Pabellón Mies Van der Rohe

Pabellón Mies Van der Rohe

La poesía del arquitecto

Diego Peris Ciudad Real

Hace unas semanas escribí sobre Margarit, que había recibido el premio Cervantes de 2019. Por ello retorné de nuevo a la lectura de sus poemas. Una edición de Austral con el título de Todos los poemas (1975-2015) hace un recorrido por su obra desde Restos de aquel naufragio hasta Amar es dónde. Y por ello vuelvo a sus reflexiones y sobre todo a animar a disfrutar de sus poemas. En tiempos de alarma son buenos el silencio y la poesía

Hace unas semanas escribí sobre Margarit, que había recibido el premio Cervantes de 2019. Por ello retorné de nuevo a la lectura de sus poemas. Una edición de Austral con el título de Todos los poemas (1975-2015) hace un recorrido por su obra desde Restos de aquel naufragio hasta Amar es dónde. Y por ello vuelvo a sus reflexiones y sobre todo a animar a disfrutar de sus poemas. En tiempos de alarma son buenos el silencio y la poesía.

Qué es y para qué sirve la poesía

En diferentes ocasiones, junto a su escritura poética, reflexiones sobre el sentido y las condiciones de la buena poesía. Ya en el prólogo a la obra El primer frío escribe que la característica esencial de la poesía que la diferencia de la prosa es la concisión y la exactitud. Un poema es como la estructura de un edificio muy particular a la que no le puede faltar ni sobrar ni un pilar ni una viga; si sacásemos una sola pieza se desplomaría.

Una segunda característica es que un poema tiene que entenderse. Dice de forma irónica que escribir un mal poema que no se entienda es fácil, pero escribir un buen poema que se entienda es más difícil. Y por ello escribir un buen poema que se entienda es sólo patrimonio de los clásicos y sólo es válida la poesía que se entiende. Pero el ejercicio de escribir poesía no es una actividad inocente y la poesía está lejos de la ingenua espontaneidad. La poesía es el límite que nos permite avanzar participando de la vida y de las cosas. La poesía busca poder vivir la vida con la menor mistificación posible sin caer en el terror, vivir con la máxima dosis de verdad que podemos soportar, que no es demasiada, porque la verdad, como en las tragedias griegas, destroza a quien la desvela. Y por ello el poeta es una extraña especie de místico, capaz de decir lo que ve: en cierta manera es como si las palabras hubiesen servido, al nombrar las cosas, para establecer una línea defensiva frente al terror del mundo y que la poesía permitiese penetrar otra vez, con prudencia siempre custodiados por las palabras, en aquella gélida infinitud que comienza detrás de la barrera protectora del lenguaje.

Casa de Misericordia

En el libro de poemas que lleva ese título uno de ellos habla de la Casa de Misericordia, ese lugar que acogía, en una especie de hospicio u orfanato, a las personas en situaciones difíciles. Y allí es donde dice comparando estas instituciones: Hospicios y orfanatos eran duros, pero más dura era la intemperie. La verdadera caridad da miedo. Como la poesía: por más bello que sea, un buen poema, ha de ser siempre cruel. No hay nada más. La poesía es hoy la última casa de misericordia. Y en ese espacio explica cómo la palabra amor viene de impulso, de forzar de torturar, de cabalgar. Y de cómo ser viejo es que la guerra ha terminado. Es saber dónde están los refugios, hoy inútiles.

Cuando escribe el libro de poemas Joana, dedicado a su hija muerta dice que el libro fue escrito vulnerando todos los consejos que explican la necesaria distancia entre los hechos y el poema. Un libro escrito desde finales del año 2000 a septiembre del 2001 y que recoge la experiencia de la vida y la muerte de su hija cargado de la tristeza y de la ternura de su vida junto a ella. Un recorrido por esa poesía que es dura y capaz de hacer sentir la vida y la dureza de su pérdida. Porque reconoce que, al final, el poema, no puede venir más que de la propia vida.

