como una iniciativa particular, no de la Guardia Civil como institución, sino propia y para consumo interno de nuestra gente. Pero empezamos a escribir y a recopilar testimonios y datos y nos encontramos con que teníamos material para cinco libros. Cuando terminamos, cinco años después, nos dimos cuenta de que había sido un trabajo impresionante para limitarse sólo a las academias de la Guardia Civil. Después el proyecto ha ido tomando forma hasta que se ha implicado la editorial Planeta y el escritor Lorenzo Silva. De los dos tomos “largos”, los míos, que valen 60 euros, hemos vendido ya 5.000 ejemplares, no está nada mal.

P.- ¿Ha perdido amigos en esta lucha contra el terrorismo?

R.- Más que amigos, compañeros. Sobre todo los asesinados en Capbreton de 2007 en Francia, los que estaban en la cafetería de un centro comercial y se encontraron con los terroristas a los que estaban persiguiendo. Es muy duro perder a un compañero, pero admito que en este trabajo ha sido peor recoger el testimonio de las víctimas.

También recuerdo el atentado contra el peluquero que venía a la comandancia de Getxo. Yo estaba allí cuando lo mataron, le pusieron una bomba en su coche. Oímos un estruendo, salimos corriendo y lo vimos tendido en el suelo en un charco de sangre. Eso me marcó muchísimo, podíamos haber sido cualquiera de nosotros.

Manuela Simón nació en Torrenueva y ha desarrollado su trayectoria profesional en la Unidad de Servicios Especiales en Madrid y el País Vasco / J.Jurado

Manuela Simón nació en Torrenueva y ha desarrollado su trayectoria profesional en la Unidad de Servicios Especiales en Madrid y el País Vasco / J.Jurado

“La Guardia Civil le ha ganado a ETA por goleada”

P.- Ustedes mismos dicen que este libro es la historia real de la lucha contra ETA cruda y estremecedora escrita por los propios guardias civiles, ¿por qué se han decidido a hablar ahora?

R.- Nos decidimos en un momento en el que ETA está completamente derrotada y pensamos que quien mejor puede contar la historia de cómo se la ha combatido es la Guardia Civil, que es a quién más nos han matado. Ellos ya estaban diciendo que habían ganado, que esto no ha sido una derrota, sino un empate, y no es así: la Guardia Civil le ha ganado a ETA por goleada.

P.- Me sorprendió escuchar en la radio el número de asesinados por ETA que eran guardias civiles.

R.- Son 215 de 860 víctimas. De esos hay más de la mitad menores de 30 años. Hubo una época en la que nada más salir de la academia te mandaban forzoso al País Vasco porque nadie quería ir. ETA se ha cebado desde el principio con la Guardia Civil: de los más de 3.600 atentados contra cuarteles, más de quinientos han sido en acuartelamientos nuestros.

“Nos acostumbramos a que mataran a guardias civiles”

P.- Sin embargo, todos recordamos a las víctimas civiles, Miguel Ángel Blanco, Ortega Lara. ¿No cree que el cuerpo ha tenido su responsabilidad en este olvido?

R.- Yo creo que no. El problema es que nos acostumbramos a que mataran a guardias civiles, la sociedad no se inmutaba, sólo lo hace cuando los terroristas empiezan a asesinar a políticos y se ve como potencial víctima algo que hasta entonces no había ocurrido.

Otra cosa que te da mucha pena es que nuestro director general Luis Roldán reconoció en una entrevista con Patxi Zabaleta, de la izquierda abertzale, que la sociedad podía asumir la muerte de ochenta guardias al año. Y te digo una cosa, yo creo que en el momento que empiezan a hundirse es cuando empiezan a matar a políticos. Es duro de asumir pero es la realidad, si ellos no cambian de estrategia y empiezan a matar a políticos esto se habría alargado en el tiempo cincuenta años más.

La ciudadanía miró para otro lado, sobre todo la vasca

P.- ¿Por quiénes se han sentido más ninguneados, por la ciudadanía en general o por los políticos?

R.– Si la ciudadanía no hubiera mirado para otro lado los políticos tampoco lo podrían haber hecho. Pero creo que sobre todo por la sociedad, nosotros estábamos velando por su seguridad y ellos no deberían haber mirado para otro lado, y sucedió, particularmente en la sociedad y la Iglesia vasca.

P.- ¿No es un tópico eso de que ETA nació en un seminario?

R.- Es verdad. Los primeros que forman ETA son gente muy preparada, culta, burguesa y muy religiosa, criados en seminarios, la Iglesia vasca tuvo mucha culpa.

Infiltrados, los menos posibles

P.- Todos tenemos una idea, supongo que idealizada por la ficción, de cómo se trabaja en terrorismo.  Una piensa en un policía destinado a la lucha antiterrorista infiltrándose en un comando, arriesgando su vida y dedicando las veinticuatro horas del día a seguir pistas sin vida personal mientras se investiga, ¿es así o es mucho menos trepidante?

