Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes de santa Cruz de Mudela

Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes de santa Cruz de Mudela

Santuario de las Virtudes

Diego Peris Ciudad Real

La pieza fundamental del santuario es el camarín construido en 1696 y pintado en 1699 con la ayuda económica de Bartolomé Nieto del Amo y su esposa doña Jerónima de Lamo Rodero. Una escalera complicada desemboca en el camarín de estructura similar al de Almagro dedicado a la virgen de las Nieves

El barroco tiene un desarrollo especial en la provincia de Ciudad Real con la construcción de iglesias y conventos en las principales localidades. Con plantas y composiciones que conservan los trazados de épocas anteriores incorpora molduras y decoraciones que quieren cambiar el sentido de los espacios. Las pinturas y la ornamentación dan un nuevo aspecto a las construcciones del momento. Y junto a ello una voluntad de incorporar el elemento festivo y de participación junto a la actividad religiosa plantea la construcción de diferentes santuarios en los que la plaza de toros es elemento también importante. Los santuarios de las Nieves en Almagro, de las Virtudes en Santa Cruz de Mudela, de la Virgen de la Antigua en Infantes, de la Virgen de la Carrasca en Villahermosa o el de Peñarroya son excelentes ejemplos de esta actuación.

El barroco español

La singularidad del Barroco español con respecto al europeo radica en la profunda religiosidad popular que arraiga con más fuerza que en otros países, junto a una contención de las formas. Y para ello se proyectan y construyen edificios que son reflejo de la sociedad que los demanda, y que son aptos, no solamente para la celebración de la vida religiosa, sino también para el desarrollo del sentido de lo teatral, lo festivo y lo lúdico. El escenario perfecto será el santuario o ermita que forma un conjunto con la plaza de toros.

El santuario de Nuestra Señora de las Virtudes de santa Cruz de Mudela es uno de los espacios singulares de la provincia en el que concurren elementos religiosos, tradiciones y celebraciones festivas. Situado a seis Kilómetros al sur de santa Cruz de Mudela es un complejo integrado por iglesia y plaza de toros.

La base de este conjunto de construcciones está en una ermita medieval del siglo XIV con una cubierta de armadura de madera. La ermita se remodeló en el siglo XVII con la construcción de un presbiterio que se une a la nave mudéjar ya existente. La nave de planta rectangular tiene la belleza de su estructura de madera vista con la configuración de un espacio de máxima sobriedad que tiene en uno de sus extremos la pila bautismal. En esta zona una puerta central de acceso con dos huecos laterales y un pequeño coro en una planta superior.

Para la construcción de las gradas del altar mayor se trae piedra y se labra en 1699. Posteriormente en 1707 se construyó la verja de madera que separa la capilla mayor del resto del edificio. Pero la obra más importante del conjunto se realiza en 1711 con la construcción de una cúpula que cubre el presbiterio. Una obra del padre fray Francisco de San José, trinitario que también trabajó en la capilla de los trinitarios de Valdepeñas. Los trinitarios tienen obras de gran interés, en este momento, en nuestra provincia. Se trata de un cubo que sostiene la cúpula sobre pechinas. Exteriormente se trasdosa con un gran cimborrio de planta cuadrada con cubierta a cuatro aguas y un pequeño remate en aguja simulando un chapitel. Este espacio se cubre con pinturas en 1715 cuyo coste sabemos que fue de 3.689 reales.

Las pinturas del presbiterio

Las pinturas del presbiterio son especialmente interesantes y desarrollan una temática referida a la Virgen María. Los Desposorios de la Virgen, el nacimiento de Jesús, la Adoración de los Magos y la Huida a Egipto se representan en sus paredes y en los arcos la imposición de la casulla a san Idelfonso y la Historia de Judit. En la cúpula hay una representación de la bóveda celeste en la que, tras un trampantojo simulando una barandilla, aparece todo un mundo de nubes, colores y luces repletos de ángeles y angelotes con instrumentos musicales y las alegorías marianas y, en el centro, una Inmaculada con el dragón a los pies que simboliza a María, como la nueva Eva, triunfando sobre el mal representado como un dragón al que ataca el arcángel san Miguel con su espada. Una representación barroca de un mundo imaginario sensual, lleno de armonía en donde los sonidos musicales se unen al efecto de color que trata de crear un espacio atractivo para el espectador. La perspectiva desde la posición inferior consigue el efecto de elevación, de fuga hacia el exterior dando así una mayor impresión de profundidad en la cúpula que se prolonga en el tambor central.

En su frente el retablo que se remata superiormente con forma de arco, una calle central con dos alturas que acogen las imágenes de la Virgen en su parte inferior y dos elementos laterales de menor altura rematados con la ornamentación en la zona curvada del arco superior. Los colores claros de las pinturas de las pechinas contrastan con las formas de colores más intensos de la cúpula. La verja de madera con sus acabados superiores, la pequeña barandilla delante del altar y los laterales de esta zona, sin decoración y ventanas en su parte superior establecen un recorrido para concentrar la vista en la imagen de la Virgen que preside el conjunto. Un espacio que contrasta con la sobriedad de la nave del siglo XIV que, con su planta rectangular, concentra la atención en este añadido barroco.

El camarín

La pieza fundamental del santuario es el camarín construido en 1696 y pintado en 1699 con la ayuda económica de Bartolomé Nieto del Amo y su esposa doña Jerónima de Lamo Rodero. Una escalera complicada desemboca en el camarín de estructura similar al de Almagro dedicado a la virgen de las Nieves. En la escalera, las pinturas empiezan con la creación de Adán y el árbol de Jesé. En los lunetos de la bóveda, los evangelistas y ángeles músicos acompañados por grutescos de carácter floral. Las pinturas del camarín dibujan arquitecturas con columnas y arcos entre las que se representan alegorías de las virtudes teologales y cardinales rodeadas de puttis y grutescos. Se crea así un elemento en todo el perímetro que aprovecha la forma ascendente de los planos de este espacio exterior para dirigir la visión hacia el centro plano de la cubierta donde se representa la Coronación de la Virgen. Las pinturas se atribuyen al cordobés Antonio Palomino. En los paramentos había lienzos con escenas de la Virgen: Nacimiento, Presentación en el templo, Anunciación, Expectación, Visitación, Purificación, Inmaculada, Asunción y Nuestra Señora de las Nieves que desaparecieron en la Guerra Civil y se han sustituido por otras actuales de similar temática.

La plaza de toros

Junto a estas construcciones religiosas, la plaza de toros construida en 1645 que se considera por ello la primera plaza de toros edificada en España. Es de planta cuadrada con su lado Norte adosado a la iglesia. En ese lado se construye un pórtico en el que alternan pies derechos de piedra y otros de madera que soportan un segundo corredor con pies derechos de madera y balaustrada de madera conformando así el palco para los espectáculos taurinos. En el lateral Oeste está la casa de la Cofradía desde donde asistían a los espectáculos las autoridades y hermanos de la Cofradía. Los otros dos lados tienen un graderío con un palco final. El perímetro de la arena interior se delimita con una doble estructura de tablas que forman la barrera y los burladeros. Recientemente ha sido rehabilitado el conjunto con la subvención del 1,5% cultural según recoge la placa colocada a la entrada del recinto. Un espacio que, en la agregación de diferentes elementos, de épocas y tiempos distintos tiene el atractivo de la convivencia de estructuras, formas y estilos.