Nueva edición de “Tomelloso en la frontera del miedo”

Dionisio Cañas Tomelloso
Nueva edición de Tomelloso en la frontera del miedo

Nueva edición de Tomelloso en la frontera del miedo

Hace  casi treinta años que escribí esta historia de Tomelloso. Al releerla para la nueva edición de la Editorial Almud (noviembre 2019), constato con sorpresa que las personas que aparecen mencionadas en sus páginas se me han convertido en personajes; es decir, que los datos objetivos han pasado  a un segundo plano, se han convertido en una especie de decorado de fondo de un gran teatro, el de mi pueblo natal, Tomelloso, el de su historia durante dos décadas muy conflictivas y el de la Historia de España en general.

Pero a ellos, esos hombres y mujeres que fueron los protagonistas de la vida diaria en nuestro pueblo durante el periodo que abarca este volumen, los siento ahora como más vivos, como que después de estar durmiendo durante tanto tiempo en el interior de estas páginas, al releerlas, estos hombres y mujeres cobran una fuerza singular y propia cada uno de ellos.

Quizás todo esto tiene que ver con el hecho de que una buena parte de este libro se basa en la obra de ficción y en las memorias de Francisco García Pavón y, también, en los testimonios orales de hombres y mujeres de Tomelloso que padecieron la historia de nuestro pueblo en carne propia;  además de que este libro se basa en la rigurosa documentación que aportaron los cuatros becarios que hicieron la investigación previa en general, y en el formidable trabajo de las que ya son amigas mías, Emilia y Magdalena, en particular.

Viven en mi memoria

Así, son para mí ahora personajes entrañables el cura Don Vicente Borrel, asesinado por los rojos, “El Pichele” que murió por culpa del cura, algunos alcaldes de la época, el ciclista “El Candojo” y el derrumbe del balcón del Ayuntamiento, el maestro nacional José Romero,  que pegaba con una correa a sus alumnos, el anarquista “El Aceitunero”, que amenazaba con cortarle el cuello a los niños, el juez Vicente Lara Olmedo, que fue fusilado por los fascistas, el fiel y honesto secretario del Ayuntamiento, José Alcázar Hernández, los que condujeron y los que fueron llevados a la muerte en “El Coche de las Calaveras”,  “los chuchas”, perseguidos y rebeldes,  el extraño suicidio de Daniel Cicuéndez, las prostitutas que andaban por la libre en Tomelloso, y tantos otros más. Todos, rojos y fascistas, prostitutas y santos, malos y buenos, viven en mi memoria como lo que fueron: seres humanos con defectos y cualidades, con luces y con sombras, como yo mismo.

Por otro lado, acontecimientos como la proclamación de la República, las arbitrarias ejecuciones y asesinatos de hombres y mujeres derechistas e izquierdistas, los conflictos entre obreros y patronos, las corridas de toros, los carnavales, la entrada del ejército de Franco en Tomelloso, el poder de la Falange, la llegada de la Virgen de las Viñas, la inundación de 1947 y el huracán de 1952, son ya parte de mi vida, como lo son las narraciones que mi madre me hace de todos estos acontecimientos como testigo que fue de ellos. Es decir, la memoria colectiva de Tomelloso es ahora parte íntegra de mi memoria personal gracias a la importante experiencia que significó para mí redactar este libro.

Una parte de la historia de Tomelloso

Por todas estas razones, vuelvo agradecerle aquí a Javier Lozano (y a toda la Corporación del Ayuntamiento de aquella época, y en particular a Epifanio López) el haber confiado en mí para encargarme la tarea de escribir una parte de la Historia de Tomelloso; y ahora, también les agradezco a Santiago Arroyo y a Alfonso Calero el que de nuevo hagan posible la reedición de esta historia.

Desde que este libro vio la luz por primera vez, se han publicado muchos trabajos relacionados con la historia de Tomelloso en su sentido amplio y con la vida privada de nuestro pueblo en particular. Dos de ellos se destacan: el primero por su gran rigor histórico, el volumen Crisis económica y conflictividad social. La Segunda República y la Guerra Civil en Tomelloso (1930-1940) (2000);  el segundo sobresale por su calidad literaria y emocional, el de Félix Grande, La balada del abuelo Palancas (2003).