Aguafuertes

Hay muchos tipos de memoria, o quizá sólo son aspectos diferentes de una sola, pero me refiero a esa zona de nosotros mismos donde guardamos los sentimientos que nos han ido atravesando y trasformando. Ese es el lugar donde he buscado mis poemas dice en el prólogo al libro titulado Aguafuertes. Y acaba esa presentación con esta explicación del sentido de sus poemas. Estoy encerrado, no dentro de una casa, sino dentro de cada uno de esos lectores, imprescindibles, porque los poemas no existen sin ellos. Dentro de nosotros, en el lugar donde estamos más solos, hay unos poemas y una música cerca de una chimenea encendida que sólo se apagará con la muerte.

Margarit y la arquitectura

Margarit, arquitecto, catedrático de estructuras en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, tiene breves referencias a la arquitectura entre sus poemas. El primero de ellos el dedicado al Pabellón Mies van der Rohe del que dice: tu estilo es ya definitivo: la luz, como una parte de algún orden mayor, la hallarás en el cubo de piedra gris, muy cerca de una mítica y ruda basa de travertino. Un poema espléndido es el que dedica a su amigo, el arquitecto Coderch de Sentmenat. El poema cuenta las expresiones de Coderch. Decía que la arquitectura no debe estorbar, que ha de ser placentera al huésped de paso que llega a la estancia. Decía: la casa debe ser virtuosa y humilde. Ni independiente ni vana. Ni original ni suntuosa.

En el libro Luz de lluvia de 1987 un poema titulado Asplund proyecta un cementerio, habla de la obra proyectada por este arquitecto. Conoce el viento errante por el bosque, cerca del mar. También la luz del norte, que es la de la memoria. Y de la muerte sabe que es la simetría desconocida de lo que es la vida. Hoy se propone construir el alba, la hora de la nada y la esperanza. Proyecta un horizonte con la heráldica de la cruz, o quien sabe, de la espada, y con la Biblia, dura y trascendiendo entre sus huesos, imagina un viento que al alma arrastrará como una niebla, cuando, al tomar su propiedad la tierra, con maternal ternura absuelva al cuerpo.

La arquitectura y la vida

Y junto a estas reflexiones sobre las grandes obras de arquitectos, su experiencia de trabajo. Próximos a las obras siempre hay bares de barrio, en los que sirven carajillos a albañiles ruidosos, donde he escrito muchos de mis poemas decía en la tercera parte de Los motivos del lobo. En Estación de Francia describe un paisaje cerca al aeropuerto un lugar donde los albañiles han encendido, en una obra, con trozos de tablones una hoguera.

Y en el libro Cálculo de estructuras en su poema Seguridad dice: Necesito el dolor contra el olvido. Albañiles al alba encienden fuego con restos de encofrados. La vida ha sido un edificio en obras con el viento en lo alto del andamio, siempre cara al vacío. Ya se sabe que quien pone la red no tiene red. ¿De qué sirve haber dicho tantas veces palabras como amor? Pobres bombillas de un final de línea, se encienden los recuerdos. Pero no quiero que me compadezcan: me repugna esta forma tan fácil del desdén. Necesito el dolor contra el olvido. Esta hoguera encendida con maderos delante del andamio es lo que soy: una pequeña claridad que, sea lo que fuere ser juzgado, nadie podrá negarme nunca más.

En Cálculo de estructuras dice: Aquello que pensaba que aprendíamos, cálculo de estructuras, templos griegos, cuando la Diagonal cruzaba descampados, y yo estaba estudiando arquitectura, es un oficio de albañiles muertos y cimientos de niebla. Pero sin embargo dice: Construyendo salvamos el recuerdo. Construimos, me decías, para nunca perdernos. Y por ello, en el poema dedicado a Juan Maragall dice: Su lucidez civil y razonable nos enseñó que un poema, un buen poema, es siempre compasivo. Porque la compasión resulta imprescindible si buscas la decencia.