La bodega en Valdepeñas: de la cueva a las exposiciones del vino

Pedro Cabello Fernández Valdepeñas
Imagen del Convento durante la Restauración / Lanza

Imagen del Convento durante la Restauración / Lanza

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Siguiendo con el tema que tratábamos en el artículo de la semana pasada desde esta columna, donde se narraba brevemente la importancia de la llegada del ferrocarril a nuestra localidad y lo que supuso en beneficios y avances en nuestras bodegas y comercios locales, teniendo en cuenta que en Valdepeñas se desarrolló un monocultivo del viñedo que concentró la actividad industrial en torno a su producción, ésta tuvo cierta influencia e incidencia en la ciudad, en su forma y su composición a finales del siglo XIX y principios del XX.

En este contexto de bonanza económica, la burguesía invirtió racionalmente al ver la rentabilidad que ofrece el cambio de lo artesano a lo industrial y dejó la elaboración exclusivamente artesanal en cuevas y pequeñas bodegas domésticas, para montar bodegas con nombre propio y lanzarse al mercado nacional e internacional. Para ello se construyen bodegas en las calles aledañas al Paseo de la Estación. El crecimiento de la industria bodeguera llevó aparejado el desarrollo de labores artesanales que antes del despegue económico eran desarrolladas por una minoría.

Este desarrollo lo vemos en la Exposición Nacional Vinícola de 1877,  que fue la oportunidad perfecta para mostrar al consumidor nacional la calidad de sus vinos. Valdepeñas contaba con el 80% de los expositores de Ciudad Real, en los cuales, se alcanzó gran originalidad al presentar stands elaborados completamente con botellas y cubas. A esta exposición le sucedieron el certamen organizado con motivo de la Exposición Universal de París de 1889, la de Bruselas de 1891, donde las bodegas de Valdepeñas tuvieron representación y galardones.

La asistencia de los bodegueros valdepeñeros a este tipo de eventos internacionales era muy común, y sus esfuerzos en la producción y calidad en sus vinos eran recompensados la mayoría de las veces con menciones de honor, medallas de bronce, plata y oro, en distintas categorías según el tipo de vino que se presentara, consiguiendo con ellos una gran publicidad fuera de nuestras fronteras y abrir nuevos mercados internacionales.

Para confirmar esta afirmación, el siguiente ejemplo muestra a los valdepeñeros premiados y presentes en la Exposición Universal de París de 1889, los cuales corresponden a bodegas citadas anteriormente y apellidos de familias pudientes de la localidad entre otros: Sebastián Bermejo, Ángel Caminero y Cía., Ignacio Caravantes y Tello, Santiago Carrasco, Eusebio Cruz y Ruiz, Donado-Mazarrón y Cía…

Con la evolución económica y el desarrollo mercantil de los grupos sociales, a finales del siglo XIX surgieron en Valdepeñas una serie de bodegas que llevaron la producción a un nivel superior al simplemente familiar y artesanal, un nivel que se acercó cada vez más a una producción capitalista, como veremos desde esta columna en próximos artículos.

Es por eso que se ve claramente a finales del siglo XIX y principios del XX un cambio importante en las bodegas de Valdepeñas, pues se pasó de una producción familiar a una producción que buscaba la salida internacional del producto y el prestigio que ello conlleva.