Ambos libros creo que son unos compañeros imprescindibles de nuestra más modesta aportación,  Tomelloso en la frontera del miedo (1992), pero que tiene el mérito de haber sido el primer libro que habla de un periodo tan conflictivo como el de la Guerra Civil y la inmediata posguerra en Tomelloso sin tomar posturas ideológicas, ni ponerse de parte de vencedores o vencidos.

Esto, el intentar ser objetivos por encima de nuestras propias posturas personales (las mías y las de mis colaboradoras), no todo el mundo en Tomelloso lo entendió. En verdad, tuve varios desencuentros bastante desagradables con lectores de nuestra historia, tanto de derechas como de izquierdas. Pero estos incidentes fueron mínimos y yo creo que Tomelloso en la frontera del miedo tuvo una acogida bastante positiva en general.

Tan españoles

Cuando se habla de Memoria Histórica en España se confunde el término con la “memoria histórica de los Rojos”, algo así como si éstos no fueran tan españoles como aquellos que se pusieron del lado de los vencedores.  Este grave error debería ser subsanado oficialmente por “todos” los partidos políticos,  porque de lo que se trata es de conseguir que “todas” la víctimas del conflicto militar y civil que padeció España entre 1936 y 1939, y las nefastas consecuencias de la inmediata posguerra, deben de ser consignados como tales: víctimas del horror de la guerra y de sus consecuencias posteriores.

Pero enterrar los muertos dignamente (vencidos y vencedores), borrar los símbolos de los vencedores, destruir estatuas, derribar monumentos y clasificar a la sociedad española como buenos o malos no nos va a ayudar a convivir en paz. En verdad, hasta que no desterremos la idea de venganza de nuestra sensibilidad social,  España seguirá siendo un país dividido por el odio y la desconfianza.

Para eso hay que tener una gran voluntad de dialogar y de reconocer francamente que la maldad es humana, que la maldad no tiene ninguna ideología en particular, que a aquellos que nosotros clasificamos como “monstruos” son también humanos. Sólo así podremos conseguir en España una convivencia pacífica y dialogante, dentro de la pluralidad democrática que “todos” deberíamos defender.

Tzvetan Todorov en La memoria, ¿un remedio contra el mal? (2009), llega a la siguiente conclusión:

La memoria del pasado será estéril si nos servimos de ella para levantar un muro infranqueable entre el mal y nosotros, si nos identificamos únicamente con los héroes irreprochables y las víctimas inocentes, expulsando a los agentes del mal fuera de las fronteras de la humanidad. Y eso es lo que hacemos habitualmente. En la vida cotidiana también olvidamos fácilmente el mal que infligimos, mientras que conservamos mucho tiempo en la memoria el que sufrimos… Porque la “bestia inmunda” no está fuera de nosotros, en un lugar y un tiempo lejanos, sino en nuestro interior… Por eso no se conseguirá nunca librar a los seres humanos del mal. Nuestra única esperanza consiste, no en erradicarlo definitivamente, sino en intentar comprenderlo, contenerlo, domesticarlo, reconociendo que también está presente en nosotros… La memoria del pasado podría ayudarnos en este trabajo de domesticación, con la condición de no olvidar que bien y mal brotan de la misma fuente, y que en los mejores relatos del mundo nunca están separados.

El bien y el mal brotan de la misma fuente

Esperemos que la nueva edición de este libro sirva por lo menos para que los lectores comprendan este principio básico, el de que “bien y mal brotan de la misma fuente”, es decir, del ser humano, y que nosotros lo que hemos intentado en Tomelloso en la frontera del miedo,  es “presentar objetivamente” esa época de nuestra historia local en la que por encima de cualquier juicio o prejuicio, los habitantes de nuestro pueblo, buenos o malos,  y sus acciones son ya parte íntegra de nuestra historia colectiva y también de nuestra memoria personal.