El ascenso a ASOBAL vuelve a escaparse, pero tiene que llegar

Raúl Fernández Ciudad Real
Josh da Silva y Fran Revuelta (izquierda), junto a un miembro del staff técnico y Jota Serrano (derecha), con tristeza tras la derrota ante el Torrelavega

Josh da Silva y Fran Revuelta (izquierda), junto a un miembro del staff técnico y Jota Serrano (derecha), con tristeza tras la derrota ante el Torrelavega

Una de las cosas más emocionantes del deporte provincial la protagoniza el equipo del Vestas BM Alarcos y sus aficionados cuando cantan conjuntamente el himno del club al final de los partidos. Lo hacen siempre, en la victoria y en la derrota, en la salud y en la enfermedad. Este sábado, en el pabellón Internúcleos de Sagunto, también lo repitieron, esta vez con muchas lágrimas y caras de tristeza. Pero la fusión entre fieles hinchas y jugadores siguió inseparable tras sufrir un duro varapalo al perder la semifinal del play off de ascenso a ASOBAL ante el Torrelavega.

El choque se torció en los minutos finales, a falta de cinco cuando el rival cántabro se fue dos arriba (26-28). Todavía había optimismo, pero el Torrelavega hizo un gol más para ampliar a tres goles la diferencia con muy poco tiempo por jugar. Ya entonces la gran preocupación previa se convirtió definitivamente en desesperanza total, porque la derrota estaba ya consumada pese a que en los segundos finales se ajustó el marcador con goles de James Parker y Brian Negrete (28-29). La decepción alarquista la reflejaron las lágrimas de muchos jugadores, las caras de otros sobre la pista, el silencio de los aficionados que decía más que cualquier palabra o los gestos de rabia ante la nueva ocasión perdida. “¡Ánimo!”, era una palabra muy repetida desde fuera, aunque en esos momentos había poco consuelo para jugadores y técnicos que buscaban en plena desolación el abrazo de sus familiares e hinchas. Era la tercera oportunidad, el tercer play off de ascenso, en el que se veía más cerca la posibilidad de llegar a la final. Luego en ella, ante el Puerto Sagunto, ya se vería. Pero todo se esfumó en una segunda parte muy floja, con el equipo desconectado, algo que le condenó a derrota.

Allí, en el OVNI de Sagunto, estaban esos aficionados valientes pese a los impedimentos. Más de medio centenar se hicieron oir en la semifinal. Y pudieron ser muchos más. La venta solo de abonos y los solo 60 que desde el club anfitrión se dieron al BM Alarcos evitaron una visita más numerosa de hinchas de Ciudad Real, que, al no tener su pase asegurado, se quedaron en casa. Y el pabellón, en ese duelo, a medio llenar, con muchas butacas vacías. La Federación Nacional de Balonmano debería tomar cartas en el asunto y evitar esta circunstancia en el futuro.

Al final, en la derrota, en la enfermedad, en esa grada se cantó como siempre el himno del Alarcos, con el equipo abrazado en la pista y la afición en la grada con sus bufandas al aire. La unión sigue firme y la ilusión permanece ya en vistas a la próxima temporada, para la que el presidente Juan Pablo Marciel, escasos minutos después de esta derrota y con la decepción sufrida semblada en su rostro, apuntó a una próxima pelea por el ascenso directo como campeón o por un segundo puesto que permitiría organizar la fase de ascenso. La ASOBAL ha vuelto a escaparse al BM Alarcos y a Ciudad Real. Pero tiene que llegar. Al menos, el club no va a rendirse en el intento.