Sara Gómez, la académica de los ingenieros

Sara Gómez es ingeniera mecánica

Sara Gómez es ingeniera mecánica

Sara Gómez dice de ella misma que es una mujer bastante normalita. Aunque, inmediatamente después añade que una de las cosas que menos le gustan es hablar de ella misma. “Eres un poco lo que haces” y en esa respuesta intuyo humildad porque su “poco” es ser consejera de la Real Academia de Ingeniería de España después de haber sido vicerrectora de la Universidad Politécnica de Madrid, haberse doctorado en esa misma universidad y haber sido profesora. Si vamos hacia atrás en el tiempo en cuanto a su trayectoria profesional se refiere.

Nacida en un pueblecito soriano, cuando dijo en casa que quería ser ingeniera mecánica se encontró con la oposición paterna “era un oficio muy masculino para él”, me cuenta por teléfono. Esa joven que se las ingenió para terminar estudiando lo que quería, momentos antes de hacerle esta entrevista estaba hablando con la representante de una alta institución del Estado por uno de los proyectos que se trae entre manos. Motivo por el cual también le llamaron para que entrara a formar parte del selecto club de los ingenieros españoles. En la mejor acepción del término, la de club.

Visibilizar a las mujeres ingenieras

Un proyecto que pasa por visibilizar a las mujeres ingenieras. Y se apasiona contándomelo, tanto que pienso que afortunadamente estoy grabando nuestra conversación porque tiene tantas cosas que contar y lo hace tan rápido que las teclas de mi ordenador echan humo (a una le gusta anotar aunque la grabadora esté en marcha). Así mis anotaciones están plagadas de signos de interrogación para ir preguntándole después por cada una de las cosas que me cuenta y que enlaza en su discurso, una tras otra. Una tras otra.

Me la imagino con una agenda endemoniada. Bueno… no me la imagino, lo supe el día que me cambió la entrevista porque a última hora le habían colocado una call conference y después de que se disculpara por correo, días atrás, en responderme ante mi solicitud. Habla rápido y deduzco que piensa de la misma forma.

Y me sigue contando. “Cuando acabé la carrera estuve unos años trabajando en la empresa privada y cuando se me cruzó en mi camino la opción de dar clases en la universidad no me lo pensé. Al final, me enganchó y además me resultaba más fácil conciliar así me quedé y como allí no eres nadie si no eres doctor, me doctoré”.

Tenía pensado hacerle una pregunta tan tópica como inevitable, con cuántos problemas se había encontrado por el hecho de ser mujer en una profesión eminentemente masculina pero no me hace falta porque en un momento de la conversación me cuenta: “¿Me he encontrado más palos en las ruedas que si hubiera sido hombre? Imagino que sí. Pero estoy convencida de que vale más un mensaje positivo, así que ¡a por ello! y hay que solventarlo (los obstáculos) haciendo cosas. Y me encantaría que las ingenieras que están saliendo tengan un camino más fácil del que yo he tenido”.

Y por ese mismo motivo le invitaron a formar parte de la Real Academia para que pusiera en marcha un proyecto tan ambicioso como amplio. Un proyecto “que merece la pena porque es una necesidad de país y si puedo aportar algo me siento fenomenalmente bien conmigo misma. Tiene cinco vertientes: mentoring, fomentar la vocación en los colegios, visibilizar a las mujeres ingenieras, potenciar las actividades entre los niños y un plan de emprendimiento femenino”. Así, como el que no quiere la cosa…

Los inversores y las tecnológicas de mujeres

Con alguno ya ha empezado. Con otros, como el de emprendimiento entre las mujeres ingenieras está de lleno estos días. “Sabes, me dice, que en el mundo solo hay un 5% de mujeres en startup’s o spinoff y que en España ese porcentaje baja al 3? ¿Y que cuando hablas con inversores les cuesta más si son mujeres tech?” No sé si es una pregunta retórica que me lanza o se lo pregunta ella misma pero no puedo por menos más que añadir que no entiendo por qué los inversores no confían en las mujeres tecnológicas. “No lo sé, la verdad. Creo, y es solo mi opinión personal, que la sociedad tiene más interiorizado que las mujeres nos decantamos por carreras como medicina o cualquier otra relacionada con las relaciones sociales. Pero es solo mi opinión”, insiste.

Le pregunto cómo ve a la mujer española ingeniera en una década y su entusiasmo me hace pensar que las cosas pueden cambiar y que estamos en el buen camino porque afirma tajante: “¿En diez años? No las veo bien. No, ¡lo siguiente! Porque son motores de alta cilindrada. Sacan unas notas excepcionales, son unas peleonas y tienen un compromiso social que no te puedes ni imaginar. Yo estoy tranquilísima a ese respecto porque tienen ya experiencia internacional y no se les pone nada por delante. Hay ya mujeres de cuarenta y tantos (años) que están liderando proyectos en el mundo”.

 

Presencia escasa

Y cuando me contagio de su entusiasmo y comparto mi alegría me añade: “lo que pasa es que todavía la presencia femenina es escasa” me responde bajando un poco el tono de voz. Pero inmediatamente después y haciendo honor al empuje del que ha hablado momentos antes me habla maravillas de los ingenieros e ingenieras españoles. Los pone tan por las nubes que está empeñada en que no se pierda el interés por la carrera que dicen haber detectado desde la Academia, un órgano consultivo y garante de la calidad de la profesión y que tiene los problemas sociales también en su punto de mira.

Sara Gómez, la chica que tuvo que pelear para ser ingeniera mecánica porque era una profesión de chicos, parece haber encontrado su lugar en el mundo y desde ahí está dispuesta a hacer todo lo que pueda. Se la ve peleona y convencida de que su pelea es justa y terminará por imponerse con la razón en un mundo que a ratos parece bastante irracional.

Un mundo que reflejó una encuesta de una multinacional, hace tres años, en el que los encuestados decían no confíar en las mujeres porque no estaban preparadas para liderar equipos de investigación. ¡Vivir para ver! Pero como dice esta soriana, para sortear las dificultades lo mejor es seguir avanzando y hacer. Hacer. Hacer y no parar de hacer.

Amén.