R.- En algunos casos la realidad supera a la ficción. En el libro se describe la historia de un infiltrado en la organización –no es El Lobo-, pero no es lo normal. Infiltrar a alguien es muy delicado y comprometido; al final lo descubrieron y tuvimos que darle una identidad falsa, salió de España, cambiar su vida, no tiene vida. Se intenta hacer lo menos posible.

P.- ¿Cuál ha sido su experiencia más dura trabajando en terrorismo?

R.– Recoger los testimonios de las víctimas para este libro, eso es lo que más me ha marcado. Me he encontrado a viudas, a madres que han perdido a niñas, por ejemplo la niña de siete años que murió en un atentado en el cuartel de Santa Pola, que no tenía culpa de nada, eso es traumático y escuchar a la madre hablar, que te cuente que su hija se está muriendo en la ambulancia camino del hospital y le empieza a cantar una nana… se te cae el mundo encima. O el caso de la madre de Irene, la única guardia civil a la que ha asesinado ETA, una chica jovencita de 26 años que murió en el atentado de Sallent de Gállego, en Huesca, en un sitio en el que nadie esperaba atentados. Ha sido estremecedor escuchar a la madre de Irene, una mujer separada, con esta única hija, que era todo lo que tenía. Después de perder a su hija ha intentado suicidarse y no sé cómo está sobreviviendo. A su hija le costó mucho trabajo ingresar en la Guardia Civil, su madre dependía de ella, después de pasar por una separación traumática. Mira que he estado en desarticulaciones fuertes, pero esto para mí ha sido peor, aunque me siendo muy feliz de haber recogido esos testimonios y estar en contacto con ellos.

P.- Tengo entendido que los libros están funcionando muy bien. ¿Esperaban esta repercusión? ¿Cree que ha tenido que ver en el éxito la situación en Cataluña?

R.- No ha influido para nada, y en todo caso al revés. Nosotros presentamos el libro en Madrid el 10 de octubre y estaba previsto que viniera el ministro del Interior, pero no vino por la declaración de independencia de Cataluña, ese día todo el foco de atención estaba allí. En Barcelona lo presentaremos a finales de este mes de enero.

P.- Usted, que ha trabajado de cerca con nacionalistas radicalizados, ¿se imagina un escenario parecido, que volviera la lucha armada de nuevo a Euskadi o a Cataluña?

 R.– No creo que eso vuelva a Euskadi para nada y a Cataluña tampoco, creo que los españoles somos inteligentes y hemos aprendido que con el terrorismo no se consigue nada, que estos han estado cincuenta años con la lucha armada y al final no han conseguido nada. El Estado de Derecho tiene unas herramientas muy importantes y creo que está muy preparado para atajar y combatir cualquier organización terrorista. No veo ese escenario.

P.- ¿ETA está totalmente derrotada? ¿Qué opina de que se acerque a los presos de la banda al País Vasco?

R.– Sí, aunque le queda la disolución, pero como exigirán una contrapartida no sé hasta que punto es bueno que hagan ese acto publicitario, si es que ya es polvo en la historia, sus presos han asumido ya la derrota y se han acogido a las medidas legales penitenciarias y cada uno irá saliendo cuando le corresponda. Respecto al acercamiento creo que es una cuestión política del Gobierno, son ellos los que deben decidir lo que hacen, pero para eso creo que tienen que contar con los familiares de las víctimas.

P.- ¿Cuál fue el punto de no retorno en la lucha contra ETA? ¿En qué momento creyeron que la victoria era posible y cuál ha sido la decisión que ha marcado un antes y después en su actividad?

R.- Hay dos puntos de inflexión, el primero en 1992 cuando se desarticula a la cúpula de Bidart, se coge documentación y se detiene a sus líderes. Ellos pensaban que nunca iba a llegar, pero es a partir de ahí cuando se dan cuenta de que pueden ser derrotados policialmente. El siguiente es en 2004, con la detención de Mikel Antza, jefe del aparado e ideológicamente uno de los mejores líderes que han tenido después de Txelis. Aquí empieza su derrumbe, entre medias hay hitos muy relevantes como cuando empezamos a atacar a su complejo político. En la mitad de esa década empezamos con la ilegalización de Egin, con el encarcelamiento de la Mesa Nacional de Batasuna en el 97, con la ilegalización de KAS en el 98 o con la ilegación de Jarrai y otros partidos, es ahí cuando se les empieza a dar caña de verdad. Ahí ven que se les da en todos los frentes y, algo súper importante: el pacto político por las libertades del 2000 que firman los principales partidos. Se actúa en todos los frentes. En el golpe de Antxa sabemos que no van a levantar cabeza y que un loco descerebrado como Txeroki llegara a liderar la organización es una prueba más.

P.- ¿Qué conclusión cree que deberían sacar las nuevas generaciones y la sociedad en general de la historia que ustedes cuentan?

R.- Lo que deberían aprender es que cualquier cosa se puede defender sin violencia. Es una pena que en aquella época los atentados de ETA se aceptaran con total normalidad, en especial los de guardias civiles, nos habían acostumbrado a ello.