Calles de silencio en Puertollano

Graci Galán Puertollano

Nunca habíamos presenciado este silencio en las calles, día tras día, semana tras semana, un silencio que habrá que atender para poder volver

¿Se han parado ustedes a escuchar en estos días el sonido de nuestras calles? Efectivamente, es el silencio. Ese silencio de las calles de Puertollano que a todos resulta extraño. El trasiego, ir y venir de los ciudadanos por las zonas más peatonales y llenas de vida es ahora un escenario totalmente silencioso, a merced del canto de los pájaros, son las únicas notas que se pueden escuchar en las mismas. Además del ruido de algún vehículo que ocasionalmente transita por estas zonas y que, ahora más que antes, se deja sentir y sorprende al viandante.

Las calles de la ciudad de Puertollano permanecen quietas, como si el tiempo se hubiera detenido también en ellas, y cuando los ciudadanos salen, después de varios días para realizar alguna compra de alimentos, perciben que algo diferente llena estas calles: la soledad más absoluta comparada con la imagen que todos tenemos de las mismas en nuestro anhelado día a día.

Comercios cerrados que han dejado de dar vida, ciudadanos que siguen confinados en sus casas durante varias semanas más esperando a que esta situación remita y, mientras tanto, los niños continúan en sus viviendas a la espera de poder recibir la buena noticia de que pueden volver a salir, a correr, a respirar el aire y percibir el sol en su piel.

Puertollano ha vivido y sentido siglos atrás la peste y cómo ésta asoló a la población de la ciudad; ahora la nueva peste del siglo XXI, ésa que jamás pensábamos que veríamos llegar, nos encierra en nuestras viviendas para evitar ser contagiados, el coronavirus ha llegado y a todos nos ha trastocado nuestras vidas, también la de toda una ciudad. Una imagen desoladora pero a la vez esperanzadora para poder ver el final de este negro túnel, de este túnel de la falta de contacto social, de las vivencias más personales y largas horas dentro de un hogar.

Y en cada una de esas viviendas que dan forma a nuestras calles, la soledad también se cuela en algunas de ellas. Personas mayores que viven estos días confinadas tan solo con su propia compañía y que evitan de esta manera poder ser contagiados al tratarse de uno de los sectores de mayor riesgo de la población. A solas con sus propios sentimientos, a solas con sus propios miedos, a solas como las calles de nuestra propia ciudad.